LA CRÓNICA

75 años muy bien llevados

La Estrella celebró el aniversario del Señor de la Humillación con una procesión modélica en su concepto que se fue de hora por la lentitud inicial

Alejandro Cerezo | Domingo, 02 Julio 2017 Comentarios (5)
Jesús de la Humillación, con la pérgola detrás, camino de la Capilla del Puente. Jesús de la Humillación, con la pérgola detrás, camino de la Capilla del Puente. A. C.

Hay aniversarios ‘extraídos’ para sacar santos y aniversarios para celebrar de verdad algo que tenemos ante nosotros. Por ahí habría que empezar siempre, sin que la visión capillita nos perturbe la base conceptual de cada efeméride que se celebra.

En el caso de los 75 años de la bendición de la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Humillación y Perdón, una de las grandes obras de Francisco Palma Burgos, sus cofrades celebraban una realidad de tres cuartos de siglos que no necesita maquillaje. Son muchos matices los que explican esta premisa, pero resumibles en esta sentencia: si algún cofrade de los de 1942 estuviera anoche en El Perchel, reconocería perfectamente su Cristo, su conjunto procesional, su cofradía.

Conviene incidir en esta idea, más allá de la procesión de anoche, porque encierra en la hermandad de la Estrella la persistencia de un valor en peligro de extinción: una verdadera y sincera conformidad con lo heredado, un orgullo por lo recibido por sus antiguos cofrades, hasta el punto de que, gracias a ese compromiso con su legado, pocos aspectos han sido alterados o desvirtuados.

En un mundo cofrade en el que la antigüedad está empezando a servirnos solo para celebrar un presente reinventado, la Humillación paseó su personalidad aplastante como si de un Martes Santo se tratase, sin concesiones a otros criterios externos.

Pero aquí también habría que hacer una reflexión -antes de pasar a la procesión propiamente- y preguntarse si la Estrella está siendo más tiempo de la cuenta el muñeco de trapo que Villarriba y Villabajo enarbolan para tirarse los trastos. Así, cuando pasa el Martes Santo, todos los años la misma película: de una parte, pareciera que los únicos nazarenos que se salen de la fila y los únicos portadores que beben son los de la Estrella; de la otra, se agarran a un clavo ardiendo con esos deslices para explotar un supuesto malagueñismo y poner en el estandarte a la corporación dominica.

El sábado, la Estrella, ajena a todo ello, se echó a la calle con la aplastante convicción de que habría respuesta en un barrio no tan destrozado si Él pasa por sus calles. Balcones adornados, personas asomadas en su interior... Vecindario, sí, que nos hizo revivir las estampas del Arguval en blanco y negro. Y es que, con el permiso de las demás, la Estrella parece una cofradía excavada de veras del corazón de El Perchel, al menos, de este Perchel de acá.

Pero también por eso, no se comprende cómo la iglesia de Santo Domingo puede tener un nulo papel protagonista cada Martes Santo. Viendo la estampa de la salida y del encierro de este sábado, no entra en ninguna cabeza que se use la casa hermandad para iniciar y terminar la procesión. No hay argumento mínimo a favor: ni conceptual -por supuesto-, ni estético, ni organizativo, ni de espacio...

 

 2017 07 02 HumillacionConvivencia; un balcón engalanado para dos citas.                                               D. AZUAGA


La procesión

Pasadas las nueve de la noche, sin ninguna excentricidad en su perfecto conjunto procesional, Jesús de la Humillación salía de Santo Domingo desviándose primero a la capilla de los Dolores del Puente -fabulosamente exornada para la ocasión- y visitando luego a la basílica de la Esperanza. Esta primera parte del recorrido pecó de una lentitud desesperante: una hora después de salir, el Señor estaba al inicio de la pérgola del pasillo de Santo Domingo.

El recorrido, bien trazado y con hondo sentido de feligresía, incluyó el paso por el Llano de Doña Trinidad, en donde la Policía Local y el Hogar San Carlos, de las Filipenses, recibieron a la corporación. Al Llano accedió por medio de la calles Enrique Scholtz y Libertad, regalando escenas del más alto nivel estético.

Un cortejo de velas antecedió al Señor, que se valió de dos turnos de hombres y mujeres de trono cuyo relevo se produjo antes de celebrar el acto en la sede de la Policía Local. Marchaba detrás la banda de cornetas y tambores Jesús Cautivo, con un repertorio casi perfecto, pleno de marchas clásicas a las que el trono respondía con un sobrecogedor vaivén. Sólo en las curvas y cuando las marchas tenían un corte más moderno, las andas perdían algo el norte. La formación trinitaria, además, rindió a un muy buen nivel interpretativo.

El tramo final del recorrido incluyó la retahíla recitada cada Lunes Santo con Dolores del Puente: Polvorista, plaza Imagen, Zurradores, Martinete. En la plaza, una panda de verdiales regaló sus malagueños sones al Señor de la Humillación, y en calle Martinete, el grupo Cofrades Malagueños ofrendó al Cristo con una generosa petalada entre las casas adornadas y el suelo alfombrado de hierbas aromáticas.

Tras abrazar el edificio de Italcable, el cortejo alcanzó la iglesia de Santo Domingo para, tras una salva de fuegos artificiales, hacer su entrada a las 3.25 de la mañana en el templo en el que esperaba la Virgen de la Estrella. Acaban así los actos del 75º aniversario de Jesús de la Humillación. Tres cuartos de siglo que han sido muy bien llevados. Ahora espera el centenario fundacional, en 2019.

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