No me olvido tampoco de su ensayo sobre la Semana Mayor sevillana Dios de la Ciudad, libro que muchos conocidos cofrades lo tienen por lectura de cabecera, y no es para menos. Como lector, no como crítico literario, que no lo soy, diría que Colón no escribe para contentar, sino para ser honrado consigo mismo. Tengo que decir, para empezar, que su concepto de la Semana Santa sevillana se aleja de mis percepciones de la misma, aunque es seguro que él está más atinado, porque la nació, la vive, la pregonó y la conoce. Yo, nada de eso. Y es que el escritor hispalense nos muestra su preferencia por la celebración de siempre, inamovible y eterna que es encarnada por las cofradías más clásicas: la Amargura, Pasión, el Gran Poder, la Macarena...
De exquisito verbo, la obra de Carlos Colón podrá o no comulgar con la forma que cada uno tiene de entender la celebración, pero resulta irrefutable que cree en lo que expone, y lo basa; esto es, no lo suelta como un capricho y porque sí.
La pena de ser un best seller en esto de las cofradías es que el mismo escritor puede ser víctima de la interpretación fundamentalista de esas lecturas por parte de iletrados; advenedizos que necesitan hacer una carrera intelectual para colocarse en la vanguardia de lo cofrade, llevando las ideas plasmadas en un texto a un extremo ni tan siquiera sugerido por el escritor, pero torpemente colegido por el lector preescolar. Y por eso, es más que habitual oír en estériles conversaciones sobre la Semana Mayor sevillana la continua apología de las hermandades de siempre y la incapacidad de encontrar virtudes en otras, puede que de menor calado pero, dentro de las cuales algunos, muchos, encontramos un mensaje.
Guardo en mi casa, con mimo, numerosos boletines de finales de los noventa de la hermandad del Calvario, fraternidad silente de la Madrugá sevillana a la que Carlos Colón pertenece. En esas páginas existe una columna titulada 'El antifaz', que solía rellenar de sensatez y argumentos nuestro escritor. En una de ellas critica la ferocidad de cierto sector del mundo cofrade sevillano al escandalizarse por la presencia de actores disfrazados con túnicas de nazareno para un rodaje por parte de unos productores alemanes. Y dejaba al descubierto la doble moral del cofrade: menos preocuparse por lo que hacen los alemanes con las túnicas, y más ver la viga en el ojo propio, venía a decir.
Recientemente ha sido polémica en cierto sector del mundillo cofrade la presencia de una murga del Carnaval de Málaga llamada 'Guardería La Fundición': en ella aparecen niños vestidos de nazarenitos con su faraona, rodeado de los padres, de impoluto traje y medalla, videocámara en mano y mochila de Bob Esponja al hombro. Y de fondo, un gran panel de la Virgen de la Esperanza en su trono el Jueves Santo por la Alameda.
Con recordar que en Carnaval nadie, absolutamente nadie, ni instituciones ni personas, están blindadas de las letras y mensajes de las Agrupaciones de canto, sería suficiente para zanjar la polémica. Pero, como cofrade no puedo evitar dar una vuelta de tuerca y mirarnos el ombligo, tras cepillarnos la caspa.
¿Qué querían algunos? ¿Que se respetara lo sagrado del hábito nazareno? Amigo, ¿a qué hora te vas a la cama los días de Semana Santa? ¿No ves, como yo, esa retahíla patética de nazarenos a medio vestir de vuelta a casa, ya encerrada la Hermandad, con capirotes al brazo, bocadillo asido en una mano y culo de la novia aprehendido en la otra? ¿No ves portadores en bares con latas de cerveza a mitad del recorrido? ¿No advertiste nunca hermanos mayores a cara descubierta, cigarro en mano, dando toques a pulso en un encierro? O yéndonos fuera de Málaga ¿No reparas en la decimonónica estampa –me llegó a tildar con cierta ceguera alguno- de los nazarenos desayunando chocolate con churros en la mañana del Viernes Santo?
El disfraz de Nazareno, si tiene algún sitio, es en el Cervantes y en Carnaval –no, en el Pregón de Semana Santa tampoco-. Menos hipocresía y más actuar. Los que tienen voz y papel en los medios de comunicación, que denuncien de una vez por todas y en voz alta el vergonzoso Carnaval de Nazarenos que tenemos que soportar al rayar la nocturnidad en la Semana Santa; que los que participan como penitentes en sus hermandades, asuman el significado de lo que es vestir el hábito; las directivas de las hermandades, que insistan machaconamente en que no ocurran esas desbandadas de descapirotados que manchan la imagen de la Cofradía –les recuerdo que llevar su túnica, es llevar su emblema y el nombre de la hermandad-, contando con mayordomos de vela que se tomen en serio su cargo y no piensen que es un premio; los hombres de trono iguálense todos en Estación de Penitencia, vayan dentro o fuera, sin que haya distintivo, y no 'luzcan' la ropa en bares colindantes ni se hagan fotos seudo-épicas de grupo para el boletín de cofradía. Y los hermanos mayores y altos cargos, que den ejemplo y no capitaneen este Carnaval de la vergüenza. Créanse lo que están vistiendo: no aparezcan en fotografías públicas a cara descubierta, no vayan de cháchara con hermanos mayores honorarios, benefactores y demás celebridades; no se descoquen en los encierros, que la procesión sigue hasta que el Señor y su Madre no se posan en el suelo por última vez; usen el hábito nazareno solamente para salir: ni antes ni después.
Además, no debería molestar ver la Virgen de la Esperanza presidiendo el Cervantes como forillo de una murga carnavalera; añádase a la condición de imagen sagrada en la que muchos depositamos nuestras oraciones, la de ser un verdadero símbolo de nuestra ciudad, de cuyo argumento nos hemos beneficiado siempre para exigir y demandar lo que es justo para Ella. Por otra parte, fotografías de imágenes sagradas en el Teatro han estado aguantando pregones de Semana Santa de repertorio insufrible...
Y es que, con el corazón en la mano, a veces parece el remate de lo absurdo; estos carnavaleros terminaron su popurrí con sentido canto a la Semana Santa malagueña... ¡y más bien deberían molestarse los carnavaleros! Porque a veces los cofrades les robamos su Fiesta durante la Semana Santa, disfrazando de nazareno a gente que no lleva la procesión ni por dentro.



















comentarios
Por todo esto puedo y quiero pensar que, aunque lentamente, vamos siempre mejorando y nunca empeorando.
Dentro de unos años espero recordar todos los comportamientos que usted describe como algo totalmente desfasado y superado por todos los cofrades que pertenecemos a esta bendita ciudad.
Mil gracias de corazón
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