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Viernes, 04 Noviembre 2016

Sonidos para diez imágenes coronadas

La banda de música de la Cofradía de Zamarrilla dará un concierto con un repertorio basado en piezas dedicadas a las diez imágenes de la capital que han sido coronadas canónicamente. El acto, que es organizado por el portal Marchas de Málaga, será este sábado, 5 de noviembre, en la casa hermandad del Rocío, a partir de las 19.00.

El repertorio recupera algunas marchas mientras que otras serán estrenadas. Las piezas son las siguientes:

Coronación de la Soledad (José Antonio Molero)

A la Novia de Málaga (Antonio Pérez Funes), pieza inédita.

Coronación de Nuestra Señora del Carmen (Eloy García)

Dolorosa del Puente (Desiderio Artola)

Zamarrilla (Rafael Hernández). Pieza inédita del compositor malagueño.

Santísima Virgen de la Trinidad (Jacinto Manuel Rojas Rojas Guisado). Se trata de una marcha que será estrenada.

La Esperanza de Málaga (Luis Domínguez), pieza que se recupera para la ocasión.

Madre Coronada (José Manuel Pastrana). Será estrenada en este concierto.

Auxiliadora Coronada (Sergio Bueno de la Peña)

Málaga a su Virgen de la Victoria (Ginés Sánchez)

Cada marcha irá precedida de una introducción ofrecida por una persona devota de la misma. El acto será presentado por Antonio Jesús Palomo. Las imágenes que han sido coronadas en la capital son: María Auxiliadora (1907), Santa María de la Victoria, (1943), María Santísima de los Dolores (1986), María Santísima de la Esperanza (1988), María Santísima de la Trinidad (2000), María Santísima de la Amargura (2003), Nuestra Señora de los Dolores del Puente (2004), Nuestra Señora del Carmen del Perchel (2005), María Santísima del Rocío (2015) y Nuestra Señora de la Soledad (2016).

 

Publicado en Málaga
Jueves, 16 Junio 2016

#radioElCabildo · 16/06/2016


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Homilía pronunciada por el obispo de Málaga, Jesús Catalá, el 11 de junio de 2016, en la coronación de la imagen de la Soledad de Mena en la Catedral de la Encarnación.

 

1. Hoy tenemos la alegría y el honor de coronar la imagen de Nuestra Señora de la Soledad de la Pontifica y Real Congregación del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas y Nuestra Señora de la Soledad, comúnmente conocida como “Cofradía de Mena”.

La Santísima Virgen María tiene sobrados títulos para que su imagen sea coronada: Ella es la Virgen que concibió y dio a luz un Hijo, cuyo nombre es Emmanuel, es decir, «Dios con nosotros» (cf. Is 7, 14; Mq 5, 2-3; Mt 1, 22-23). Ella es, pues, la Madre del Hijo de Dios; éste es el título más importante de la Virgen.
La Santísima Virgen, como nueva Eva y Madre del Redentor, por designio eterno de Dios, tuvo una relevante participación en la obra salvadora de Jesús, siendo colaboradora augusta suya, como lo explicó el papa Juan Pablo II (cf. Redemptoris mater, 44).

La Virgen, con su silencio y su aceptación, se unió a la acción redentora de Jesucristo, el nuevo Adán, que nos redimió y nos adquirió para sí, no con oro, ni plata efímeros, sino a precio de su sangre, como dice la Escritura (cf. 1 Pe 1, 18-19); e hizo de nosotros un Reino para nuestro Dios (cf. Ap 5, 10).

María es miembro eminente de la Iglesia. Ella es la persona más cualificada, la expresión más perfecta, la representación más insigne y la figura más dotada de la Iglesia; así hablaba el papa Pablo VI a los padres conciliares, reunidos en Roma en el Concilio Vaticano II (cf. Pablo VI, Alocución a los Padres conciliares al final de la tercera sesión del Concilio Vaticano II, 21.11.1964).

María, intensificando su amor a Dios, se hizo digna, de modo eminente, de aparecer como la «mujer vestida del sol, la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza»; así nos lo describe el libro del Apocalipsis (cf. Ap 12,1). Ella brilla con gran resplandor en el firmamento de la humanidad.

