Este 28 de febrero, el barrio de Capuchinos ha cumplido 400 años. Este mismo día del 1620, los frailes capuchinos tomaron posesión de las tierras donde hoy se levanta la iglesia parroquial de la Divina Pastora, para levantar su convento. No obstante, inicialmente se habían establecido en el corazón de la ciudad. El obispo de la época, Luis Fernández de Córdoba Portocarrero, entregó a los capuchinos una ermita situada en la calle Nueva, dedicada a la Concepción de María. En septiembre de 1619 fue su inauguración, pero la vida de la ciudad no estaba hecha para aquellos frailes y pocos meses después se marcharon a extramuros donde poder llevar a cabo su vida de recogimiento. El obispo atendió las peticiones de los capuchinos y les concedió unos terrenos en una loma al norte de la ciudad, donde se levantaba una histórica ermita dedicada a Santa Brígida. Así empieza la historia del barrio de Capuchinos que llega a nuestros días.

Las crónicas narran que desde aquel lugar, las vistas eran admirables, pues se dominaba la ciudad y el mar. No es necesaria mucha imaginación para visualizar el actual barrio de Capuchinos en una colina sobre el centro de la ciudad, a la que se accede subiendo Dos Aceras y la Carrera de Capuchinos; o desde El Molinillo, por la propia calle Capuchinos. Entonces, desde las antiguas murallas, que bien dibuja la actual calle Carretería, todo era campo. En apenas 12 años, la comunidad franciscana consiguió levantar su convento. Aquellos capuchinos dedicaban su vida a la contemplación y la oración, al cuidado de la huerta y a la labor asistencial. De hecho, cronistas de la ciudad cuentan la labor de estos religiosos durante la epidemia de peste que sufrió Málaga entre 1636-37 y, en general, su arraigo entre los vecinos que empezaron a poblar las cercanías del convento. 

La puerta de entrada de los frailes capuchinos a Andalucía fue por Antequera, donde pervive el convento fundado en 1613

La aprobación de esta orden de seguidores de San Francisco de Asís se produjo en 1528, pero no llegarían a Andalucía hasta casi un siglo después. Su puerta de entrada fue Antequera, en 1613, y su expansión por el territorio andaluz fue fugaz, siendo el de la capital malagueña el tercer convento en fundarse (1619) tras el de Granada (1614). Le siguió el de Jaén (1621) y Andújar (1622). Posteriormente, en 1637, debido a la notable extensión de la orden por toda la geografía andaluza, se constituye como provincia autónoma independiente de Castilla y se fundan 14 conventos en otras tantas ciudades. En 1754 existe en Andalucía un total de 602 religiosos distribuidos en 21 conventos, algunos de ellos bajo la advocación de la Inmaculada Concepción de María, dogma al que profesa la orden gran devoción.

 

Una devoción de Andalucía para el mundo

En este contexto, tan prolífico para la orden capuchina en Andalucía, nace la advocación pastoreña y llega la Virgen de Montes de Oca a Málaga. El 24 de junio de 1703, fray Isidoro de Sevilla visualiza a la Virgen María ataviada con atuendos pastoriles y, al día siguiente, encarga a Alonso Miguel de Tovar, discípulo de Murillo, un lienzo para presentar al mundo lo que había visto. El 8 de septiembre del mismo año, el padre Isidoro organiza una procesión desde la sevillana iglesia de San Gil hasta la Alameda de Hércules, con aquel primer icono pastoreño, la pintura de Tovar que conserva la Primitiva Hermandad de la Divina Pastora de Santa Marina de Sevilla, que se fundaría el año siguiente. Pronto, cada convento capuchino tendría su Divina Pastora. 

La Divina Pastora de Málaga debió llegar al convento malagueño con anterioridad a 1931, fecha de la que se conserva una imagen de tamaño académico en barro cocido firmada el citado año por Carolus de la Hinojosa. Los historiadores coinciden al señalar que esta obra parece inspirada en la de Montes de Oca. Desde entonces preside la Patrona de Capuchinos el antiguo convento de aquellos frailes que dieron nombre al actual barrio. La fundación de su Congregación no llegaría hasta 1771, cuando fray Diego José de Cádiz, en una de sus misiones en tierras malagueña, decide fundar una hermandad que vele por la devoción pastoreña en Málaga. De hecho, la fundación de la mayoría de hermandades pastoreñas de Andalucía corresponde a los siglos XVIII y XIX.

El obispo Marcelo Spínola concede a las religiosas Clarisas los terrenos de la antigua huerta capuchina cuando los frailes tienen que abandonar Málaga

En 1835 quedan suprimidas las órdenes religiosas, desapareciendo la provincia capuchina de Andalucía. Con las leyes desamortizadoras de Mendizábal, los capuchinos de Málaga tuvieron que abandonar el convento. Entonces, la iglesia pasó a poder el Obispado y el Estado se quedó con las dependencias conventuales, edificando sobre él el gran acuartelamiento militar de la ciudad. Años más tarde, el obispo Marcelo Spínola concede, precisamente, a la rama femenina franciscana, las monjas Clarisas, los terrenos de la antigua huerta, junto al templo capuchino, para que levanten su convento. La orden capuchina se restauraría en Andalucía en 1898, pero los capuchinos ya no volverían a la capital malagueña. Está documentado que un fraile, el padre José de Vélez, nunca llegó a abandonar la ciudad para quedarse al cuidado de la Divina Pastora y a la espera del regreso de sus hermanos. Las Clarisas también asumieron este cometido desde su llegada y han jugado un papel fundamental en distintas etapas de la historia pastoreña.

En la actualidad, según fuentes del convento capuchino de Córdoba, apenas hay 51 capuchinos en toda Andalucía, repartidos entre las casas de Antequera, Córdoba, Granada, Jerez de la Frontera, Sanlúcar de Barrameda y Sevilla, sede del gobierno de la provincia, lugar donde se conserva la biblioteca y el archivo general de la provincia. Allí están los legajos originales que han permitido fechar el origen exacto de la Congregación de la Divina Pastora de Málaga.

La comunidad salesiana llega a Capuchinos en 1894 y trae la otra devoción histórica del barrio: María Auxiliadora

El convento de clausura de Santa Clara, anexo a la iglesia parroquial de Capuchinos de Málaga, pervive en la actualidad con muy pocas religiosas. Pero para entender el actual barrio de Capuchinos no se puede obviar el capítulo que se escribe durante el siglo XX. La comunidad salesiana llega en 1894 con su gran vocación docente. Pronto abren el colegio de San Bartolomé y traen la otra devoción histórica del barrio, María Auxiliadora, que sería coronada en 1907. El templo del antiguo convento se convierte en iglesia parroquial en 1950, con anterioridad Capuchinos pertenecía a la collación de San Felipe Neri. El resto de hermandades no llegarían hasta la segunda mitad del siglo XX: Prendimiento (1957), Salesianos (1985), Dulce Nombre y Alegría (1987). Aquellos frailes dejaron el centro de Málaga en busca de recogimiento pero, 400 años después, este barrio histórico ha quedado totalmente engullido por una ciudad que se ha multiplicado. Sobre aquella loma permanece, recientemente restaurado, el primitivo convento que levantaron.