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La Virgen del Amor Doloroso irá al taller del imaginero Juan Manuel Miñarro para ser restaurada en Sevilla. Así lo ha decidido por unanimidad la archicofradía de Pasión en un cabildo extraordinario. La Dolorosa, atribuida a Antonio Asensio de la Cerda en el siglo XVIII, será intervenida después de la Semana Santa 2018.

Las labores se volcarán en la limpieza de la policromía para eliminar repintes adiciones o falsas pátinas y “solventar aspectos estructurales de la imagen”, señala la corporación del Lunes Santo en un comunicado. Está previsto que los trabajos tengan una duración de cuatro meses.

Publicado en Málaga

Juan Manuel Miñarro (Sevilla, 1954), escultor, restaurador y discípulo de Francisco Buiza, es bien conocido en Málaga desde 1987, año en que entregaría a esta ciudad una de las más celebradas obras de la imaginería cofrade contemporánea: el Cristo de la Redención, de la hermandad de los Dolores de San Juan. Al año y medio, la cofradía de la Paloma le encarga el Señor de la Puente del Cedrón y en 2005, un grupo de hermanos de la cofradía del Monte Calvario encarga el Crucificado de la ermita, éste ya de influencia claramente sindónica, de acuerdo con su actual etapa de producción.

Pero Miñarro también es conocido en Málaga por ser recurrido continuamente para la restauración de imágenes, algunas que entrañaban más dificultad que otras. En total, son 15 las imágenes titulares de Semana Santa sobre las que el profesor hispalense ha intervenido. La decimosexta será Jesús Cautivo.

También fue la archicofradía de los Dolores de San Juan la primera que confió para estas labores en Juan Manuel Miñarro, en el año 1990, cuando intervino sobre la Dolorosa. En 1997, fijará la estabilidad y reforzará los ensambles de la imagen de Jesús de la Pasión, obra de Ortega Bru.

Además, Miñarro ha intervenido sobre las policromías de algunas Dolorosas que habían tornado hasta presentarse llamativamente anaranjadas, como los casos de la Virgen del Monte Calvario (2001), la Virgen del Gran Poder (2005) o la Soledad del Sepulcro (2006). Pero también su labor se extenderá a las Glorias: en 2009 interviene también en la policromía de María Auxiliadora Coronada.

Las cofradías malagueños han solicitado los servicios de Miñarro también para efectuar trabajos de conservación y mantenimiento de imágenes, que no han tenido reflejo de forma externa: los casos de Jesús de la Misericordia (2006), Jesús del Santo Sepulcro (2006-2007) los titulares de Viñeros en torno a la misma fecha y, más recientemente, la delicada intervención del Señor de la Humildad, en 2015, han avalado su faceta restauradora.


Los retos de Fusionadas y el Monte Calvario

Pero los principales retos a los que Juan Manuel Miñarro se ha enfrentado en Málaga y que, dados los resultados, reforzaron notablemente su reputación, vinieron de la mano de dos cofradías: Fusionadas y el Monte Calvario.

De la primera, en 2006 tuvo prácticamente que reconstruir de la ruina la imagen de Jesús de Azotes y Columna, aunque original dieciochesca, muy desfigurada y maltratada por el paso de los años y las erróneas intervenciones precedentes. De un cariz más quirúrgico fue la intervención sobre el Cristo de la Vera+Cruz, en 2012, a la que dotó de una unción no conocida, a causa de su estado desde los sucesos de los años 30 y la restauración excesivamente aséptica a la que fue sometida en 1991.

La cofradía del Monte Calvario, por su parte, debe a Juan Manuel Miñarro la integridad de las dos imágenes titulares del primer trono. Tras el incendio producido en la ermita en 2006, el escultor sevillano intervino sobre las mismas, devolviendo, en el caso del Señor de la Paz y la Unidad, exactamente el mismo aspecto que presentaba antes de ser pasto de las llamas. En cuanto a la Virgen de Fe y Consuelo, la cabeza en barro presentaba numerosas remodelaciones posteriores, que fueron depuradas y cuenta en la actualidad con la policromía de Miñarro.


La segunda de Martín Simón

Con estos avales, Juan Manuel Miñarro se enfrenta a la restauración requerida por la cofradía del Cautivo para el Señor de Málaga. No será la primera que ejerza sobre una obra del escultor José Martín Simón (1896-1971). De hecho, la otra talla de este imaginero granadino que procesiona en la Semana Santa, Jesús de la Sentencia, fue objeto de una intervención por parte de Miñarro en 2008, que sirvió para volver a acoplarle el cuerpo tallado por Pedro Pérez Hidalgo.

