Hoy, Jueves Santo, es uno de los días que según el dicho popular “relucen más que el sol”. Y lo hace porque se conmemora la institución pascual de la Eucaristía. El recuerdo del cenáculo donde Jesús compartió el pan ácimo y el vino con sus discípulos, momentos antes de acudir a Getsemaní y comenzar el tortuoso itinerario de la Pasión, se hace presente en una jornada marcada por el signo sacramental.

Y no solamente por procesionarse el Misterio de la Cena sino porque cada corporación pasionista presenta una trayectoria histórica ligada a la adoración eucarística. En efecto, el auge de las Hermandades Sacramentales durante el Barroco fue espectacular; sobre todo en Málaga, en donde podemos encontrarnos con cuatro poderosas corporaciones que, prácticamente fundadas a la vez, ejercieron un poderoso influjo devocional y social en las Parroquias donde residían: esto es, la de Santa María (El Sagrario), Santiago, San Juan y los Santos Mártires. A éstas les siguieron otras tantas, mediado el siglo XVI, especialmente las fundadas en los conventos franciscanos, dominico y carmelita, que vinieron a acrecentar el patrimonio artístico de la ciudad a partir de la edificación de Capillas Sacramentales. En estos espacios se combina la definición dogmática con simbolismos de variados significados, dispuestos para expresar el propio lugar de veneración en el que Cristo, prefigurado bajo las especies consagradas, toma carta de presentación ante los fieles, inmerso en un universo escénico compuesto por una variable serie iconográfica vinculada a las grandes enseñanzas de la Iglesia vinculadas al misterio mesiánico.

La fundación de Hermandades Sacramentales en parroquias y conventos acrecentaron el patrimonio artístico de la ciudad a partir de la edificación de Capillas para el Santísimo

Precisamente, en el Convento del Carmen, el Señor caído de la Misericordia presidía la Capilla eucarística del templo, uniendo así la devoción insigne de los carmelitas con el culto de mayor auge de la época moderna. De modo similar ocurría en el Convento de Santo Domingo con el Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso, que ocupaba un lugar preferente en la nave dedicada a la Virgen del Rosario.

Por el contrario, el rito de la elevación de las especies consagradas, proveniente de la liturgia cluniacense, tenía la intención de crear una ambientación apropiada con el instante decisivo en el que el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. La depuración de este rito derivará en un paulatino incremento de la espiritualidad interior frente a la teatralidad externa, convirtiéndose en precedente para las posteriores disposiciones que impondrá el Concilio de Trento. El Misterio de la Sagrada Cena nos recuerda fielmente ese momento, al que también alude el Santo Grial sobre la mesa; rememoración palpable en toda celebración eucarística en la que se renueva constantemente el sacrificio de Cristo a través de los frutos de su Redención, revalidándose con ello la nueva Alianza entre Dios y los hombres.

Un universo simbólico, de raíz vegetal y animal, marcado por multitud de connotaciones eucarísticas y cristológicas, se hace patente en la Hermandad de Viñeros

Ese universo simbólico, de raíz vegetal y animal, marcado por multitud de connotaciones eucarísticas y cristológicas, se hace patente en la Hermandad de Viñeros. Desde el color “vino tinto” de las túnicas hasta la ornamentación de los cajillos de sus tronos, pasando por las sinuosas vides y pámpanos que circundan, bordados en oro, los capirotes e, igualmente, por el lema que luce en su heráldica corporativa, componen la consumación plástica del dogmatismo sacramental más popular.

La devoción a las ánimas del purgatorio, difundida a partir del siglo XVIII, se hace patente en la Congregación de Mena, que rinde culto anualmente a la Buena Muerte de Cristo en el mes de noviembre. Esta práctica piadosa hunde sus raíces, principalmente, en las Hermandades Sacramentales, apoyadas en el papel mediador de Cristo entre las almas de los fieles que se debaten entre las tinieblas del pecado y la claridad del firmamento celeste.

Por último, la advocación del Santo Suplicio, titular de la Hermandad de la Amargura, contemplaba en el Misterio ejecutado por Castillo Lastrucci, pasto de las llamas en 1931, una serie de elementos simbólicos representativos de la Pasión: la cruz del martirio y el cáliz de la Pasión.