 

2. Además de los motivos teológicos expuestos, para coronar una imagen mariana se requieren unas condiciones de devoción antigua y amplia, de calidad de la imagen y de una adecuada preparación formativa, litúrgica y caritativa, que la Congregación de Mena ha cumplido.

La Antigua Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad fue fundada a mediados del siglo XVI al amparo del Convento de Santo Domingo, cuyo emblema dominicano aún está presente. La devoción fue creciendo paulatinamente durante los siglos posteriores, con su estación penitencial solemne en la Santa Iglesia Catedral.

A partir de 1756, con motivo del salvamento de la tripulación de una fragata de la Armada española frente a las costas malagueñas, quedó vinculada a la Congregación esta institución, que hoy apadrina la coronación, junto con las Hermanas de la Cruz.

Se comenzó a celebrar la “Misa de Privilegio” cada Sábado Santo hasta la renovación litúrgica impuesta por el Concilio Vaticano II. Esta celebración es típica del culto mariano en Málaga por su singularidad, solemnidad y continuidad. La imagen de la Virgen de la Soledad se encuentra entre las llamadas “dolorosas de contemplación”, popularizadas por Mena y sus seguidores. La Virgen María vivió momentos de dolor al contemplar a su Hijo muerto entre sus brazos y verlo enterrado en la soledad más absoluta.

A mediados del s. XIX se creó la Hermandad del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Ánimas, cuyo Cristo crucificado, obra de Pedro de Mena (1883), impactó en la devoción popular en toda Málaga. Y en 1915 se integraron ambas Cofradías en la actual Congregación; hemos celebrado el primer centenario de la fusión.

La devoción a la Virgen de la Soledad ha ido creciendo sobre todo desde la conclusión la Guerra Civil hasta nuestros días.

 

3. El evangelista san Juan narra que «junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena» (Jn 19,25). Contemplemos esta escena evangélica siguiendo la secuencia del “Stabat Mater”, cuya primera frase dice: “Stabat Mater dolorosa” (la Madre dolorosa estaba de pie).

Con el verbo “estar de pie” (stabat) se quiere significar la dignidad, la fortaleza y la presencia activa que María mantuvo al pie de la cruz; expresa su inquebrantable firmeza y su extraordinaria valentía para afrontar los padecimientos junto con los de su Hijo. El Concilio Vaticano II recuerda que “la bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz” (Lumen gentium, 58). Desde la concepción hasta la cruz; ésta es la tarea de la Virgen Madre; y ésta es también la tarea de todas las madres. ¡Atención, madres! Vuestra misión es acompañar a vuestros hijos desde su concepción hasta el final de vuestra vida o de la suya.

A los crueles insultos lanzados contra el Mesías crucificado, ella responde con la indulgencia y el perdón, asociándose a la súplica de Hijo al Padre: «Perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). Partícipe del sentimiento de abandono a la voluntad del Padre, que Jesús expresa en sus últimas palabras en la cruz: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23,46), ella ofrece su consentimiento de amor “a la inmolación de su Hijo como víctima” (Lumen gentium, 58).

La Virgen de la Soledad compartió los dolores de su Hijo, ofreciéndolos al Padre. Ella nos anima a cada uno de nosotros a compartir los sufrimientos de Cristo, los de su Madre y los de los hermanos, sobre todo de los más necesitados, pobres y enfermos.

 

4. La segunda frase de la secuencia dice: “Iuxta crucem lacrimosa” (llorosa junto a la cruz). La Virgen María ha experimentado en sus entrañas las exigencias y la radicalidad del Evangelio. Al lado de Jesús crucificado experimentó la espada y la señal de contradicción, que ya le fue anunciado en la presentación de su Hijo en el templo a los pocos días de nacer (cf. Lc 2,35).

La imagen de Nuestra Señora de la Soledad, que vamos a coronar, corresponde a una Virgen Dolorosa, típica de la imaginería religiosa del barroco y dentro de la producción artística de los talleres malagueños de esa época, aunque la actual imagen fue adquirida en Antequera en 1945; pero sigue la estela de las “Dolorosas”.

¡Contemplemos su imagen! Su fino rostro ovalado presenta pequeñas facciones de dolor. La mirada baja, los ojos rasgados y las manos cruzadas en actitud orante expresan el sufrimiento de ver a su Hijo muerto por nuestros pecados; y ella nos pregunta: ¿qué habéis hecho con el Amor de mi vida? Vuestros pecados lo han convertido en un rostro «despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultaban los rostros, despreciado y desestimado», como lo describía el profeta Isaías seiscientos años antes de Cristo (Is 53,3).