El Señor de Málaga, si le da el plácet la autoridad eclesiástica a la Hermandad, partirá después de Semana Santa al taller del escultor sevillano, en la calle Viriato, para reparar los históricos problemas estructurales que viene acarreando, especialmente agravados desde el fuerte aguacero sufrido el Lunes Santo de 1979. Se calcula que Málaga estará sin su Cristo durante cuatro meses y medio. Pero ya sabemos que del 'médico' no se salva ni el Cautivo.

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El Señor de la Humildad será repuesto al culto el 7 de noviembre. Así lo ha anunciado la Corporación victoriana en un comunicado. La imagen marchó al taller del imaginero hispalense el pasado 12 de abril. En total han sido casi siete meses de trabajo "cuyas labores de conservación e intervención de la talla finalizan satisfactoriamente", según dice la nota.

La obra póstuma de Buiza marchó al taller de uno de sus discípulos. El Cristo de la Humildad es la última obra del escultor carmonense Francisco Buiza. Tal es así, que no pudo acabarla al sobrevenirle la muerte en 1983, y fue finalizada por sus discípulos, entre los que se encontraba Juan Manuel Miñarro. Desde entonces, jamás ha sido revisada ni restaurada.

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La cofradía de la Paloma celebra este año el 25º aniversario de la bendición de su titular cristífero, Nuestro Padre Jesús de la Puente de Cedrón, Por ello, el doctor en Bellas Artes de la Universidad de Sevilla (USE) y autor de la citada imagen, Juan Manuel Miñarro López, pronunciará una conferencia en la que disertará sobre esta obra realizada en su taller en 1988.

La charla será pronunciada el sábado en la sede de la Cofradía, en la plaza San Francisco, a las 20.30. La conferencia lleva por título La imagen de Nuestro Padre Jesús de la Puente del Cedrón en el contexto de mi obra. El Señor de la Puente de Cedrón fue la segunda obra que llegó a la capital tras ejecutar Miñarro al Cristo de la Redención, titular de la archicofradía de los Dolores de San Juan.

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El Señor de la Puente del Cedrón, titular cristífero de la cofradía de la Paloma, presidirá el altar principal de la capilla. Así lo decidió la hermandad en un cabildo de hermanos a propuesta de la comisión nombrada para el 25º aniversario de la bendición de la imagen, obra de Juan Manuel Miñarro. El Señor se ubicará en el altar durante toda la celebración del aniversario, que se inició el 18 de enero y prolongará hasta el 24 de noviembre, Solemnidad de Cristo Rey. La imagen de la Virgen de la Paloma se situa ahora en la capilla lateral que habitualmente ocupa el Señor.

Asimismo, los hermanos dieron su conformidad a la salida extraordinaria de la imagen con ocasión del Vía Crucis oficial que organiza la Agrupación de Cofradías, que se celebrará el 15 de febrero y que estará presidido por el Señor de la Puente.

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Domingo, 11 Marzo 2012

La verdadera Vera+Cruz

La mayoría de las veces no nos planteamos siquiera el tortuoso rosario de adversidades que una obra de arte puede llegar a padecer. Nos quedamos en la imagen nívea, abrillantada, impoluta, que las efigies sagradas exhiben desde su más reciente intervención. Lo demás es muy difícil imaginarlo. ¿Quién podrá, a la luz del renovado aspecto del crucificado de la Vera+Cruz, de las Reales Cofradías Fusionadas, intuir siquiera que siempre estuvo ahí? Quedarán muy pocos cofrades de los que tuvieran uso de razón antes de la destrucción de la imagen en 1931; testigos que puedan corroborar que la talla que hemos venido procesionando durante veinte años -tras una intervención más que discutible del año 1991- no había llegado a ser ni la sombra de lo que un día fue. Porque, reconozcamos que, como público al que la imagen le vino recién llegada desde los albores de los tiempos, no fuimos nunca benévolos. Veíamos, como nos decían, un Cristo gótico; y lo hacíamos, con sus incorrecciones anatómicas y su aspecto rudimentario, de un mediocre gótico. Porque, tal y como nos lo devolvieron, y teniendo como referencias las escasas fotografías, los grabados decimonónicos y la imagen desoladora de los siete fragmentos en que quedó desmembrado, lo que nos llegó no era ni lejanamente de la categoría que a la luz de la historia se le suponía a un titular cuya advocación había resistido el envite de los siglos.

