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OPINIÓN / BLOGOSFERA
Martes, 27 Marzo 2018

Edades doradas

La fundación de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga en 1921 supuso un hito que dio pie a la primera edad dorada de las cofradías malagueñas. Era el final de una evolución iniciada años atrás, concretamente en torno a 1914, producto de una serie de inquietudes manifestadas ya desde la segunda mitad del siglo XIX. Proceso de cambio en la concepción de las manifestaciones de culto externo que vivieron nuestras cofradías, pero el cambio de aquellos años ¿lo vivimos solo en Málaga? Sin temor a desintegrarnos, miremos un poquito a nuestros vecinos, a otras ciudades andaluzas para comprobarlo. No estamos aislados, ni siquiera entonces.

 

Inquietudes y finales del siglo XIX

Vayamos al inicio. El Avisador Malagueño de 23 de marzo de 1856 publicaba el sentir de la burguesía y los pequeños comerciantes sobre la posibilidades turísticas de las procesiones, cuyo número y calidad debía crecer para poder competir con Sevilla: “indudablemente debe haber un interés por fomentarlas; pues sin que sea una paradoja, pueden decirse que contribuyen en gran manera al movimiento del comercio, del tráfico, y de las artes y oficios. La Semana Santa en Sevilla sabido es la inmensa concurrencia que atrae allí de forasteros, y los muchos productos que está concurrencia deja.”

En años posteriores son constantes las alusiones en la prensa malagueña a Sevilla y su Semana Santa, así como a los muchos forasteros que allí acudían gracias a la nueva línea de ferrocarril: “Son muchas las personas de Málaga que se proponen visitar a Sevilla durante los próximos días de Semana Santa y feria, utilizando la nueva vía férrea que economiza, como es sabido, algunas horas en el trayecto comprendido entre ambas capitales. Aquí no tienen aquellas solemnidades religiosas la importancia que en la ciudad del Guadalquivir, pero aunque en otras proporciones, creemos que han de ser bastantes las familias que vayan a Alhaurín y Antequera, puntos donde los pasos y las procesiones llaman con fundamento la atención.” (El Avisador Malagueño, 14/04/1878).

 

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El Avisador Malagueño, 24 de marzo de 1888

 

Al inicio de la última década del siglo XIX, en Málaga nos encontrábamos en el momento álgido de un nuevo resurgir del procesionismo, esta vez producido tras el parón del sexenio revolucionario en el que solo procesionó la Soledad de Santo Domingo y no siempre. En 1893 llegaron a salir trece cofradías, con la nueva calle Marqués de Larios como protagonista en sus recorridos. Se fundaron nuevas hermandades, como el Sepulcro, Gran Poder de la iglesia de Santiago o la Columna en el Carmen, además de revitalizaciones y fusiones. Todo ello, a pesar de la crisis económica, la cual finalmente ganaría la partida a las cofradías malagueñas.

Crisis que no solo se dejaba sentir aquí: “Algunas de las personas que procedentes de Málaga fueron a Sevilla para pasar allí la Semana Santa, escriben que han encontrado menos animación que otros años, pues se han retraído la mayoría de los forasteros, en términos de que de los pueblos inmediatos han dejado de ir este año numerosas personas. Granada, Cádiz y Córdoba, que enviaban numeroso contingente, también han mandado menor número, debido sin duda a la crisis económica porque vienen atravesando las principales poblaciones de Andalucía”. (La Unión Mercantil, 6 de abril de 1890).

Esta crisis económica se manifestó con especial virulencia en Málaga, arrastrada desde años atrás a causa de la filoxera y el cierre de la otrora próspera industria siderúrgica y textil, lo que provocó paro, marginalidad y mendicidad. En 1894 se intenta poner coto con el intento de creación de la Junta de Procesiones. Entidad promovida por el alcalde Francisco Prieto Mera y por el obispo Marcelo Spínola y Maestre, que pretendía, entre otros aspectos, que todas las procesiones de un mismo día partieran juntas desde la Catedral. El intento fracasó por la falta de financiación pública. La Junta de Procesiones quería donativos por cofradía y el alcalde se negó rotundamente diciendo que, o se organizaban las fiestas religiosas por una junta que respondiese de su gestión y de los gastos, o no aportaba el dinero. Las hermandades no querían ceder su autonomía a un organismo de coordinación superior.

 

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Santo Cristo de la Humildad. Ecce Homo (Málaga) [Foto: Arguval]

 

Intento de unión cofrade para la obtención de financiación que sí fructificó en la ciudad de Cádiz, aunque no tuvo regularidad. En 1890 se produjo la unión constitutiva de los mayordomos y priostes en una junta administrativa, con la función de recaudar fondos y conseguir el realce de las cofradías de la ciudad. Esta primera unión derivaría en 1892, gracias al entonces presidente de la Diputación Provincial Cayetano del Toro, en la creación de la Junta Administrativa de Procesiones. Esta entidad abonaba los gastos de las salidas procesionales, velando por la ostentosidad de las mismas. Se consiguió con ello frenar la etapa de postración que estaban viviendo, salvo la cofradía del Nazareno de Santa María, las cofradías gaditanas. En 1892 hicieron su salida procesional un total de siete cofradías, con numerosos estrenos como el de la Cofradía del Nazareno de un nuevo paso de templete para su Dolorosa o el comenzar a utilizar en los pasos la luz eléctrica. En 1894 se produjo la importante fundación de la Cofradía de la Buena Muerte.

 

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Nuestro Padre Jesús del Ecce Homo (Cádiz) [Foto: Cadizpedia]

 

Financiación y apoyo institucional que tampoco le faltaba a las hermandades de Sevilla, ya desde décadas atrás. Incluso, en 1860 se había promulgado un reglamento municipal donde el Ayuntamiento se comprometía a proporcionar fondos a las cofradías que no contasen con los medios suficientes para realizar la estación de penitencia. Desde mediados del siglo XIX, el Ayuntamiento entendió que con ello se atraían visitantes a la ciudad con el atractivo de sus renombradas procesiones, no poniéndose en duda el aspecto comercial de las procesiones.  En Málaga, hasta el último decenio de esa misma centuria no se puede afirmar la existencia de subvenciones a las cofradías, siendo además de escasa cuantía, otorgadas por el Alcalde con cargo al capítulo de imprevistos. Situación que se mantuvo hasta prácticamente 1921.

