Cuando iba a un Triduo de una hermandad me sentaba a contemplar el primoroso altar realizado por la albacería de culto de la corporación. Entre tantos detalles con gusto y sentido litúrgico, mis ojos se iban a una situación que siempre se daba. Allí estaba silente y alejada de todos los demás ojos. En una esquina sola, entre la multitud, consumiéndose poco a poco estaba la vela doblada. Quizás a la hora de fundir la cera no quiso ser presa de la rectitud o quizás tuvo un desencuentro con la plata de aquel candelabro. La vela doblada siempre era sinónimo de la mofa cofrade. Los índices acusadores marcaban la foto señalada para que en grupos y redes sociales marcaran al leproso de los cultos.

En esta Cuaresma del desierto, donde el virus nos tienta en la desesperación, el desanimo y la desgana; en esta Cuaresma de la oscuridad sin primavera; en esta Cuaresma que con el castigo doloroso de no poder oler a azahar y aunque los medios digitales nos traigan ecos de cornetas por el Arco de La Cabeza, como fantasmas errantes de cualquier ensoñación, debemos ser la vela doblada.

Estamos en el momento histórico de revertir la curva de lo espiritual en el mundo cofrade

Debemos ser la vela doblada que nos enseñe que lo frutal de los oropeles y las telas son solo algo de paso que queda completamente caduco cuando la vida decide ponernos en nuestro sitio. Seamos la vela doblada que se salga del candelero para indicarnos que el rezo, el rosario o la eucaristía es lo que nos mantiene vivo con el Señor durante el resto del año. Aprovechemos estos momentos donde echamos de menos la cofradía, para dejar de pelearnos. Darnos cuenta de que los besos y abrazos siempre vencen a las injurias y a las conspiraciones políticas que abundan en los senos de las hermandades.

Estamos en el momento histórico de revertir la curva de lo espiritual en el mundo cofrade. Un mundo que sinuosamente se ha estado alejando de la palabra en mayúscula que lo justifica y que no es otra que la Iglesia. De ti depende que cuando esta pesadilla acabe y la situación poco a poco revierta en el gozo de los días azules, seamos un torrente de cristianos alegres que llenan templos en acciones de gracia. Porque Dios escribe recto, en renglones torcidos y todo siempre tiene una explicación. Sea esto un aviso del abandono de los sagrarios. Incluso en esta situación límite todavía hay gente que predica la maldad pues recordemos perdonar setenta veces siete.

Volverán las curvas imposibles. Esos guantes llenos de cera. El limón y el Cañadú. El olor a paraíso. El solo de corneta. La madera golpeando el metal. La manzana de caramelo. Aquel nazareno de ojos verdes. La bendición. La mole malagueña. El banderín sacramental. Las torrijas de tu abuela. Un manto alejándose por la Alameda. Una cruz arbórea. Cascabeles. Estampitas. Espadañas y niños, muchos niños. Y cuando todo vuelva, tú y yo contemplaremos un trono de Virgen por una calle angosta con toda la candelería encendida. Nos emocionaremos. Y en silencio, entre lágrimas, una sonrisa nos llenará el alma cuando veamos un ligero doblez en una de las marías de la Señora. Sé La Vela Doblada. Encuentra a Dios.

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