De ahí que la oportunidad vivida durante la exposición de la memoria del proceso de restauración, por parte del propio Profesor Juan Manuel Miñarro, constituya uno de esos hitos que merecen la pena. De primera mano, y con el apoyo de un arsenal gráfico que hablaba por sí solo, los allí presentes -en el acto de presentación de la imagen, el 10 de marzo de 2012, en el patio del Palacio Villalón, ahora museo Thyssen- no pudimos sino entender las circunstancias que habían abocado a la talla a una suerte de ostracismo artístico.

Lo primero que quedó en tela de juicio fue la intervención de Oscar San José del año 1991, que supuso  principalmente la reintegración de los fragmentos en una estructura nueva con la que consolidar la imagen. El empleo de materiales que resultaron poco estables en un lapso muy corto de tiempo dieron lugar a que la imagen estuviese sumida ya en un rápido proceso de agrietamiento particularmente alarmante. Además, la policromía empleada entonces andaba desprendiéndose a partir de craqueladuras espontáneas, lo que entre otras cosas ha facilitado el diagnóstico de la pieza e incluso la valoración de los estratos superpuestos para dirimir qué potenciar en el definitivo aspecto que habría de tener el Señor de la Vera+Cruz.

A nivel físico, fue patente la inestabilidad matérica de los distintos ingredientes que conforman la escultura. Sólo al tacto -como explicó el restaurador-, la imagen presentaba una textura fría más propia de la piedra que de la madera. Ello, entre otras cosas, clarificaba la presencia de aire y humedades inapropiados entre la materia sólida subyacente y los aparejos con que fue recubierto para su apariencia ulterior. La pasta de madera utilizada durante la intervención de veinte años antes estaba aún blanda -ya puesta al descubierto tras los primeros análisis-, de lo que se podría establecer bien una inapropiada aplicación de materiales nuevos, bien un mal estado de dichos materiales. Lo más aconsejable sería la retirada de cuantos elementos dificultaban la pervivencia en el tiempo de la imagen. No dejemos de lado que algunos de los principios básicos de la restauración son la preservación y la consolidación.

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A nivel estético resultó evidente que muchos de los elementos añadidos en 1991, lejos de recontextualizar lo que quedaba de la talla, la ensombreció. A saber: un abdomen mucho más ensanchado, una rodilla nueva absolutamente discordante con la que permanecía, una barbilla sin modelado que desfiguraba las proporciones del rostro y un conjunto de dedos -tanto de las manos como de los pies- de escasísimo valor. Sin los aditamentos mencionados, la imagen evidenciaría una anatomía muchísimo más correcta, lo que situaría al primitivo escultor en una consideración totalmente nueva. El primer Cristo de la Vera+Cruz, el que se supone datado alrededor de 1505, hubo de ser un ejemplo característico del prototipo de crucificado de su tiempo, tal y como Miñarro quiso constatar mediante un estudio comparativo con otras efigies coetáneas, como el Cristo de los Vigías de Vélez Málaga. En ese sentido, sería un arquetipo más esquelético que musculado, con que los elementos sólidos de la estructura ósea quedasen patentes bajo la epidermis. Algo que se había desvirtuado por completo tras el general engrosamiento superficial de esta obra. En la misma dirección, Óscar San José había añadido un extraño y cubista pliegue lateral en el perizoma; un elemento que redundaba en la idea de una plasticidad tosca y rudimentaria, bien lejos de mostrarnos el virtuoso ejercicio artístico que realmente hubo.

Pero es la policromía el nivel en que probablemente más nos habían alejado de entender la estatuaria tardogótica. Mediante criterios muy difíciles de asumir, en 1991 no se había profundizado en ninguno de  los cinco estratos que han quedado patentes tras la intervención de Juan Manuel Miñarro. Lo que se hizo entonces fue aplicar una extraña coloratura entre marrón y anaranjado, que dista un abismo de las tonalidades grisáceas y verdosas que subyacían en buen estado unas capas por debajo. A nivel pictórico, nada en la policromía de hace dos décadas resaltaba los valores plásticos. Sin embargo, en el rescate de la policromía de más valor entre las halladas bajo aquella, resurgieron hilos de sangre, latigazos, y verdugones, confiriendo una impronta mucho más acorde a la iconografía representada. De la historia de las vicisitudes por las que hubo de pasar el Cristo de la Vera+Cruz, Miñarro recoge el trasunto del ataque de insectos xilófagos que le sobrevino un siglo después de su hechura. Con los planteamientos de entonces, la imagen fue cubierta de lienzo encolado y vuelta a policromar. De ahí lo fácil que resultó su desmembramiento en los sucesos de 1931 y lo difícil que sería recuperar las dos últimas capas de policromía.