 

Llega el siglo XX

Tras el intento fallido de la Junta de Procesiones, el tránsito de los siglos XIX a XX para las cofradías malagueñas fue desolador, pudiendo con ellas la pertinaz crisis económica y la situación política. Entre 1898 y 1910 raramente procesionan más de tres cofradías, siendo tenaces en ello El Rico y el Sepulcro. Durante las primeras décadas del siglo XX se mantiene como norma atender todas las peticiones de ayuda económica que se recibían, quedando siempre la cuantía de la misma a arbitrio del Alcalde. No mejoró la situación al verse este apoyo económico municipal alterado, incluso interrumpido, desde 1910 a 1914 como consecuencia de la fuerte presencia republicano-socialista entre los ediles.

La situación no era mucho mejor en Granada, donde desde 1901 estuvieron prohibidas las procesiones seis años, por lo que hay que esperar hasta 1907 para ver de nuevo una procesión en la calle, concretamente, con una Dolorosa del convento de San Antón y la imagen de San Juan, haciendo estación en la Catedral. Al año siguiente vuelve el Santo Entierro y en 1909 comienza el llamado Santo Entierro Antológico, cuando siete pasos se pusieron en la calle en un cortejo de perfiles castellanos.

 

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La Unión Ilustrada de Málaga, 23 de abril de 1911

 

Desfile oficial del Viernes Santo que también se realizaba en Córdoba ya en la centuria anterior, manteniendo la procesión oficial del Santo Entierro en la tarde del Viernes Santo el mismo esquema y continuando la corporación municipal encargándose de su organización. Estaba conformada inicialmente por cinco pasos (1901 a 1907), sumándose cuatro más entre 1908 y 1913.

Las cofradías que tienen actividad en los albores del siglo XX son las de Jesús Caído, la de Nuestra Señora de los Dolores y la de Nuestra Señora de las Angustias. A ellas añadir la de Cristo de Gracia y la del Santo Cristo de las Ánimas, reorganizadas en 1905 y 1908 repectivamente, y la del Santo Sepulcro, que acompaña al paso titular en la procesión oficial de 1910. Aunque todas ellas tenían actividad, es la de Jesús Caído la única capaz de procesionar a su titular al margen del desfile oficial referido, haciéndolo el Jueves Santo y constituyendo uno de los grandes acontecimientos de la Semana Santa cordobesa durante las dos primeras décadas del siglo pasado. Sin olvidar la procesión del Resucitado en la mañana del Domingo de Resurrección con las imágenes de Nuestro Señor Resucitado y Nuestra Señora de la Luz recorriendo las calles del barrio de Santa Marina.

El dinamismo de la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores contribuye de manera decisiva a la potenciación de la Semana Santa cordobesa, sobre todo a partir de 1910. La revitalización de esta hermandad tiene un fiel exponente en el acuerdo tomado en junta general extraordinaria de salir el Viernes Santo de 1914 con túnicas propias en la procesión del Santo Entierro.

 

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Ntra. Sra. de los Dolores (Córdoba) [La Unión Ilustrada de Málaga, 16 de abril de 1911]

 

La llegada del siglo XX tiene lugar en Sevilla bajo el pontificado de uno de sus pastores más significados, el cardenal Spínola, quien logró que las estaciones de penitencia se realizaran dignamente sobre todo al regreso, como hizo con la Hermandad de la Macarena. Además, se producen fundaciones como las de San Roque (1901) y Santa Cruz (1904). A partir de ese momento no habrá fundaciones de hermandades en Sevilla hasta 1919. En 1909 el Ayuntamiento de Sevilla declina otorgar la subvención a las cofradías como venía haciendo tradicionalmente, lo que supuso un contratiempo. A pesar de ello, en 1900 realizaban estación de penitencia veintiocho cofradías de las treinta y nueve existentes; pasando en 1912 a treinta y seis de las cuarenta y una con actividad.

En Cádiz, una vez desaparecida la intermitente Junta de Procesiones, la Semana Santa vuelve a decaer al llegar el siglo XX. Nuevas cofradías se reorganizaron y procesionaron a sus titulares, como la de Nuestro Padre Jesús de los Afligidos o la del Santísimo Cristo de la Piedad, conformando un total de cinco cofradías las que procesionaron, por ejemplo, en 1905. Sólo las Cofradías del Nazareno de San Agustín y de la Buena Muerte compitieron en suntuosidad con las demás cofradías andaluzas. Se concluye por la historiografía local que la desidia de los cofrades en particular, y de los gaditanos en general, marcaron la tónica de estos primeros años de la pasada centuria.

Gracias, una vez más, a Cayetano del Toro, la Junta de Procesiones volvió en 1906 y organizó la procesión del Santo Entierro Magno el Viernes Santo, abriendo y cerrando el cortejo la Hermandad del Santo Entierro, agregándose a la misma los pasos de las distintas hermandades, llegando a un total de once. El Nazareno y la Buena Muerte también habían procesionado el Jueves Santo.

 

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Ntro. Padre Jesús Nazareno (Cádiz) [Foto:gentedepaz1940.blogspot.com]

 

Los esfuerzos de la Junta de Procesiones no se vieron recompensados en 1911 y por circunstancias económicas hubo que suprimir la Procesión Magna, siendo escasas las hermandades que al año siguiente mantenían actividad alguna. De las escasas hermandades que sobrevivieron a estos tiempos difíciles, una fue el Nazareno de Santa María, que gracias a sus benefactores seguía ampliando su rico patrimonio. Además del Nazareno, solo se tiene constancia de la salida procesional del Santo Entierro desde San Agustín.

