Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y tenemos un nuevo ejemplo de ello. Un efectivo de la UME se detiene delante del impresionante retablo cerámico del Nazareno de Viñeros (Daniel García Romero, 2015), ubicado en la plaza de los Viñeros, para saludarlo según los cánones castrenses. Se repiten imágenes de este tipo en distintas localidades andaluzas, lo que pone de manifiesto la importancia que tienen en nosotros las imágenes religiosas y el vínculo afectivo que establecemos con ellas. Más que nunca, los retablos cerámicos, mosaicos, o azulejos, adquieren más sentido que nunca.

Al igual la imaginería, los mosaicos tienen una doble vertiente: por un lado, nadie duda que las obras salidas de los hornos de creadores como Daniel García Romero, Pablo Romero, Patricio Zabala o Ángel Lora sean verdaderas obras de arte, pero nunca nos olvidemos del fin primero de su realización, que es el de fomentar la devoción a una imagen concreta.

Un soldado de la UME saluda ante el mosaico del Señor de Viñeros.

Como si fueran una especie de prolongación en el espacio de la imagen de Cristo o la Virgen, los retablos cerámicos nos permiten establecer un vínculo más cercano, dedicar una oración o pedirle por alguna intención personal cuando los templos están cerrados, como es el caso actual. Hoy, con la situación extraordinaria que estamos viviendo, los mosaicos se sobredimensionan y se convierten casi que en la única manera para dedicar unos segundos de oración a nuestra devoción personal de una manera más visual. Jesús Cautivo, la Esperanza, Macarena, Jesús del Gran Poder o el Abuelo son algunas de las miles de imágenes andaluzas a las que aquellas personas tienen que salir a la calle por trabajo o a aprovisionarse en estos días de confinamiento, se encomiendan con una breve oración. Como si fuera un saludo furtivo a un vecino que lleva el rostro oculto con una mascarilla.

Por otro lado, la azulejería puede retrotraernos al pasado cuando evocan imágenes desaparecidas por distintos avatares. En Málaga contamos dos ejemplos paradigmáticos, como son el del antiguo Nazareno de Viñeros en la recoleta calle Andrés Pérez, y sobre todo la emblemática pareja vidriada del Paso y la Esperanza, que miran al Puente de los Alemanes junto a la capilla de la Virgen de los Dolores. Éstos últimos han sido imán devocional en momentos tan difíciles como el primer lustro de la década de los 30’ del siglo pasado, superando la triste desaparición de El Moreno de Santo Domingo, cuya imagen pervive no solo en la memoria de los malagueños, sino que también en sus calles.

Archivado en: Semana Santa 2020.