Iglesia, cultura, fuertes tradiciones y familia sirvieron al jesuita Daniel Cuesta Gómez para su libro La procesión va por dentro en busca de una espiritualidad cofrade. No contaba entonces con una situación tan especial como la de miles de cofrades confinados en sus domicilios y directores espirituales practicando el teletrabajo. No ha sido la lluvia, no, la que ha suspendido las procesiones. A ella ya estábamos acostumbrados. Lo ocurrido ha sido más traumatizante porque los profesionales de la Psicología no tenían suficientemente estudiada la psique de un cofrade cuando se queda sin su procesión por un estado de alarma.

Ahora que la procesión va por dentro, nos enfrentamos al reto de buscar nuestra vida interior. Corremos el riesgo de que no la encontremos y descubramos lo superficial de nuestra vivencia de la Cuaresma, la Pasión y la Muerte de Jesucristo. Entonces se produce el síndrome de abstinencia con pesadillas catastróficas sobre tronos y túnicas que saltan por los aires junto con algún instrumento musical. No, no estamos en guerra pendientes de que algún bombardero lance su bomba sobre nuestra casa. El enemigo lo podemos llevar dentro, en el alma o en el cuerpo. Al cura le pido, aunque sea a distancia, la Unción de los Enfermos por lo que me pueda pasar y a mis Sagrados Titulares que me echen una mano. Espero que no me toque a mí. No obstante, si te dicen que caí, ya sabes que me fui al puesto que tengo allí.