Ella comparte este dolor, contenido y expresado en sus labios entreabiertos. Por sus mejillas corren unas lágrimas cristalinas, al contemplar a Jesús apresado, traicionado, azotado, coronado de espinas y muerto en la cruz. ¡Y qué madre no lloraría, si viera a su hijo en este trance!

 

5. De esa cruz pendía su Hijo (Dum pendebat Filius), quien en un gesto de sublime amor nos regaló a su Madre como madre nuestra: «Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo» (Jn 19,26). En el discípulo Juan estamos representados todos nosotros.

Ella entrega a su Hijo y recibe multitud de hijos; pero, ¡qué diferencia! Su Hijo es el Verbo de Dios hecho carne, el rostro de la misericordia del Padre. Nosotros somos pobres creaturas y pecadores. La Virgen María es madre desde el despojo, desde la humillación y desde la muerte.

Jesús dijo después al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio» (Jn 19,27). Desde la tarde del Gólgota el discípulo de Jesús debe acoger a María como algo propio. Tengamos por Madre, maestra y modelo, a Nuestra Señora de la Soledad. El Señor nos regaló a su Madre. ¡Qué gran regalo! A nosotros nos corresponde acogerla filialmente, invocarla como intercesora y, sobre todo, amarla como Madre nuestra.

Acoger a María significa acoger a Cristo y a los hermanos. Ella, como Madre y Maestra, nos educa en la fidelidad a Cristo y en la lucha contra el mal. Ella sabe que la cruz es fuerza y sabiduría de Dios, lo mismo que el mundo la considera necedad y locura (1 Co 1, 18).

 

6. Coronar la imagen de Nuestra Señora de la Soledad exige renovar nuestros compromisos como cristianos y como cofrades. Tengamos en cuenta que la coronación no le añade nada a la Virgen, no le aporta nada; ella ya vive gozosa en el cielo. La coronación es un motivo para que nosotros la amemos más, la honremos y la veneremos.

Los últimos papas nos piden que trabajemos en la nueva evangelización; que anunciemos la fe; que prediquemos el Evangelio; que seamos valientes testigos. ¡Queridos cofrades y fieles todos, ésta es la llamada que nos hace la Iglesia hoy!

La coronación nos impulsa a una misión importante: promover la devoción a la Virgen entre los cofrades y también entre todos los demás fieles. La fe debe impregnar la vida, o de lo contrario no es fe. La fe, además de un don de Dios, es una actitud vital; creer implica conocer, amar y confiar en Dios; la devoción a la Virgen debe tocar el corazón y la vida; de lo contrario, esa devoción no sirve y no es auténtica.

En la lectura del libro de Judit, aparece ésta aclamada por el pueblo de Israel por la hazaña de haber vencido al enemigo. Nosotros celebramos la victoria de María sobre el diablo y el mal; la aclamamos como a la nueva Judit y le decimos: Virgen la Soledad, «Tú eres la gloria de Jerusalén, tú eres el orgullo de Israel, tú eres el honor de nuestro pueblo» (Jdt 15,9). Os invito a repetir conmigo esta aclamación (los fieles presentes repiten cada una de las frases): Virgen la Soledad, Tú eres la gloria de Jerusalén, tú eres el orgullo de Israel, tú eres el honor de nuestro pueblo.

Pedimos a la Virgen de la Soledad que la coronación de su imagen deje en nuestra memoria y en nuestro corazón una huella imborrable, que nos recuerde siempre que somos hijos amados y que debemos corresponder como tales.

Queridos fieles, devotos de la Virgen de la Soledad y cofrades, mantengámonos firmes en la fe, en la esperanza y en la caridad de la mano de María, para poder compartir un día con Ella la victoria de su Hijo y conseguir también la corona de gloria, que no se marchita (cf. 1 Pe 5, 4). Se lo pedimos a Dios por intercesión de nuestra Madre, Nuestra Señora de la Soledad. Amén.