En Granada sí se seguía organizando la procesión del Santo Entierro, aunque aquella procesión única ya sabía a poco. Nuevas propuestas cofrades se presentaban teniendo como escenario, no era la primera vez, el barrio del Albaicín; como en 1913 la procesión de Jesús Nazareno y la Virgen de los Dolores, que partió desde el convento de Santa Isabel la Real, o en 1917 la de Jesús, a lomos de un pollino, o el Vía Crucis de Jesús Nazareno (Hermandad del Santo Vía Crucis).

En Málaga, la situación al llegar el año 1913 comenzaba a ser muy distinta, iniciándose una nueva recuperación del procesionismo, proceso que llegaría hasta la propia década de los veinte. Una nueva generación se puso al mando de las debilitadas cofradías decimonónicas, propiciando el renacer de antiguas cofradías o el fortalecimiento de las mismas a través de uniones. Ello se manifestó en el aumento del número de cofradías que salieron, seis en 1913, cuando el año anterior solo lo habían hecho la Pollinica y El Rico. También, desde 1915 las diversas cofradías acometieron la reestructuración y agrandamiento de sus tronos antiguos o construcción de otros nuevos, labor realizada por tallistas locales: Andrés Rodríguez Zapata, Antonio Barrabino, Antonio Prini, José Benítez Oliver, Francisco Palma García o los talleres Casasola. El propio cortejo procesional estaba sufriendo cambios, aunque mantenía aspectos de la época isabelina. Las elecciones de noviembre de 1915 y noviembre de 1917, con el hundimiento de la conjunción republicano socialista, hizo el resto.

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La Unión Ilustrada de Málaga, 23 de marzo de 1913

 

La vieja idea de impulsar y utilizar como reclamo turístico el fenómeno procesionista en Málaga, además de coordinar los esfuerzos de todas las cofradías ante problemas y desafíos comunes, se intensificó entre los años 1916 y 1920. Ya en vísperas de la Semana Santa de 1916 se editó un modesto folleto informativo sobre las procesiones de aquel año que contenía, de nuevo, el conocido argumento de importancia de la Semana Santa como reclamo turístico: “En muy pocos años, debido, sin duda al entusiasmo de las Hermandades que han logrado revestir sus cofradías de un esplendor solo comparable al que fama diera a las procesiones sevillanas, la Semana Santa de Málaga ha adquirido gran importancia hasta el extremo de que, en el año que cursa desde el Miércoles Santo al Viernes Santo no faltarán cofradías que….Málaga, pues está de enhorabuena, y siguiendo el entusiasmo, y sintiéndonos todos malagueños, llegará a conseguir con sus fiestas invernales, su Semana Santa, su clima y sus bellezas, ser la capital que mayores atractivos ofrezca al turismo.

En marzo de 1916, al informar El Regional sobre el nuevo trono de Barrabino para la Cofradía de la Puente, consideraba que este tipo de mejoras era “un sumando más para conseguir que Málaga adquiera, si no la fama de Sevilla, cuyas fiestas religiosas son ya tradicionales, por lo menos el nombre de otras que, como Murcia, consiguen atraer buen número de forasteros, único medio de engrandecimiento”.

Apreciable revitalización que también se vivió en la ciudad de Córdoba desde 1917 y se consolidaría en la década de los veinte. La gran impulsora fue la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores al recuperar la tradicional procesión del Domingo de Ramos en marzo de aquel año, haciendo estación de penitencia con la imagen titular al margen del desfile oficial. Entre 1917 y 1919 las cofradías cordobesas dan muestras de vitalidad, como la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias, con el éxito conseguido al recaudar fondos para el manto de la titular; el nuevo reglamento de la Cofradía del Cristo de Gracia; la reorganización de las cofradías de Nuestro Padre Jesús en la Oración del Huerto y de Jesús en el Calvario, y la fundación de la Cofradía del Cristo de la Expiración. Esta revitalización se pone de manifiesto en la procesión del Santo Entierro de 1919, cuando participaron los penitentes con sus túnicas propias de las distintas cofradías.

Años en los que el Santo Entierro Antológico de Granada tocaba fondo. En 1919 solo se pusieron en la calle seis pasos, siete en 1920 y 1921, pero en 1922 ni siquiera se organizó la procesión.

 

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Santo Entierro Antológico. Virgen de las Angustias de la
 iglesia de San Andrés (Granada) (c.1915) [Foto: borriquilla.es]

 

Mientras, en Sevilla se pone fin a una larga etapa de ausencia de fundaciones, con la Hermandad del Dulce Nombre en 1919. Poco a poco se incrementaba el número de procesiones en Cádiz, recuperándose desfiles procesionales como el de Humildad y Paciencia el Miércoles Santo de 1919. El Nazareno seguía manteniendo su pujanza gracias a la populosa devoción de los gaditanos; al igual que el Santo Entierro, gracias al patrocinio del Ayuntamiento. Sin embargo, la Cofradía de la Buena Muerte se encontraba sumergida en una importante crisis interna.

En nuestra ciudad, Joaquín Díaz Serrano publicaba en La Unión Mercantil del 10 de marzo de 1920 el relevante y premonitorio artículo titulado: “Lo que es y lo que debe ser nuestra Semana Santa”. En el mismo, tras analizar el pasado reciente de las cofradías malagueñas dedicadas mayoritariamente a las atenciones sociales y espirituales que suponían las visitas a los enfermos, llevar el Viático a los moribundos o los enterramientos, constata la realidad malagueña de 1920: “Málaga cuenta con un corto número de cofradías que procesionan a sus efigies si se les compara con otras ciudades españolas, y principalmente con Sevilla. La Semana Santa en ellas no es solo celebrada por propios y extraños, ateniéndose a la originalidad y al sello artístico que infunden a sus Pasos, sino al número tan considerable de hermandades que, en noble pugna, rivalizan por desfilar ante la absorta muchedumbre con el mayor lucimiento. Este año tienen anunciada su salida en nuestra capital diez cofradías, a cual más brillante y hermosa, pero es que no debemos limitarnos a acrecentar el lujo de las que hoy salen, sino a laborar porque en años venideros el número de procesiones se duplique. Una semana Santa repleta de procesiones es una fuente de riqueza…Nuestro ayuntamiento contribuirá al logro de estos fines levantando en los sitios céntricos y amplios unas tribunas…y con el importe de sus alquileres subvencionaría a las hermandades que seguramente saldrían mejor paradas que con lo que se le entrega en la actualidad…

Llegaban las edades doradas.


