Ante una Semana Santa sin precedentes, que cada cofrade deberá vivir en la intimidad de su domicilio por una pandemia que asola a la humanidad, elcabildo.org propone este camino hasta la Pascua. Además de mantener el compromiso editorial aunque no salgan las procesiones, las estaciones del Vía Crucis que rezó el Papa Francisco la pasada Semana Santa serán el hilo conductor en este medio de comunicación hasta que iniciemos nuevamente la cuenta atrás hacia otra Jornada de Palmas. Aquí, una invitación a conmemorar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, a través de los ojos de Málaga…

XIII Estación

Reflexión: ¿Quién recuerda, en esta era de noticias vertiginosas, a las veintiséis jóvenes nigerianas, desaparecidas bajo las olas, cuyos funerales fueron celebrados en Salerno? Su calvario fue duro y largo. Primero la travesía por el desierto del Sahara, hacinadas en un improvisado autobús. Después la parada forzosa en los horribles campos de acogida en Libia. Finalmente, el salto al mar, donde encontraron la muerte a las puertas de la “tierra prometida”. Dos de ellas llevaban en su seno el don de una nueva vida, niños que no verán nunca la luz del sol. Pero su muerte, como la de Jesús bajado de la cruz, no fue en vano. Confiamos todas estas vidas a la misericordia del Padre nuestro y de todos, pero sobre todo Padre de los pobres, de los desesperados y de los humillados.

Oración:Señor, en este momento, sentimos resonar una vez más el clamor que el papa Francisco elevó en Lampedusa, meta de su primer viaje apostólico: «¿Quién ha llorado?». Y ahora, después de infinitos naufragios, seguimos clamando: «¿Quién ha llorado?». ¿Quién ha llorado?, nos preguntamos frente a los 26 ataúdes alineados y en los que se distingue una rosa blanca. Solo cinco de ellas fueron identificadas. Con o sin nombre, todas, sin embargo, son hijas y hermanas nuestras. Todas merecen nuestro respeto y recuerdo. Todas nos piden que nos sintamos responsables: instituciones, autoridades y también nosotros, por nuestro silencio y nuestra indiferencia.

«Madre de la belleza, que florece de la fidelidad al trabajo cotidiano»