Publicado en Opinión / Tribuna

Con la Virgen de la Soledad la ciudad ya está cumplida. Más allá del aluvión –y hasta moda– que Andalucía en general experimenta en torno a la petición de coronaciones canónicas de imágenes marianas, lo cierto es que, analizando la historia devocional de cada ciudad, así como la solera y trayectoria de las efigies que han mantenido el pulso del fervor religioso en sus entornos, hay imágenes en las que la petición de coronación se antoja más como un ajuste de cuentas pendiente que como la meta a una carrera de mérito.

Y es el caso de la Soledad de Mena. Y de, a vuelapluma, otra media docena de devociones históricas de pasión y gloria que podrían ser coronadas canónicamente con sobrados méritos, para que así los fieles y la Iglesia de Málaga les devolvieran trayectorias amplias de fervor continuado, contra viento y marea, vertebrando la religiosidad popular de los malagueños a lo largo de los siglos.

De estas devociones, que la propia hemeroteca las hace emerger por sí solas y huelga nombrarlas, la Virgen de la Soledad de Santo Domingo ya está donde se merece. Una devoción nacida a finales del siglo XVI y cuya hermandad en 1915 formó con la del Cristo de la Buena Muerte la actual Congregación de Mena que cerró este 11 de junio con la coronación de la Dolorosa su centenariazo, que ha incluido dos visitas a la Catedral a lo largo de su efeméride.


Los previos

La ceremonia de coronación celebrada en la Catedral presentó, quizá, el más acertado altar que se recuerda para este tipo de efemérides, ajustado perfectamente a la arquitectura del presbiterio y facilitando un acceso cómodo a la imagen para el momento de la imposición del halo. Los congregantes realizaron una obra arquitectónica efímera -con maderas policromadas que imitaban al mármol del baldaquino- para cobijar a la Virgen de la Soledad, que se presentó sobre la peana de carrete del Chiquito. Una pintura de ángeles con el Espíritu Santo, realizada por Francisco Naranjo, enmarcó a la Dolorosa en un culto en el que estuvieron representados Santo Domingo de Guzmán y San Carlos, titulares de la sede canónica de la Congregación.

A las 11.51 horas llegó el momento cumbre: el obispo, Jesús Catalá, y el cardenal Fernando Sebastián, imponían el halo de coronación a la Virgen de la Soledad. La misa estacional se prolongó una hora y media aproximadamente [la homilía íntegra, aquí]. La parte musical corrió a cargo de la capilla Maestro Iribarren, dirigida por el organista Antonio del Pino, que interpretaron piezas de una misa de Juan Francés de Iribarren fechada en 1749. Una ceremonia de sabor barroco con un deslucido final, pues el organista Adalberto Martínez no tocó en la procesión de salida de los celebrantes de la misa estacional, tras una descoordinación previa en el canto de la Salve.

El viernes, previamente, la Soledad de Mena abandonaba Santo Domingo en el trono de la Soledad de Antequera, luciendo un atuendo que rompía con el que ha sido el constante atavío de la imagen, su característico tocado blanco. Más allá de valoraciones, que las hubo para todos los gustos, es objetivo el impacto que generó. La banda Trinidad Sinfónica acompañó a la imagen hasta la Catedral en una jornada en la que el terral fue inmisericorde e influyó sin duda en la cantidad de público, especialmente en las primeras horas, aunque siempre estuvo acompañada.

La otra salida fue el traslado después de la ceremonia de Coronación. Muy después; si la misa estacional finalizó en torno a las 12.30 horas, hasta pasadas las 14.40 el cortejo no salió a un semivacío Patio de los Naranjos. Dio tiempo a la desbandada general y a que una mayoría de turistas sustituyeran a los cofrades que no aguantaron las más de dos horas de espera. En su traslado visitó a la Soledad del Sepulcro, que aguardaba en el presbiterio de la Abadía del Císter. Para el traslado, la Virgen volvió a dejar a un lado su personalidad en el atuendo, saliendo con una mantilla sobre la cabeza, sin continuar por el pecho, y un manto liso. Portado por miembros de la Marina, sin música y entrando por la puerta pequeña de la casa hermandad del Sepulcro, el traslado dio paso a la salida procesional a partir de las ocho de la tarde.


Procesión triunfal

Algo antes de las ocho de la tarde salía el cortejo de la Congregación de Mena con su característica y austera cruz guía desde la iglesia de San Agustín, pasando por delante de la casa hermandad del Sepulcro. Abrió procesión la banda de cornetas y tambores Jesús Cautivo, que marchó en la comitiva hasta la esquina de la plaza de Uncibay, en donde se despidió de la Dolorosa a los sones de la marcha ‘Bendición’.