(Continuará)

Publicado en Semana Santa del ayer

Aunque teóricamente de fundación reciente, a mediados del siglo XVIII ya está más que demostrada por diversos historiadores la pujanza de la hermandad de la Virgen de los Dolores de la iglesia de San Pedro, germen de la actual archicofradía de la Expiración.

El cofrade y filólogo Salvador Marín Hueso, en su blog ‘Palabra dada’, aporta en este medio un curioso episodio acaecido en 1756. Un tal Gaspar Menestrina, que se hace llamar ‘inventor de nuevos equilibrios’, arriba a Málaga para ofrecer sus habilidades. El Ayuntamiento permitirá su labor, a condición de ciertos beneficios para esta potente hermandad perchelera.

Publicado en Málaga

El debate sobre si la imagen del Resucitado de Capuz debe salir en procesión en solitario o formando un grupo con los sayones, realizados a tal efecto por el escultor, parte de un planteamiento perverso, cual es el considerar que mutilar la integridad de una obra escultórica puede permitir continuar hablando de la misma como si fuera el original concebido y ejecutado por el artista.

Digámoslo de una manera clara: el Resucitado, o procesiona tal cual lo concibió José Capuz, como un grupo escultórico formado por la imagen de Cristo emergiendo del sepulcro y flanqueado por dos sayones, o no será la obra de Capuz. Podríamos hablar, en este último caso, de una intervención sobre un original de Capuz, pero de cuya actual presentación como una pieza aislada ya no sería responsable el escultor sino los dirigentes cofrades, mostrando con ello los ideales estéticos de estos últimos, pero no los del ilustre escultor. Se despoja al interesante grupo escultórico de toda la riqueza de contenidos fundamentada en el contraste entre la idealización de la imagen de Cristo y el naturalismo de los sayones, al tiempo que - lo que es mucho más importante en un grupo procesional- se anula por completo el movimiento visual y perceptivo trazado en torno a la imagen del Resucitado. Pero, además, trascendiendo el caso concreto del grupo malagueño, no se tiene en cuenta el enorme daño que se causa a la consideración y valoración del conjunto de la producción del autor al presentar como una obra original de Capuz lo que no es más que una presentación mutilada, que anula los valores compositivos, plásticos, simbólicos y conceptuales, repercutiendo muy negativamente en la consideración global de la obra del artista. No se ha dado el caso, de momento, pero bien podrían los legítimos herederos de los derechos intelectuales de la obra de Capuz exigir responsabilidades legales por ello.

Por tanto, los términos del debate creo que deben ser otros, planteando si se quiere procesionar la obra de Capuz –esto es, el grupo escultórico– o si no se considera la representación imaginera más adecuada, en cuyo caso sólo cabría destinarlo a obra de exposición, en su integridad escultórica, en un entorno museístico, o proceder a su enajenación, dejando vía libre para otra interpretación escultórica que se considerase más acorde con el carácter de la Semana Santa de Málaga.

 

· José Francisco López Martínez es licenciado en Historia del Arte y comisario de la exposición realizada en Cartagena 'José Capuz y su tiempo. El modelo clásico en la escultura'.

Publicado en Opinión / Tribuna

La consecución, por parte del escultor José Capuz (1884-1964) en 1946, del conjunto alegórico de la Resurrección supone, sin lugar a dudas, una de las grandes aportaciones a la plástica escultórica malagueña, con un elevado número de influencias reinterpretadas en clave contemporánea, muy personal y alejadas de los movimientos neobarrocos.

Y decimos bien conjunto, y no mera escultura al referirnos al Resucitado de Málaga, ya que es a modo de grupo escultórico tal y como es concebido y tal y como debiera salir, para evitar la mutilación actual que presenta la lectura iconográfica y formal del mismo. Tan solo de esta forma se puede establecer una interpretación triangular de la composición, en la que el hieratismo presente en el rostro triunfante de Cristo es contrarrestado por el movimiento sugerido por uno de los soldados, en el que podemos rastrear la influencia de la estatuaria clásica, en general, y de la escuela de Pérgamo y la escultura del Gálata moribundo, en particular. En los soldados también existen citas a las formas rotundas de Miguel Ángel y a las de Rodin, así como la tosquedad de los ropajes faltos de policromía y el, apenas, desbastado de la madera se convierten en un recurso de simplificación de las formas que nos enlaza con las soluciones de la estatuaria moderna.

La concepción de Cristo evoca, por un lado, con la representación clásica de un héroe que, tras superar su gran prueba, consigue la gloria; mientras que, por otro, enlaza con las formas helicoidales del manierismo. El mismo presenta una amplia interpretación iconográfica al contar con dos palomas en los pies -firma personal del escultor presente en algunas de sus obras, representación animalística del Espíritu Santo y señal de alianza entre Dios y el Hombre-, la Sábana Santa -tosca en su parte externa y dorada en la interna fruto del contacto con la divinidad, un concepto del medievo que vincula el oro con lo divino-, aparece en actitud de bendecir -rememorando, de esta forma, los cristos en majestad y el pantocrátor medieval-, y están presentes las llagas de la Pasión y la Cruz -no como signo del martirio sino como Arma Christi-.

