Desconozco si es una sensación compartida por muchas personas, pero me consta que no me quedo solo si digo que ansío que lleguen diciembre y Cuaresma para poder rezar con la debida concentración ante las sagradas imágenes de la Archicofradía. Verlos el resto del año en aquel erial sin sentido, preguntándose uno diariamente qué hacen ahí, mina el ánimo a cualquiera.
Y es que un Templo, se vio con los años, no es sólo levantarlo. Es pensarlo. Ya no terminarlo siquiera, que todo llegaría, sino verlo finalizado en el espíritu, en el ideario. Y se ve que en la Esperanza no fue así.
La archicofradía perchelera es un colectivo humano tremendo. En todas sus acepciones. Lo bueno y lo malo. Y lo que va camino de aprobarse en la Esperanza parece que lo hace en aras de ser un error. No. No voy a enfrentar ninguna de la infinidad de diseños desterrados con el que defenderá la directiva, proyecto por otra parte, integrado por personas merecedoras de total confianza, cada uno en su parcela.
Me lanzo a cuestionar la base; es una locura, sí, pero necesario que quede en las hemerotecas. Conviene que se sepa que algunos osados desearíamos reconstruir todo el conjunto, desde sus cimientos. Que no es posible verle pies ni cabeza coherentes a ningún proyecto porque la distribución del Salón de Tronos, Casa hermandad y Basílica es difícilmente empeorable. Y, justo es decirlo, es en parte culpa de la evolución de una ciudad que necesitó levantar un puente –el de la Esperanza- en donde había un muro y, por arte de magia, lo trasero se acabó convirtiendo en fachada.
Y la colocación de los Titulares... Está tan viciada la perorata de que tienen que ir juntas las imágenes casi por decreto divino-histórico, que parece dar miedo decir a voz alta: es recomendable y necesario separar al Nazareno y a la Esperanza. Y es posible. No se puede defender el no hacerlo bajo la excusa de la Historia como argumento, cuando disfrutamos de una talla de Benlliure que –felizmente- hizo añicos la trayectoria histórica de la hermandad. No procede abogar por que no presida la Virgen para no herir sensibilidades de los devotos del Señor, cuando ver al Nazareno y entablar un mínimo diálogo a pie de altar va a ser tarea complicada con el futuro retablo. Algunos no quieren honores, sino oraciones.
El problema tiene pinta de ser el de siempre de esta Archicofradía, grandiosa en alegrías y decepciones, en aciertos y errores: su estrechísimo margen de maniobra. En la Esperanza hay presión externa porque todo malagueño la siente suya -más allá del tópico pregonil, leñe, es cierto-. Y dentro de ella hay cientos de sensibilidades, muchas de ellas poco maduras y depuradas, otras escondidas bajo el forofismo de colores verdes y moraos, y todas integradas dentro de una siempre y por sistema, multitudinaria directiva.
Una cosa es colaborar para la Hermandad y otra muy distinta es meterse con calzador en el andar, gestionar y gobernar de un grupo de cofrades que no tiene por qué coincidir con la política de actuación de todos. Pero el error nace del génesis: en los períodos electorales, raramente alguna candidatura de la Esperanza tocará algún tema espinoso. Así, las bandas, el atuendo del Señor, el retablo y un largo etcétera, siempre son propuestas abiertas al diálogo a cambio del gobierno de la archicofradía. Porque mojarse en esas imprudencias pueden quitar votos. Nunca se sabrá si la claridad de posturas podrían darlos.
Porque este navegar en agua de nadie, que a priori puede garantizar un aparente margen de actuación, se acaba convirtiendo con el paso de los años en una trampa mortal parecida a estar encajonado entre camas de faquir, que garantiza el pinchazo moviéndose hacia donde sea.
La Esperanza es compleja; su gobierno debe ser estresante, agotador y lleno de presiones provenientes de todos sitios. Es tan ardua empresa que quien forma parte de su vida interna desconozco si es un héroe, un loco, o las dos cosas.
Que sea lo que sus hermanos quieran, faltaría más. Será, mientras se diluye en el azucarillo de mi café un retablo dorado ensalzando en las solemnidades a la Virgen de la Esperanza en su altar mayor, como la lógica, la devoción y el presente exigen; mientras se deshace como papel quemado las líneas de un retablo de mármol, con su Sagrario de plata, presidiendo un espacio de oración diaria en donde oír las Dulces palabras del Nazareno mientras nos mira a la cara. Se me antoja la solución ideal. Por eso no está dibujado.




















comentarios
Pero como dije ayer, todavía se podrá tapar el camarín superior altísimo con una pintura y hacer un altar lateral para el Señor donde tenga más cercanía y protagonismo. Apostaría lo que sea a que cuando se vea el retablo terminado y las imágenes colocadas y se caiga en el error cometido se terminará haciendo. Tiempo al tiempo...
Que el Nazareno ocupase un retablo lateral en absoluo le resta importancia porque en mi opinión para una imagen como Él es precisamentemla proximidad al pueblo el mayor beneficio posible.
Esta tarde se verá.
Pienso que para nada la Señora de la Esperanza sea la más importante en la Cofradía. No caigamos en errores como éste.
Las dos imágenes son la razón por la cual esta Cofradía sigue siendo la que es y la cual tiene los fieles que tiene. No podemos dejar de lado a una imagen de la calidad que es y decir que la importante de esta Cofradía es la Señora de la Esperanza.
Sr. Cerezo, lo que representas en tu esbozo me parece una genial solución (aunque te lo podrías haber currao un poco más para exponerlo aquí ;-P), especialmente, porque la disposición de una segunda puerta lateral, daría a una segunda capilla o retablo un lugar menos secundario. También se puede pensar en esta disposición, pero cambiando la situación de las imágenes.
También, la posibilidad de ornamentar esta segunda puerta, dotaría a la basílica de otro aspecto exterior, ya que su vista principal es una fachada lateral.
Por cosas como esta Sevilla siempre será admirada, referencia y seguida en todo como perfección insuperable y Málaga... pues siempre será sólo eso, Málaga.
Sr Cerezo, una obra de arte JAMAS es una desgracia y menos de este calado y del autor que la creó. Pero me parece un desacierto por su parte intentar decir que la perdida efigie del nazareno fue un acierto que se quemara. (al menos eso interpreto yo)ojalá estuviese, como mi Cristo de Mena, entre nosotros.
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