Diversas representaciones de hermandades de gloria y pasión formaron el primer tramo del cortejo, que cerraron las cofradías con titular coronada canónicamente por orden de menos antigua a más, con la excepción de la Patrona, Santa María de la Victoria, que se posicionó en último lugar. Las hermandades de la parroquia sin esta prerrogativa, como el Rosario de Santo Domingo y la Estrella, no contaron con puesto de privilegio en el cortejo e iban mezcladas con las de su naturaleza.

Tras las representaciones, que se retiraron en la plaza de la Constitución, marchó un nutrido grupo de hermanos con cirios, más de dos centenares, con más de una cincuentena muy jóvenes, que cerraba el nuevo estandarte de coronación. Antecediendo al trono se situó una amplia representación militar y religiosa y la cuadrilla de acólitos, con ocho ciriales sin pertiguero.

La Virgen aparecía vestida con su atuendo característico y luciendo su espléndido halo de coronación que, lejos de alterar el atavío que identifica a la Soledad de Mena, viene a reforzarlo. El trono del Jueves Santo lució un fino adorno de calas y frecsias blancas en sus ánforas y estrenó la pintura de la toldilla exterior, a cargo de Pablo González.

Tras la imagen marchó la Sociedad Filarmónica de la Oliva de Salteras, que debutaba en una procesión en Málaga. La prestigiosa banda interpretó una muy inteligente cruceta musical que navegó por la difícil cuerda de funambulista que es ajustar la música a un momento glorioso sin descontextualizar la atmósfera austera que exige una Dolorosa enlutada. La solemnidad se impuso a un, a veces, mal entendido sentido ‘glorioso’ asociado a marchas jaraneras que no siempre encajan. Acertadamente distribuidas, se oyeron todas las marchas de coronación, las propias del patrimonio de la Congregación y otras piezas procesionales, algunas muy originales y de calidad como ‘Lunes Santo en el Museo’ (José Manuel Delgado), ‘Estrella’ (Manuel Marvizón) o ‘Nuestra Señora del Patrocinio’ (Pedro Gámez Laserna), dedicadas a imágenes a las que acompaña esta banda saltereña en la Semana Santa de Sevilla.

Durante el recorrido diversos balcones y altares se levantaron en honor a la Dolorosa, en mucho de los cuales cayeron lluvias de aleluyas y pétalos. Llamó la atención la nutrida petalada ofrecida en el último tramo de calle Carretería, que la Virgen no recibió completa al no detenerse por suficiente tiempo el trono, que acababa de cambiar de turno de portadores. Y no ocurrió, desde luego, porque la procesión fuese especialmente ágil. Quizá por un ritmo excesivamente parsimonioso y por las paradas del trono tan prolongadas, en el último tramo del recorrido a partir del pasillo de Santa Isabel, mermó considerablemente la afluencia de público.

En ese ambiente más familiar, rayó lo surrealista la -a todas luces y por enésima vez- excesiva sobreactuación policial, tanto alrededor del trono, como en cuanto a despliegue de tráfico se refiere: accesos al centro histórico cortados desproporcionadamente antes de tiempo, prohibición de aparcar en sitios aparentemente inocuos como el Hoyo de Esparteros... Un ejemplo más del alarmante desconocimiento por parte de los responsables de seguridad de la dimensión de los actos cofrades y el modo de vivirlos que tienen los ciudadanos.

La lentitud del cortejo hizo que las cuatro imágenes de culto que lo tenían previsto esperaran más de la cuenta la llegada de la Soledad de Mena Coronada a sus altares: la Virgen del Traspaso y Soledad de Viñeros aguardaba en la iglesia de Santa Catalina y la imagen llegó a la una de la madrugada; la Soledad de Ávalos lo hacía en la casa hermandad de la Sagrada Cena –en donde se leyó un prolongado texto alusivo con megafonía, en torno a las 2.15 horas-.

