Hoy, Miércoles Santo, es un día en el que podemos destacar el poderoso influjo de la creatividad artística aplicada en el dificultoso terreno de la escultura procesional. En efecto, al amparo de los dictámenes de la teoría y la erudición teológica, el arte siempre ha desarrollado un importante papel en la elaboración de los diferentes repertorios iconográficos, conjugando según las posibilidades y aptitudes de los artistas, el seguimiento de la narración evangélica con los diferentes gustos estéticos de cada tiempo, dando lugar a representaciones plásticas que combinan a la perfección el sabor popular con el respaldo erudito que otorga la fundamentación mística.

Ejemplo es la presencia de Jesús Nazareno titulado “El Rico”, que aún hoy mantiene, aunque sea una escultura contemporánea, el “sabor” que otorga el abolengo dieciochesco: cabellera rizada de pelo natural, potencias y corona de espinas en metales nobles, cruz de madera con cantoneras y ribetes plateados, cíngulo dorado con borlones sostenidos por querubines y túnica bordada en oro con cola. Imagen codificada de la escultura barroca que hunde sus raíces en el patetismo de los crucificados del gótico tardío para verificar el simulacro a una realidad más veraz, en la medida que posibilitan estos aditamentos extra-artísticos, con el claro objetivo de la conmoción y la adhesión del que lo contemple. Rasgos que, igualmente, no tendrían cabida en otro tiempo o en grafías de diferente signo, pero sí en circunstancias y momentos que, recuperadores del pasado, impulsan a la creación plástica hacia la recuperación consciente de manieras ancladas en lo antiguo y que encuentran, en el modelado del cuerpo y la policromía cetrina del Cristo de la Expiración, al igual que en el tratamiento volumétrico de la cabeza del Cristo de la Sangre, la demostración más clara de la combinación del pasado con los conceptos aplicados por la modernidad.

El modelado del cuerpo y la policromía cetrina del Cristo de la Expiración, al igual que el tratamiento volumétrico de la cabeza del Cristo de la Sangre son la demostración más clara de la combinación del pasado con los conceptos aplicados por la modernidad

Diferente situación nos la otorga la belleza tardo-romanista del Cristo de Ánimas de Ciegos, desfigurada por las incursiones de la corona de espinas y el retallado del paño de pureza, que no obstante dejan entrever uno de los ejemplos más claros de aquel círculo escultórico malacitano que, en los albores del siglo XVII, no pudo subsistir frente a la poderosa influencia ejercida desde Sevilla y Granada, quedando abocado a un más que notable intento de asentar en la ciudad un arte escultórico propio, a semejanza del de los plateros, abocado no obstante al sueño de lo que pudo ser y no fue.

En la actualidad, el estudio de las características definitorias de aquellos círculos escultóricos denominados “clásicos”, permite a los artistas la combinación, en un mismo volumen, de elementos de dispares procedencias armonizados mediante la aplicación de un canon unificador. Prueba de ello son los Misterios del Santo Cristo de las Penas (Salesianos), en donde lo castizo se une a la gestualidad sensible o, por el contrario, en los grupos de Azotes y Exaltación, en el que las premisas iniciales chocan de frente con la materialización desigual de las imágenes.

Pero, si existe una aportación singular a la iconografía artística en esta jornada, ésta es sin duda la del Misterio del paso de la Puente del Cedrón. Entendida como una temática que ejerce de transición entre los instantes vividos en el prendimiento de Cristo en Getsemaní y su traslado posterior al palacio del Sumo Sacerdote Caifás, las lacónicas referencias de los Evangelios fueron la fuente primaria donde la especulación teórica franciscana y la posterior jesuítica, encontraron la justificación teórica para desarrollar, plásticamente, un Misterio en el que Cristo, escoltado por la soldadesca, pasaba el torrente Cedrón que separaba el acebuchal de la ciudad. Desarrollado con mayor prestancia por Salvador Gutiérrez de León, en el siglo XIX, la Puente es una muestra fidedigna de una iconografía vernácula sin precedentes en el arte procesionista español, tan sólo comparable a otras realizaciones escultóricas del sur de Italia y a sesgados testimonios pictóricos.

Archivado en: Paloma, Semana Santa 2020.