Sin duda el grupo escultórico, irrazonablemente eliminado de la escena, permite una convergencia de influencias y soluciones personales y contemporáneas, además de una compleja y conjunta lectura, que en ausencia del mismo se encuentra cercenada y hace de la imagen principal un elemento totalmente desubicado.

Por último, tan solo añadir, que indudablemente esta obra de Capuz merece un diseño a la altura del realizado por Fernando Prini: un conjunto que potencie las calidades plásticas de lo representado y cuente con un amplio y complejo contenido teológico que justifique la escena; por ello no sería muy descabellado un replanteamiento del trono concebido en el que tenga espacio la totalidad del conjunto.

 

· José Manuel Torres Ponce es licenciado en Historia del Arte.

Publicado en Opinión / Tribuna

Málaga es una tierra a la que se prestan los debates para los que no debería haber lugar, y sobre los que la intelectualidad debería cerrar filas. Traído y llevado, son las consabidas cubiertas de la Catedral y la torre manca. Olvidado, en cambio, es el conjunto del programa iconográfico escultórico que la misma debería presentar en sus cuerpos superiores y que nadie echa en falta. La realidad, las cubiertas que no existen, es que el edificio catedralicio sigue sufriendo filtraciones de agua y problemas estructurales.

Si este es un asunto recurrente hasta la saciedad, no menos interesantes son los aireados debates entorno a la figura del titular cristífero de Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga, el Santísimo Cristo Resucitado, obra del imaginero José Capuz Mamano, realizado entre los años 1944 y 1946. Mientras que en la catedral los malagueños se ven reflejados en su torre manca y en la falta de sus cubiertas, proyectando en estos elementos unos valores sociales con los que se sienten identificados, el Cristo Resucitado, prácticamente tiene que pedir perdón por existir. No es barroco, no es un neo, no es guapo, no moreno de piel, y además siempre será un extranjero en tierra de María Santísima, aunque una paisana suya haya sido coronada. Pero sobre todo, el Cristo de la Resurrección de Málaga, es un incomprendido y un marginado social. De las primeras cuestiones, ya dio buena cuenta el profesor Sánchez López en el Alma de la madera. De la segunda, queremos hacer alguna reflexión. El Cristo es un incomprendido, por varias razones. En primer lugar, por el hecho, de que aún siendo un arte figurativo, es una pieza con una importante carga conceptual y trascendental. En segundo lugar, porque Capuz concibió un Cristo que para ser comprendido necesita que otros aclaren su mensaje, iconografía e intencionalidad, es decir es un Cristo cuya representación no se entiende en su plenitud, más allá de ser un Cristo Resucitado, por sí mismo.

En todo este proceso de marginación y aceptación que ha sufrido la imagen, tienen mucho que decir los dos romanos con los que el Cristo vino al mundo. Aquí Capuz cometió un error, si hubiese realizado las tres figuras, en tres bloques unidos, nadie se cuestionaría separar las piezas, cortando los bloques para que cada una fuera independiente. Desde el año 1983 los "compañeros" del Cristo han permanecido en el ostracismo. Recientemente, gracias a la magia de una exposición temporal, se ha producido el feliz recuentro, y muchos han podido tomar conciencia de las relaciones, conceptuales, formales e iconográficas, de los unos con lo otros y del Cristo con ellos.

Capuz, que ante todo era un intelectual, y los intelectuales no suelen conectar con el pueblo, ideo y proyectó una imagen que supo transcender de la mundanidad a la divinidad. Cristos Resucitados hay muchos, de todos las épocas y estilos, pero cristos resucitados "conceptuales" y "transcendentales" hay pocos, y uno de ellos está en Málaga.

Vamos por partes, si nos ubicamos antes las tres figuras el espectador debería percatarse de muchas cuestiones, pero hay una que para nosotros es de singular transcendencia. Ambas tres figuras visten de la misma manera, y sobre todo del mismo color, una especie de paño en tonos tierras/rojizos, con apariencia mugrienta. Se repite en las tres imágenes. Es aquí donde radica la importancia del grupo escultórico en su conjunto. Los romanos, son feos, tienen la piel oscura y visten el mencionado paño harapiento en tonos tierras/rojizos (que recuerda a una especie de coraza). El Cristo es de piel blanca, y viste el mismo tipo de tejido. Ahora bien, lo simple y fácil, hubiese sido que Capuz hubiera realizado un Cristo Resucitado al uso, bendiciendo, o cualquiera de las otras posibilidades que la iconografía presenta. Aquí, partimos del hecho de que nuestro Cristo también cumple con estas premisas iconográficas, pero hay una cuestión más a tener en cuenta, Capuz cuando realiza su Cristo Resucitado incluye una idea, un recurso, que hace que la imagen proyecte una relación directa con la divinidad. La escultura, en madera, terrenal y mundana, consigue lo que pocas obras son capaces de hacer, trascender desde la figuración a la propia divinidad. Lo que son paños mugrientos en los romanos, en el Cristo, en cambio, lo que él ha tocado con su piel, se ha convertido en oro, se han divinizado. Dos mil años de teología, del uso del oro y de los metales preciosos en la liturgia, y sobre todo de la proyección de la divinidad por medio de la luz, quedan reflejados en un Cristo, en una escultura en madera, donde el escultor ha sabido trasladar a la materialidad la divinidad de los dioses.

El común de los mortales, entiende que nos encontramos ante tres figuras independientes e inconexas, y separables. La realidad es que Capuz proyecto una sola idea por medio de tres figuras diferentes. Sin los romanos, el Cristo Resucitado de Málaga no deja de ser una pieza que aporta modernidad a un arte obsoleto. Con los romanos, el Cristo Resucitado de Málaga, se convierte en una de obras de arte más importantes de la imaginería procesional del siglo XX y XXI.

 

· Antonio Rafael Fernández Paradas es doctor en Historia del Arte y Perito Tasador en antigüedades y obras de arte.

