La caleidoscópica configuración de la Semana Santa andaluza eleva a la creación artística a un papel preponderante -en cuanto medio de comunicación trascendental-, al estar en la base de la puesta escena de las diferentes corporaciones nazarenas. De hecho, sin esta aportación, la transmisión de los valores evangélicos y la promoción del culto público, fines primordiales de estas asociaciones, tendrían que encaminarse hacia otros parámetros que, obviamente, dificultarían la llegada de ese mensaje a los fieles. Creación artística que no solamente abarca la materialización plástica de las imágenes, sino que igualmente comprende otros parámetros. Entre ellos destaca todo un aparato simbólico fundamentado en un discurso de raíz teológica, cristológica y mariológica para dotar las representaciones escultóricas de sentido unitivo y moral a través del conocimiento que aporta la fe.

Por lo tanto, el acercamiento a esta realidad desde la historiografía artística ha de comprender todos los matices que la componen; de ahí que, durante los días de Semana Santa, pretendamos acercarnos, desde la pedagogía didáctica, a otra forma de ver los cortejos procesionales y los elementos que lo integran, más allá de los tópicos y las repetitivas descripciones. Nuestro interés radica en explicar símbolos, alegorías, connotaciones y particularidades que convierten estos días santos en un complejo universo artístico al servicio del dogmatismo religioso y que, en Málaga, se desarrollan con singularidad.

La palmera que acompaña a Jesús a su Entrada en Jerusalén es un elemento asociado desde la antigüedad a la gloria y la inmortalidad

La jubilosa jornada de hoy, Domingo de Ramos, propicia la aparición de diferentes elementos vegetales que vienen a completar, simbólicamente, los diferentes Misterios que se procesionan. En efecto, la palmera que acompaña a Jesús a su Entrada en Jerusalén es un elemento asociado desde la antigüedad a la gloria y la inmortalidad a partir de la disposición radial de sus hojas, semejantes a los rayos del sol, símbolo de buen augurio. La cultura cristiana adaptó dicha simbología dotándola de un carácter victorioso en cuanto a triunfo del martirio sobre la muerte, de ahí que se asimile desde entonces a la iconografía de todos los mártires que dieron su vida en defensa del credo cristiano. En particular, su presencia en la triunfante entrada del Señor viene a reforzar el mensaje mesiánico de su presencia salvadora que, a lomos del pollino, bendice al pueblo que lo aclama gozoso con palmas.

Así mismo, otro elemento vegetal que protagoniza la tarde es el olivo. Originariamente consagrado a Palas Atenea, diosa olímpica de la paz, los primeros cristianos mantuvieron ese mismo carisma simbólico reforzado por la narración veterotestamentaria del Génesis en la que Dios Padre envía a Noé una paloma con una rama de olivo en su pico, en señal del final del diluvio universal y de su reconciliación con el género humano. Su aparición en los tronos de Jesús del Prendimiento y Jesús Orando en el Huerto recuerdan la imagen del acebuchal de Getsemaní, lugar en donde según las Escrituras tuvo lugar el apresamiento de Cristo y, meses más tarde, su definitiva ascensión a los cielos.

Pero si importante son elementos como la palmera o el olivo, no lo son menos los diferentes gestos que podemos contemplar en estos Misterios

Pero si importante son estos elementos, no lo son menos los diferentes gestos que podemos contemplar en estos Misterios. Inocentes miradas en los niños con cestos de flores en la Pollinica; manos que se alzan al Padre para suplicar que la amargura del cáliz de sangre pase rápidamente sobre el Señor del Huerto; sorpresa de la Verónica cuando Cristo deja impresa su faz en el lino blanco de su paño; acusación contundente la de la mujer que, en el patio de Caifás, reconoce a Pedro como uno de los discípulos del Maestro, que camina escoltado por dos hirientes soldados del Sanedrín; o el gesto de ira del mismo apóstol que, en el Prendimiento, se dispone a cortar la oreja al soldado Malco; y, por último, la retirada de Claudia Prócula en el momento en que su esposo, el Procurador Pilato, presenta a Cristo cual Ecce Homo. Gestos, instantes, miradas, modos y acciones que anuncian la Pasión de Cristo según Málaga.

 

(*) Este texto de Javier González Torres, doctor en Historia del Arte por la UMA, se escribió durante la Semana Santa de 2005 y fue publicado en las páginas del diario Málaga hoy. Aquí vuelve a reproducirse.

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