Debate a la vista e intenso, como mínimo, en Andalucía. El día de San José ha lanzado una pelota de considerables dimensiones en el tejado de los obispos españoles, especialmente los del sur.

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, cuyo prefecto es el cardenal Robert Sarah, ha emitido un decreto para regir la celebración de la Semana Santa en las circunstancias especiales en las que se encuentra el mundo ante la pandemia del coronavirus.

La mayor parte del documento alude especialmente a lo que concierne a la celebración, en puridad, de la Semana Santa, esto es, el Triduo Pascual que incluye la Vigilia de la Resurrección.

El documento es claro: no se puede trasladar. El corazón del año litúrgico es la Pascua; es invariable en el calendario. Tampoco Pentecostés, que es la solemnidad con la que finalizan los cincuenta días de celebración de la Resurrección del Señor.

Las procesiones no tienen el peso litúrgico del Triduo Sacro pero constituyen un fenómeno social e identitario en Andalucía

Sin embargo, de forma residual, en el último párrafo hace mención a las procesiones de Semana Santa que, si bien no tienen el peso litúrgico de la celebración de los tres días santos, en lugares como Málaga y el resto de Andalucía cobra una especial dimensión que trasciende lo religioso para convertirse en un fenómeno social e identitario.

Al respecto, el cardenal Sarah expresa en el decreto que «las expresiones de piedad popular y las procesiones que enriquecen los días de la Semana Santa y del Triduo Pascual, a juicio del Obispo diocesano podrán ser trasladadas a otros días convenientes, por ejemplo, el 14 y 15 de septiembre».

Así pues, queda en manos de cada diócesis la posibilidad de llevar a ‘otra fecha conveniente’ las procesiones de las hermandades de penitencia que este 2020 no podrán celebrar su ritual anual en los días de Semana Santa. Se señalan en el decreto a modo de sugerencia las fiestas de la Exaltación de la Cruz (14 de septiembre) y los Dolores Gloriosos de la Virgen (15 de septiembre).

 

Otra dimensión

El espíritu del decreto, claro está, no tiene en cuenta la particularidad de las celebraciones en Andalucía, en donde sólo con las capitales de provincia y Jerez de la Frontera ya se superan con creces las 300 cofradías. Aunque sí podría ser una vía de salida que pudieran aprovechar los pueblos con menos corporaciones de penitencia para revivir el ritual que este año el coronavirus les ha arrebatado.

En Málaga, así como en otras localidades diocesanas con amplia presencia de cofradías como Ronda, Antequera, Vélez-Málaga o Archidona, por ejemplo, esta medida podría encontrar obstáculos de cariz organizativo. Por no hablar del conflicto con los calendarios de cultos internos y los de las hermandades de Gloria. De cualquier modo, si no prosperara esta desconcertante propuesta, esta vez no sería a causa del freno de la Iglesia.