Publicado en Opinión / Tribuna

Desde la apertura del portal 'lahornacina.com', hace ya diez años, hemos intentado siempre concienciar sobre los méritos artísticos del Resucitado malagueño de José Capuz. En ningún caso ha sido nuestro propósito adoctrinar ni mucho menos ser redentores de un escultor consagrado que labró para Málaga una pieza maestra a la altura de su prolífica obra para la Semana Santa de Cartagena. Simplemente hemos procurado hacer justicia a una escultura que, no sin muchas dificultades, ha conseguido mantenerse en un entorno hostil que cuestiona hasta su indudable valía. A pesar de ello, somos conscientes de que la ciudad de Málaga, valedora del mestizaje pese a la globalización sufrida en los últimos cuarenta años, ha sido también el mejor destino en el que podía haber caído la obra de Capuz dentro de Andalucía. En cualquier otra provincia la imagen ya hubiera sido retirada; por no hablar de que en muchas de ellas su encargo hubiera sido fugaz o ni se hubiera producido.

No solo ha tenido delito el trato hacia la talla, sino la manera en que se ha desdeñado su marco histórico y compositivo, suprimiéndose las figuras de los soldados romanos que hacían guardia en el sepulcro, aterrorizados ante la presencia transfigurada del Cristo de Capuz concebido como un fantasmal pantocrátor que deshace los envenenados vocablos de la muerte. Curiosamente, los mismos que se indignan ante el desmenuzado arte español -ese que se muestra hoy día a través de efigies desmochadas, retablos desmontados o lienzos cercenados, muchas veces repartidos entre museos y colecciones privadas del extranjero como consecuencia de los expolios de la historia- no siempre son igual de consecuentes con la integridad de conjuntos procesionales como el del Resucitado malagueño, perdidos muchas veces por los efímeros caprichos estéticos del momento y no por razones de exceso de carga, pese a que en ocasiones nos hayan intentado convencer de lo contrario.

Por todo ello, desde 'lahornacina.com' defendemos la presencia del Resucitado de Capuz como inigualable broche de oro para los desfiles penitenciales de Málaga y consideramos que el diseño del nuevo trono realizado por el gran artista Fernando Prini para el desfile de esta noble imagen, debería ampliarse para recoger el grupo escultórico del escultor valenciano en su totalidad. No creemos que tal solución sea un menoscabo para remediar otro ni suponga alteración alguna del interesante catafalco neomanierista ideado por el diseñador. Todo lo contrario. Creemos que sería un enriquecimiento patrimonial completo que iría en beneficio de todo y de todos.

 

· Jesús Abades y Sergio Cabaco son los responsables del portal de arte 'lahornacina.com'.

Publicado en Opinión / Tribuna

La imagen del Santísimo Cristo Resucitado, a pesar de su reconocido valor artístico, ha estado acompañada desde su bendición de una velada crítica que ha cuestionado su idoneidad como imagen devocional y procesional. La escultura, destaca por la coherencia de su lenguaje contemporáneo y por la solidez de su mensaje, al representar de forma espiritualizada el misterio de la Resurrección.

En septiembre de 2014, la Agrupación de Cofradías aprobó un diseño de trono, obra de Fernando Prini, llamado a ser el proyecto definitivo para el titular de la institución. El trono, se concibe como un catafalco del que emerge el Resucitado y sus líneas, refinadas y clásicas, concuerdan con la majestuosidad y el hieratismo de la imagen.

Entiendo que la opción ideada por Fernando Prini, para procesionar a la imagen sin sayones, es la más acertada, al contribuir de forma clara a una exposición contundente del momento representado y a la definitiva puesta en valor de una imagen cuestionada desde su llegada a la ciudad.

 

· Brian Carrasco Regaliza es licenciado en Historia del Arte.

Publicado en Opinión / Tribuna

En 2016 se cumplirán 70 años desde que José Capuz realizara la talla de Jesús Resucitado que procesiona cada Domingo de Resurrección en Málaga. La Agrupación de Cofradías, con su nuevo presidente a la cabeza, puede que reabra el debate sobre la idoneidad o no de que el Cristo Resucitado sea acompañado por los dos romanos del grupo escultórico concebido por el artista valenciano. Pero ciñámonos a los hechos y veamos por qué apuesto porque se procesione el grupo escultórico al completo.

Actualmente la talla del Resucitado se presenta solo, sin las dos imágenes originales del grupo y el diseño del trono realizado por Fernando Prini no alberga un espacio para el grupo al completo. ¿Por qué habría de contemplarlo? En primer lugar, porque el grupo ya está hecho, por el mismo autor que en su momento lo concibió; no hay que encargar nada nuevo, sino completar. En segundo lugar, porque el grupo de misterio es la puesta en escena plástica de lo narrado en los Evangelios, en concreto en el de San Mateo cuando nos visualiza la resurrección de Jesús y concreta la acción de los custodios de la tumba: al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos (Mateo 28, 1-7). La elección de Capuz de tallar el Resucitado y los dos guardias romanos ayuda de una manera fundamental a la compresión de este misterio esencial del cristianismo y la contraposición entre humanidad y divinidad toma aquí su más alto significado que el propio artista expuso al aseverar que los soldados han sido hechos con modelos humanos, pero no se puede encontrar un modelo para Jesús (Diario Pueblo, 9/04/1946). Porque parece una obviedad recordarlo, ¿quién ha contemplado el rostro de un resucitado? Los dos guardias romanos nos dan respuestas, cada una en un extremo, frente a la abstracción a la que nos obliga la contemplación del Resucitado. En tercer lugar, tenemos ahora mismo la visión del grupo escultórico dispuesto en su totalidad en la exposición de Huellas del Obispado de Málaga que sin duda se contradice con la ausencia de espacio para las dos figuras yacentes en el que es por ahora diseño definitivo del trono del Resucitado.
Estamos en una época en la que, hablando en clave cofrade, queremos volver a lo primigenio, buscar la esencia y lo original como demuestran numerosas restauraciones llevadas a cabo hasta la fecha, "como lo concibió su autor", nos orgullecemos decir. Tenemos la oportunidad de presentar un grupo escultórico del más alto nivel artístico en su total integridad, ¿por qué negarnos a nosotros mismos y a los demás su contemplación cada domingo de Resurrección en un diseño que sin duda podrá ser adaptado por su autor para tal fin?