Así pues, la presente reconstrucción de la pieza ha consistido básicamente en consolidar una estructura metálica interior que estaba provocando daños a la imagen, además de reintegrar lo que faltaba tallando en madera lo que se podía -dedos, rodilla, nudo y colgajo del paño de pureza- y modelando en pasta de madera allí donde era más aconsejable -vientre, costillas, barbilla...-. Para no caer fácilmente en la invención, se optó por recurrir a principios básicos de proporción y simetría por los cuales se pudiese reconstruir cada uno de los elementos desaparecidos. Allí donde escaseaban las referencias, Miñarro hubo de tirar del enfoque científico, tomando del parangón con esculturas similares la principal línea de trabajo. De ese modo pudo recomponer el modelado de la barba -siguiendo en los mechones de cabello el ritmo compositivo del escultor original- y esculpirle al crucificado la lazada del paño púdico. Finalmente, la policromía con que se ha completado aquella otra recuperada se ha realizado con pinturas al barniz mediante franjas horizontales, siguiendo un principio de diferenciación invisible. Sólo con la visualización muy de cerca de la imagen, nos queda evidente la frontera entre lo antiguo y lo nuevo, gracias al uso de una textura no craquelada.

La imagen final nos proporciona una satisfacción que ni de lejos se habría adivinado. Se ha puesto en valor el delicado modelado de los detalles, y se le ha otorgado un aspecto último acorde a los tiempos en que fue concebido, ostentando regueros de sangre donde los hubo. La cabeza presenta el acabado debido al momento en que se le debió desvastar la corona de espinas -momento en que perdió su volumetría lógica- para lucir una peluca postiza de tirabuzones. El paño de pureza, como ejemplo significativo, ha recuperado el oro fino del borde, así como una leve línea de color azul. Se ha proporcionado una nueva cruz arbórea con nudos tal y como es usual en la tradicional iconográfica de los crucificados con esa advocación -la que entiende el madero como árbol de la vida-, y se ha retornado al uso de los elementos de orfebrería consustanciales al cambio de gusto estético que se obró en la talla durante el siglo XVIII. La cruz, por su parte, es completada con los remates de plata y una cartela para el INRI realizada en el mismo material. La imagen ha sido tocada con una antigua corona de espinas y tres potencias que se le han impuesto mediante eficaces sistemas de anclaje que hacen a este aderezo totalmente reversible.

Todo ello nos devuelve una impronta llena de serena elegancia, que nos hará sin duda replantearnos las futuras madrugadas de Viernes Santo. No sería mal asunto tratar de emular con buen criterio algunos pormenores del modo en que se veneraba la imagen para adecuarlo a su futura estética procesional: realizar una peana de triunfo de estructura piramidal y cuatro brazos -como se advierte en la hermosa Carta de Hermandad de 1883-, así como los ocho angelillos pasionistas que -portando los atributos de la Pasion- completarían el conjunto. Cuanto más recurramos a lo que conocemos del pasado, más justicia se le hará a la verdadera Vera+Cruz.

 

· Pedro Enrique Alarcón es licenciado en HIstoria del Arte y autor del blog cofrade El Albacea.

Publicado en Opinión / Tribuna

El Cristo de la Vera+Cruz vuelve a pasar las madrugadas en Málaga. Regresa de Sevilla tras haber sido llevado al finalizar la pasada Semana Santa al taller de Juan Manuel Miñarro, que ha procedido a restaurar la talla.

La pieza, reconstruida en 1991 por Óscar San José Marqués, a través de unos fragmentos del siglo XV hallados en las dependencias parroquiales, se rehabilitó en su momento con objeto exclusivamente expositivo, nunca cultual, carácter este último que finalmente decidieron en Fusionadas aplicarle. El profesor sevillano se ha encargado de aplicar un criterio restaurador acorde con su condición de talla destinada al culto de los fieles.

Así, en la tarde del sábado, a las 20.30 horas, el Crucificado de la Santa Vera+Cruz y Sangre será presentado en el patio central del Museo Carmen Thyssen, dentro de un acto que conducirá el director de la revista La Saeta, Andrés Camino, y contará con la intervención del propio Juan Manuel Miñarro, que explicará detalladamente el proceso restaurador. La entrada es libre.