La Virgen de los Dolores del Puente lucía en su capilla transformada para la efeméride y la Virgen de la Estrella presidía la puerta de los tronos de la iglesia de Santo Domingo. Estas dos últimas imágenes fueron visitadas por la Soledad de Mena con las claritas del día. Y es que a las 6.25 horas de la mañana, dos horas y media después de lo previsto, la Soledad Coronada entraba en su salón de tronos y la ciudad ajustaba cuentas pendientes con una de sus devociones de siempre.

 

LA CRUCETA MUSICAL DE LA CORONACIÓN

· Así sonó el traslado a la Catedral, por la Trinidad Sinfónica

· Música de la procesión triunfal, por la Oliva de Salteras

Publicado en Málaga

Sábado 11 junio 2016

Sociedad Filarmónica Nuestra Señora de la Oliva (Salteras)

 

Marcha Real
Coronación de la Soledad (José Antonio Molero)
La Virgen de Sevilla (Víctor López)
Soledad Perchelera (José Antonio Molero)
Aquella Virgen (Manuel Gómez de Arriba)
Lunes Santo en el Museo (José Manuel Delgado)
Bajo tu manto (Eloy García)
Sevilla Cofradiera (Pedro Gámez Laserna)
Soledad Coronada (Narciso Pérez Espinosa)
Passio Granatensis (Ángel López Carreño) 
Frente a ti (Eloy García)
Estrella (Manuel Marvizón) 
Soledad (Víctor Ferrer)
María Santísima del Subterráneo (Pedro Gámez Laserna)
En tus manos, Soledad (Alfonso López Cortés)
Jerusalén (José Vélez)
Hiniesta (José Martínez Peralto)
Pasa la Soledad (José Antonio Molero)
Soledad de Mena Coronada (Antonio González Écija)
Nuestra Señora de Guadalupe (Antonio Pantión)
Virgen del Amor Doloroso (Eloy García)
Flor de lis (José Luis Pérez Zambrana)
Nuestra Señora del Patrocinio (Pedro Gámez Laserna)
Regina Maris (Francisco Javier Criado)
Macarena (Emilio Cebrián) 
Soledad Marinera (Sergio Infante)
Amarguras (Manuel Font de Anta)
Madre, tu Dulce Nombre (Antonio David Rodríguez)
Coronación de la Soledad (José Antonio Molero)
Virgen de las Aguas (Santiago Ramos)
Soledad Coronada (Narciso Pérez Espinosa)
Alma de la Trinidad (Eloy García)
Pasa la Soledad (José Antonio Molero)
El Corpus (Braulio Uralde)
Flor de lis (José Luis Pérez Zambrana)
María Santísima del Dulce Nombre (Luis Lerate)
Procesión de Semana Santa en Sevilla (Pascual Marquina)
Regina Maris (Francisco Javier Criado)
Candelaria (Manuel Marvizón)
Como tú, ninguna (David Hurtado) 
Salve Marinera (Cristóbal Oudrid)
Soledad Perchelera (José Antonio Molero) 
Virgen del Valle (Vicente Gómez-Zarzuela)
Bajo tu manto (Eloy García)
En tus manos, Soledad (Alfonso López Cortés)
Valle de Sevilla (José de la Vega)
Soledad de Mena Coronada (Antonio González Écija)
Santísimo Cristo del Desamparo y Abandono (Francisco Herrera)
Soledad Marinera (Sergio Infante)
Hiniesta Coronada (José Albero)
La Virgen de la Soledad (Juan Manuel Parra)
Esperanza Marinera (Abel Moreno)
Madre, tu Dulce Nombre (Antonio David Rodríguez)
Soledad de Mena (Juan Antonio Barros)
Soledad de Mena (José Antonio Molero) 
Salve Marinera (Cristóbal Oudrid)
La Estrella Sublime (Manuel López Farfán) 
Frente a ti (Eloy García)
Marcha Real

Publicado en La cruceta

Viernes 10 junio 2016

Banda de Música Trinidad Sinfónica

 