 

· Almudena Marín Hueso es licenciada en Historia del Arte.

Publicado en Opinión / Tribuna

La aparición en la exposición 'Huellas' del Cristo Resucitado acompañado de su grupo escultórico (suprimido del trono con el estreno del actual, en 1983) y la llegada de Pablo Atencia a la presidencia de la Agrupación de Cofradías, han reabierto el debate acerca de la recuperación para la Semana Santa del conjunto procesional unitario creado por el escultor valenciano José Capuz, estrenado en la Pascua de 1946.

Cada vez más lejos la etapa en la que la talla del titular de la Agrupación de Cofradías estuvo cuestionada desde algunos sectores, en la actualidad, la propia entidad de San Julián ha sabido cerrar filas de forma contundente en torno a la valiosa imagen de Capuz, especialmente con ocasión del Año de la Fe, en 2013; entonces, el Resucitado peregrinó por diversos templos de la capital, acompañó en su bajada a la Catedral a Santa María de la Victoria y presidió la celebración Mater Dei desde la fachada de la plaza del Obispo.

En esa línea de dar calor al Sagrado Titular de todos los cofrades, el anterior presidente de la Agrupación, Eduardo Pastor, expresó en varias ocasiones su 'enamoramiento' del Resucitado de forma pública y no cejó en su empeño para reparar tantos años de desidia y frialdad en torno a una de las principales esculturas del siglo XX en Málaga, de cuya puesta en valor es responsable directo el ente de San Julián.

En esa línea, la asamblea agrupacional que presidía Pastor aprobó un diseño, obra de Fernando Prini, para elevar dignamente la efigie del Cristo, que aún procesiona en unas mediocres andas estrenadas en 1983 y realizadas por Miguel García Navas, que desplazaron al anterior, desde luego más interesante, trono de Pedro Pérez Hidalgo.

Con el titular de la Agrupación de Cofradías razonablemente asentado entre los cofrades -que son los que deberán luego proyectar su mensaje al pueblo-, cabe ahora divulgar y dar a conocer distintas visiones sobre la conveniencia o no de incorporar las figuras de los romanos recostados que completan el grupo escultórico concebido por José Capuz. Estas figuras, restauradas entre 2000 y 2001 por Francisco Naranjo Beltrán a raíz de su alarmante estado de abandono, dejaron de salir con la imagen del Cristo el año del estreno de su actual trono procesional, en 1983, por lo que ha habido generaciones que ni conocen de su existencia ni de su efecto a niveles procesionales.

Ahora, que parece más cerca la construcción de una pieza definitiva para enaltecer el misterio de la Resurrección, cabe detenerse y reflexionar sobre estas dos piezas de importancia capital en el patrimonio de la Agrupación de Cofradías, encargadas en su día para acompañar al Cristo Resucitado, y que han estado durante décadas silenciadas hasta el punto de parecer 'nuevas' para la opinión pública.

En aras a la divulgación y, cómo no, para que cada lector se llene de argumentos extraídos de personas conocedoras de la materia artística, ofrecemos una terna de artículos, de distintos prismas, en donde se reflexiona sobre, no ya el Cristo Resucitado, sino sobre su encaje con el grupo escultórico. La Málaga cofrade está más que capacitada para entablar un debate maduro, reposado y sensato, y así cooperar con la Agrupación de Cofradías a trazar el futuro estético, artístico y principalmente catequético del que es Titular de todos.

 

Opiniones de expertos

· Cómo mutilar la integridad de una obra escultórica, por JOSÉ FRANCISCO LÓPEZ

· Manca la Catedral e incomprendido su Cristo, por ANTONIO PARADAS

· Sin su grupo escultórico el Resucitado es un elemento totalmente desubicado, por TORRES PONCE

· Sin sayones como puesta en valor de un Resucitado cuestionado, por BRIAN CARRASCO

· Una oportunidad de volver a lo primigenio y buscar la esencia, por ALMUDENA MARÍN

· El diseño de Prini debería ampliarse, por JESÚS ABADES y SERGIO CABACO

Publicado en Málaga
Domingo, 12 Octubre 2014

Repercusión nacional

La preocupación por promocionar nuestra Semana Santa, en especial en la capital de España, ha sido una constante desde la fundación de la Agrupación de Cofradías allá por 1921. Hasta ese momento, las cofradías no estaban integradas plenamente en el movimiento que había surgido en la segunda mitad del siglo XIX para promocionar Málaga como destino turístico de invierno. Solo se mencionaba a las cofradías de forma esporádica en alguna Guía de Málaga, como la de 1866, y refiriéndose únicamente a sus sedes.

La fundación de la Agrupación (1921) supuso un cambio radical, una organización, concibiéndose la promoción como instrumento necesario para la obtención de ingresos, esenciales para la subsistencia de las cofradías. En el desarrollo y ejecución de esa idea, facilitando información a la prensa, jugó un papel crucial Joaquín Díaz Serrano, nombrado cronista oficial.

Pero, ¿cuáles fueron esas primeras noticias que llegaron a Madrid de la Semana Santa de Málaga?

A las pocas semanas de la fundación de la Agrupación, y seguramente gracias a la aportación de determinados comerciantes publicitados, aparece en el periódico vespertino La Correspondencia de España (04/02/1921), en su tercera página, un anuncio de las procesiones de Semana Santa. Se indicaba que serían magníficas, haciéndose mención a la subvención aportada por el Ayuntamiento de Málaga, "prueba de su cariño a Málaga y de su interés por el esplendor de las fiestas". Se compartía espacio con el baile de la prensa en el Carnaval.

