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El Papa Francisco anunció este lunes 21 de noviembre que los sacerdotes podrán absolver del pecado del aborto de manera indefinida, una disposición que había autorizado solo durante el Año Santo de la Misericordia que concluyó este domingo.

Así se lee en la carta apostólica Misericordia et misera, el documento de conclusión del Jubileo extraordinario que instituyó Francisco y en el que da las indicaciones para que los católicos continúen este tiempo de la misericordia, la reconciliación y el perdón.

"Para que ningún obstáculo se interponga entre la petición de reconciliación y el perdón de Dios, de ahora en adelante concedo a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, la facultad de absolver a quienes hayan procurado el pecado de aborto. Cuanto había concedido de modo limitado para el período jubilar, lo extiendo ahora en el tiempo, no obstante cualquier cosa en contrario".

Hasta ahora un sacerdote sólo lo podía absolver después de que le autorizase un obispo o el mismo pontífice. Pese a todo, el Pontífice enfatiza con todas sus "fuerzas" que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente. "Con la misma fuerza, sin embargo, puedo y debo afirmar que no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, allí donde encuentra un corazón arrepentido que pide reconciliarse con el Padre", asegura. Por ello, pide que cada sacerdote sea guía, apoyo y alivio a la hora de acompañar a los penitentes en este camino de reconciliación especial.

 

Acoger a todas las familias

Por otro lado, Francisco destaca la "gracia del Sacramento del Matrimonio" que fortalece a la familia para que sea un lugar privilegiado para la misericordia, pero asegura que este año Jubilar debe servir también para ayudar a reconocer la complejidad de la realidad familiar actual.

Considera, así, que ello exige, sobre todo de parte del sacerdote, un discernimiento espiritual "atento, profundo y prudente" para que "cada uno, sin excluir a nadie", sin importar la situación que viva, pueda sentirse acogido concretamente por Dios, participar activamente en la vida de la comunidad y ser admitido en ese Pueblo de Dios.

En su carta, el Papa llama a no cerrar las puertas de la misericordia y a llevar a cabo una "auténtica" revolución cultural a través de actos concretos.

Francisco también extiende otras disposiciones que había autorizado durante el Jubileo como la de la concesión de absolver los pecados a los sacerdotes de la Fraternidad de San Pío X, los llamados lefebvrianos. Francisco justifica esta decisión "por el bien pastoral de estos fieles" y para que "se pueda recuperar con la ayuda de Dios, la plena comunión", en lo que se entiende como una mano tendida a los seguidores de Marcel Lefebvre, que no reconocen las novedades introducidas en el Concilio Vaticano II, por lo que están fuera de la Iglesia desde 1988.

El papa Francisco advierte sobre la "tentación de una Iglesia autoreferencial" y sostiene que el "cáncer" de la institución es "glorificarse recíprocamente", al tiempo que reitera su pedido de "unidad" entre los cristianos, pero sin "proselitismo".

"El proselitismo entre los cristianos, entonces, es un pecado grave, porque contradice la dinámica misma de cómo volverse cristianos y seguir siéndolo. La Iglesia no es un equipo de fútbol que busca hinchas", sostiene. "Sigo pensando que el cáncer en la Iglesia es glorificarse recíprocamente", asegura el Pontífice en una entrevista con el diario italiano católico Avvenire publicada este mes de noviembre, en la que también rechaza las críticas por su acercamiento a los protestantes.

"Si uno no sabe quién es Jesús, o nunca lo encontró, siempre lo puede encontrar; pero si uno está en la Iglesia, y se mueve en su ámbito, cultiva y alimenta su hambre de domino y afirmación de sí, tiene una enfermedad espiritual, cree que la Iglesia es una realidad humana autosuficiente, en la que todo se mueve según lógicas de ambición y de poder", agrega Francisco.

En ese marco, el obispo de Roma advirte que "la tentación de construir una Iglesia autoreferencial, que lleva a la contraposición y por lo tanto a la división, siempre vuelve".

Consultado sobre su reciente viaje a Suecia para la celebración anticipada de los 500 años de la reforma de Martin Lutero junto a los protestantes, el sucesor de Pedro volvió a ratificar su deseo de "unidad" entre los cristianos, como ya había también planteado este año en sus repetidos encuentros con representantes de las iglesias ortodoxas. "¿Alguno dice que se quiere protestantizar la Iglesia? No me quita el sueño. Es el camino de la Iglesia, no soy yo, no he dado ninguna aceleración", afirmó.

"No se llega a la unidad porque nos ponemos de acuerdo entre nosotros, sino porque caminamos siguiendo a Jesús. Y caminando, por obra de Aquel a quien seguimos, podemos descubrir que estamos unidos. Es el caminar detrás de Jesús lo que une. Convertirse significa dejar que el Señor viva y opere en nosotros", planteó Francisco en el diálogo con Avvenire.

"Así descubrimos que estamos unidos también en nuestra común misión de anunciar el Evangelio. Caminando y trabajando juntos, nos damos cuenta de que ya estamos unidos en el nombre del Señor y, por lo tanto, de que la unidad no la creamos nosotros", reforzó.

"Es por eso que digo que la unidad se hace en camino, porque la unidad es una gracia que hay que pedir, y también es por esto que repito que cualquier proselitismo entre los cristianos es pecaminoso. La Iglesia no crece nunca por proselitismo, sino 'por atracción', como escribió Benedicto XVI", recordó Jorge Bergoglio a su antecesor alemán.

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