Plegaria al Cristo del Perdón (Francisco Javier Moreno)
Marcha Real
Triunfal (José Blanco)
Soledad de Mena (Juan Antonio Barros)
La Esperanza (Alfonso López Cortés)
La Estrella Sublime (Manuel López Farfán)
María Santísima del Subterráneo (Pedro Gámez Laserna)
Virgen de Montserrat (Pedro Morales)
Soledad Perchelera (José Antonio Molero)
¿Quién te vio y no te recuerda? (David Hurtado) 
Siervo de tus Dolores (Fulgencio Morón)
Margot (Joaquín Turina) 
Marcha fúnebre [Quinta Angustia] (José Font Marimont)
La Virgen de la Soledad (Juan Manuel Parra)
Virgen del Amor Doloroso (Eloy García)
Pasa la Soledad (José Antonio Molero)
Virgen de los Reyes (Abel Moreno)
La Sangre y la Gloria (Alfonso Lozano)
Valle de Sevilla (José de la Vega) 
Vigía de nuestra fe (Narciso Pérez Espinosa)
Virgen del Valle (Vicente Gómez-Zarzuela)
Amarguras (Manuel Font de Anta)
Bajo tu manto (Eloy García)
Soleá, dame la mano (Manuel Font de Anta)
Pasa la Soledad (José Antonio Molero)
Salve Marinera (Cristóbal Oudrid) 
Himno Pontificio (Charles Gounod)

Publicado en La cruceta
Sábado, 11 Junio 2016

Regreso coronada a El Perchel

Málaga vive el hito histórico de la coronación canónica de la Soledad de Mena, la décima representación de la Virgen María en la capital malagueña que recibe la máxima distinción que concede la Iglesia a un icono devocional: la coronación canónica. Sigue el minuto a minuto de este 11 de junio en el que a las 11.51 horas ha sido coronada la Soledad de Mena.

La procesión triunfal parte de la casa hermandad del Santo Sepulcro sobre las ocho de la tarde y se espera que llegue a Santo Domingo en torno a las cuatro de la mañana. Todos los detalles de la histórica jornada, aquí

Publicado en Málaga

La coronación canónica de la Virgen de la Soledad regalará una significativa aportación musical a la ciudad: el acompañamiento de la Sociedad Filarmónica de Nuestra Señora de la Oliva, procedente de la localidad sevillana de Salteras, en el regreso de la imagen a Santo Domingo en la tarde-noche del 11 de junio. De esta forma, las dos bandas de este pueblo del Aljarafe hispalense habrán participado en alguna procesión. Hace 28 años casi exactos -porque acaeció el 18 de junio-, fue la banda del Carmen la que acompañó a la Virgen de la Esperanza en su coronación.

Esta formación hispalense lleva consigo 103 años de historia musical, que la convierten en una de las bandas de cabecera más antiguas de Andalucía. Por su dirección han pasado nombres como Joaquín de la Orden o Dionisio Ortiz, ambos miembros de la banda prácticamente desde su fundación. El reconocido compositor José Manuel Bernal fue quien posicionó a la Oliva de Salteras al nivel y popularidad que goza hoy día. Su director actual es Jesús Salas Orden.

La formación saltereña pone sus notas musicales todos los días de la Semana Santa de Sevilla, acompañando a imágenes como la Virgen de la Estrella de Triana o la Virgen del Patrocinio de la hermandad del Cachorro. Además, raro es el año que una hermandad andaluza cuya titular salga en procesión extraordinaria no contacte con la banda para tocar tras su imagen. De hecho, el pasado sábado 4 de junio, los músicos de Salteras se desplazaron hasta Almería para acompañar, también, a la Virgen de la Soledad. Será la primera vez que la Oliva acompañe musicalmente a una imagen malagueña.


Bandas punteras

A lo largo de la historia reciente, ha sido habitual que las hermandades de Málaga hayan recurrido a formaciones musicales ‘extranjeras’ y punteras para sus salidas extraordinarias. La Virgen de la Esperanza fue acompañada en su coronación canónica, en 1988, por la otra banda de Salteras, la del Carmen, cuando aún no se había creado la propia de la archicofradía. La sevillana banda de cornetas y tambores de las Cigarreras marchó tras el Cristo de la Expiración en el Vía Crucis Jubilar del año 2000, así como en la salida extraordinaria del Señor Orando en el Huerto por el 250º aniversario de su hechura, en noviembre de 2007. Julián Cerdán de Sanlúcar de Barrameda tocó tras la Virgen de los Remedios en su segunda salida -extraordinaria- en 2005. Hoy, son habituales en Semana Santa gracias a la cofradía de Estudiantes. Más recientemente, la banda del Maestro Tejera acompañó a la Virgen del Rosario en octubre de 2013 por los setenta y cinco años de su advocación.

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