En el periódico madrileño El Sol (24/03/1922), de índole ilustrada y liberal, con gran relevancia, figuraba una escueta nota en la página cuatro en la que se decía: "Málaga. Se están haciendo grandes preparativos para la Semana Santa. Todas las cofradías realizan grandes reformas y se proyecta una organización perfecta, con objeto de dar el mayor lucimiento posible a la procesión. Hay cofradía que gasta cerca de 20.000 duros en la reforma de sus ornamentos." Se intentaba desde el principio transmitir dos características fundamentales: por un lado, "el orden y solemnidad extraordinarios en perfecta relación con la severidad de la fiesta"; y por otro, la brillantez, "poniéndose a la altura de las de más renombre de Andalucía" (Heraldo de Madrid , 05/04/1922).

En el año 1924 nuestra Semana Santa vive un momento álgido, al que no son ajenos los periódicos nacionales que designan corresponsales periodísticos y gráficos para cubrir las noticias.

En el diario vespertino La Voz (10//04/1924) se insistía en que la nota predominante era el orden en la marcha "que permite conservar en toda la carrera el mismo conjunto estético". En el diario ABC (12/11/1924) se dio publicidad al concurso de carteles para el año 1925, convocado por la Agrupación a nivel nacional y dotado con un premio de mil quinientas pesetas y un accésit de quinientas. Los treinta y cuatro carteles admitidos por el jurado fueron expuestos al público en el salón de exposiciones del Círculo de Bellas Artes de Madrid. A la inauguración de la exposición, de la que se hicieron eco varios diarios como los citados Heraldo de Madrid o ABC, asistió Antonio Baena; le acompañaron Ricardo de Orueta, José Moreno Carbonero, Enrique Simonet y Blanco Coris, entre otros.

 

2014 10 11 prensa LaEsfera1925

 

En 1925 aumenta considerablemente la calidad de la información, ilustrada con fotografías realizadas en la Semana Santa. Ejemplo de esa calidad se encuentra en la publicación La Esfera, revista ilustrada de corte modernista que estuvo publicándose desde el año 1914 hasta 1931. Se trataba de un semanario con una calidad técnica superior a las revistas de su época, que planteaba la imagen como elemento referencial de sus contenidos. Precisamente en esta revista se publicó (03/01/1925) el resultado del concurso de carteles con fotografías de los cuatro primeros clasificados. El especial con motivo de la Semana Santa abrió con una fotografía a toda página del Cristo de Mena a su paso por la tribuna principal en 1924. Igualmente, en el semanario Nuevo Mundo (27/03/1925) se publicó una página completa ilustrada con fotografías de la Buena Muerte y la Esperanza, y del discurrir de una cofradía por Larios.

La labor propagandística en ese año fue intensa. En el diario El Sol (06/04/1925) se publicó un artículo que comenzaba así: "Málaga es una ciudad de placer". Se informaba que veintiuna cofradías procesionarían sus pasos, haciendo especial mención a la primera salida de la Sagrada Cena, "decidida a rivalizar con las más ostentosas y artísticas". Concluía diciendo que, aunque faltaban varios días para el comienzo de la Semana Santa, ya estaban reservadas en los hoteles casi todas las habitaciones de que se puede disponer. "Málaga va a ser, Dios mediante, la sucursal del Paraíso".

 

2014 10 11 prensa LaEsfera1930

 

El diario La Libertad (18/03/1925), un periódico de tono progresista y muy popular, que incluso manifestó una dura oposición a la dictadura de Primo de Rivera, recogía una columna escrita por Narciso Díaz de Escovar en la explicaba con todo lujo de detalles la organización de las procesiones, las características de las cofradías más señeras y el camino recorrido desde la fundación de la Agrupación. Por otro lado, daba cierta tranquilidad a los futuros visitantes: "El Ayuntamiento se dispone a organizar los hospedajes a fin de que no falten como ha ocurrido otros años, y a la vez cuidando de que hosteleros, fondistas, comerciantes e industriales no exploten a los forasteros". Concluía diciendo que para poder juzgar nuestra Semana Santa necesitaba ser vista.

Además de este despliegue en la prensa madrileña, se colocaron anuncios en los tranvías y luminosos en la calle de Alcalá, frente al Teatro Apolo, que decían: "Málaga, Málaga, Málaga, Málaga, el mejor clima del mundo. Málaga, suntuosas cofradías. Arte. Lujo. No deje de ver la Semana Santa en Málaga. No deje de ir a Málaga".

La presencia en las publicaciones de Madrid continuó, aunque a partir de 1929 se redujeron considerablemente los gastos en propaganda debido a las crisis económica. La presencia de Málaga en La Esfera permaneció, protagonizando la Virgen de la Esperanza una de las portadas de sus especiales con motivo de la Semana Santa, publicando un amplio reportaje firmado por Díaz de Escovar en el año 1928 y otro en 1930 sobre la Piedad de Palma. En el diario ABC (13/03/1929) se publicó un artículo firmado por Enrique Garro en el que afirmaba rotundamente: "La Semana Santa de Málaga lo reúne todo".

La Voz (07/04/1931) publicó en portada "Una Semana Santa espléndida", donde se hacía balance con cierto tono crítico por el excesivo lujo de las cofradías malagueñas, excluyendo solo a Servitas. Se decía: "Las demás no aspiran a producir esta emoción religiosa, profundamente ascética, sino a fascinar a los espectadores con las esplendideces de su desfile y la fastuosidad de sus pasos". El artículo lo firmaba Alberto Insúa, quien sería Gobernador Civil de la Málaga republicana.

Como epílogo de tanta grandiosidad, los diarios de la capital también se hicieron eco de lo sucedido poco más de un mes después, aquí y allí. En 1932 el diario El Sol (28/06) anunciaba, bajo el título de "La última procesión", una novela: Las vestiduras recamadas. Era el fin de una etapa.

Publicado en Semana Santa del ayer
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