Qué cierto es que la vida dura una semana. Mañana será cuarto Domingo de Cuaresma y hace apenas siete días que todo saltó por los aires, Andalucía confirmaba la evidencia y con un simple comunicado -por repetido en casi cada municipio de nuestra tierra- nos dejaba sin procesiones en Semana Santa. Qué rápido se dice, con lo que tarda en llegar cada Domingo de Ramos. Pues sólo ha pasado una semana y pareciera toda una vida; sin salir de casa más que al supermercado de la esquina. Salvo quien disfrute del tercer grado perruno y pueda sumar algún metro más en su recluimiento. Aún no hemos pasado lo peor del duelo, como dice Alejandro Cerezo, y ya estamos pensando en qué extraordinaria podemos montar. No quiero ni imaginarlo, el vacío que aún está por llegar puede ser de proporciones bíblicas cuando amanezca el próximo 5 de abril y, efectivamente, confirmemos nuestra realidad. Antes, no son pocos los trances por pasar. Cada uno tendrá su liturgia propia, su momento inalterable que este año será distinto. La mayoría nos reencontramos por las calles, o en los templos, a partir del sábado de pregón. Todos vivimos nuestro particular septenario hasta el fin de la otra cuenta atrás, que es el Viernes de Dolores. Entonces, la vida mete una nueva marcha y acelera hasta su ocaso. ¿Cómo será este año? Cuando salgamos nos volveremos a ver en la Trinidad, pero no será Sábado de Pasión. Queda el consuelo de saber que allí seguirá Jesús Cautivo, el día que sea.

Recluido en casa, uno se da cuenta lo efímero que es todo, aunque por momentos pudiera parecer que las manecillas del reloj ni se mueven. Creo que merece la pena hacer de tripas corazón y no resetear la cuenta atrás hasta que vuelva a llegar la Pascua. Algunas hermandades se están esforzando en celebrar sus cultos de forma virtual y merece la pena sumarse a vivir la experiencia, aunque a todos nos guste la calidez que reporta una candelería encendida, el olor áspero que deja el pabilo quemado cuando el albacea termina de encender los cirios y el boato de la función principal de nuestra cofradía, con mucho incienso para purificarnos por fuera. En este tiempo de conversión, que sigue siendo, quizá podemos intentar purificarnos por dentro. La estampa de nuestra devoción, unos cultos virtuales y un simple Padre Nuestro podrían ser nuestras armas. Tiempo habrá de inventar una extraordinaria que, dicho sea de paso, en ningún caso servirá para paliar una Semana Santa sin nazarenos en nuestra Andalucía. Procesiones tenemos todo el año, qué más dará una más que menos.

No hay crisis en la que la Agrupación de Cofradías esté a la altura en lo que a comunicación se refiere

También hace sólo una semana del penúltimo ridículo del aparato de comunicación de la Agrupación de Cofradías. No olvidemos ese tuit de la vergüenza, borrado en pocos minutos porque hasta su autor debió darse cuenta de cuan bochornoso como prescindible era, quizá de su horrorosa redacción. Y ahora que tenemos tiempo de mirar el día con perspectiva, cabe preguntarse hasta cuándo y porqué. No hay crisis en la que la Agrupación esté a la altura en lo que a comunicación se refiere. Y en estos casos, la comunicación lo es todo, o casi todo. Desde luego, es lo único que trasciende. ¿Hace falta recordar los capítulos de lluvias y el desconcierto que genera @cofradiasmalaga? Muchas veces, pareciera que ponen a un mono encerrado en una jaula a lanzar tuit, a lo que salga. Y así sale. Todos sabemos que las comparaciones son odiosas pero en ocasiones se hacen imprescindibles para dejar de manifiesto que otra realidad es posible. Si acaso alguno no quiere verlo, claro está. Hace ahora un año que tengo activas las notificaciones de Twitter del Consejo de Cofradías de Sevilla. Visto el despropósito que hacen desde San Julián, quería comprobar si allí la cosa funcionaba igual. Empezando por la gestión que realizaron el último Viernes Santo, pasado por aguas a pies de la Giralda; la forma de contar cualquier jornada de la Semana Santa, lo cotidiano del día a día durante el año o cómo mantienen el pulso esta inusual Cuaresma. Sin alardes, sin mensajes barrocos, con una comunicación proporcionada, efectiva y de cofrade a cofrade. No se pide más, aunque aquí parezca un universo. Cosa distinta es que prefiramos seguir paseando entre reyes desnudos.

Con la vorágine cuaresmal, hemos dejado pasar el último cameo político vivido en San Julián. El Partido Popular sigue haciendo uso de la Agrupación de Cofradías para hacerse la foto de turno cuando le da la gana. Parece que nos hemos acostumbrado pero ni es normal, ni es de recibo. Aquel primer coqueteo pepero en San Julián, con Eduardo Pastor de presidente, nos escandalizó a todos. Pero Pablo Atencia es el presidente que ha abierto de par en par las puertas a los políticos. Además de privatizar la presentación del cartel, primero, y todo un centro histórico llegada la Semana Santa, con una ratonera de Recorrido oficial. A ver ahora cómo se revierte la situación. Sigamos con la comunicación: mientras se deciden a pronunciarse sobre la devolución del dinero de las sillas de Semana Santa, por ahora la estrategia es marear la perdiz. Ni sí, ni no, sino todo lo contrario. Y desde la Agrupación deslizan a Europa Press que las cofradías van a pasar «importantes dificultades económicas» y que están «calculando cómo aguantar este ejercicio con esos gastos menores que se han ahorrado». Hablan de cera, flores y música. Todos los cofrades sabemos que este discurso es una gran patraña, pues el gasto de cera se recicla para el año próximo, las flores no se han pagado, si las bandas cobran algo es una parte simbólica y las papeletas de sitio se han ingresado en gran parte. Desde luego, para agujero el del florista que no ha vendido ni un clavel. Pero supongo que es mentira que más de cien mentiras no digan la verdad.