La ciudad entera estaba cuajada en proyectos culturales internacionalmente gratis, en paro. La ciudad aun así pretendía ser señalada oficialmente capital cultural, mientras la policía perseguía a los músicos y propinaba palizas por decir verdades en forma de melodías y armonías sin permisos, mientras se multaba a los dueños de los garitos en los que se escuchaba música en directo por soñar en vida, por sonar en vida. Por el día violaban a su chivo espiatorio y lo recompensaban con algún húmedo beso oficial. Faltaba amor por todas partes. Y yo lo escribía -como si fuese un documento oficial- temblando de pena.
Ultima modificacion el Sábado, 27 Agosto 2011
Compartir redes sociales



















comentarios
Suscripción de noticias RSS para comentarios de esta entrada.