Con dichos trabajos, las Cofradías Fusionadas culminan un plan de rescate de sus tres tallas antiguas que se hallaban en un preocupante estado de conservación. En 2005, fue el propio Juan Manuel Miñarro quien recuperó la maltrecha talla de Jesús de Azotes y Columna; posteriormente, entre los años 2006 y 2007, el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía, logró 'desenterrar' al Cristo de Ánimas de Ciegos de una interminable capa de repintes y desafortunadas intervenciones. En marzo de 2012, es el Crucificado de la Vera+Cruz el que evocará el esplendor de antaño, aplicando criterios restauradores más acordes con las piezas destinadas al culto, en lugar de otros, igualmente válidos, pero de lectura quizá más 'arqueológica'. Ha sido posible también gracias a la colaboración de un grupo de hermanos.

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Jueves, 10 Noviembre 2011

De vuelta a La Trinidad

Se marchó en junio y vuelve cinco meses después. El Señor del Santo Traslado, imagen que gubiara Pedro Moreira López en 1949, regresa restaurado a la parroquia de San Pablo. El veleño Israel Cornejo ha sido el encargado de llevar a cabo los trabajos que se han centrado en mejorar el estado de la imagen que estaba deteriorada.

El sábado 19 de noviembre, la imagen estará expuesta en el altar del templo, durante la celebración de la sabatina, que comenzará a las 19:00. Una vez finalice la misma, la imagen volverá a su capilla. Los trabajos han consistido en una limpieza de la policromía y la eliminación de grietas que recorrían varias partes de la talla, sobre todo por la espalda y que preocupaba en el seno de la hermandad.

El hermano mayor de la corporación, Ricardo Delgado, se mostró tajante al explicar que el Cristo viene "tal y como se fue, no ha suf Asimismo, Delgado se mostró satisfecho por el trabajo realizado. "Esto supone completar un proyecto que se inició con la ejecución del trono por parte de Rafael Ruiz Liébana, la ejecución del grupo escultórico y con la restauración del Señor", ambos trabajos realizados por Cornejo.

 
Vera+Cruz

El pasado 22 de octubre, una representación de la hermandad  de Fusionadas encabezada por el hermano mayor, Eduardo Rosell, visitó el taller del profesor Juan Manuel Miñarro, donde se comprobó el estado de la restauración del Santísimo Cristo de la Vera+Cruz.

La restauración se esta llevando a cabo de una manera lenta, ya que se esta intentando rescatar toda la policromía del siglo XVII existente. Igualmente, toda la morfología esta ya acabada. Los cofrades de Fusionadas mantuvieron una conversación con Juan Manuel Miñarro en cuanto a fecha de terminación. Fusionadas confirmó en su cuenta de Twitter @rcfusionadas que la presentación del Cristo será el día 9 de marzo de 2012.

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La cofradía del Sagrado Descendimiento decidió hace una semana restaurar a su imagen titular, la Virgen de las Angustias. El hispalense Luis Álvarez Duarte será quien realice los trabajos que consistirán en arreglar algunas fisuras que la imagen, tallada por Castillo Lastrucci, presenta. "Se le arreglará el rostro, las manos y la devanadera", aclaró a El Cabildo, el hermano mayor Antonio Luis Ramos. Pero el debate fue más profundo, estas decisiones siempre son complicadas y normalmente se ponen muchos nombres sobre la mesa.

La imagen presenta grietas en el cuello y en el rostro lo que hizo que la hermandad tomara la decisión de proceder a su restauración. "Hicimos un estudio radiográfico y observamos que la talla tiene clavos y puntillas y queremos eliminarlos", agregó Ramos. Para ello se creó una comisión que presentó a la junta d gobierno cinco proyectos. Según ha podido saber El Cabildo, éstos eran: Antonio J. Custodio, María Gloria Pérez, Juan Manuel Miñarro, Francisco Berlanga y Álvarez Duarte, quien finalmente será el responsable de los trabajos. Fue la junta de gobierno la que tomó la decisión de llevar a cabildo las propuesta de Berlanga y Duarte.

El pasado sábado día 26 de noviembre, el Descendimiento celebró un cabildo extraordinario para presentar los dos proyectos elegidos. Primeramente el cabildo aprobó por dos tercios -mayoría mínima que se necesita en estos casos- restaurar la imagen. Después se decidió elegir la propuesta de Duarte.

La Virgen de las Angustias irá al taller del imaginero en Gines, Sevilla, después de Semana Santa. Está previsto que los trabajos duren seis o siete meses. "Vamos a intentar que los problemas que se puedan subsanar sin que la Virgen esté presente en el taller se puedan hacer antes. Lo ideal sería presentarla en el triduo", añadió el hermano mayor.

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