“Sevilla es una cara morena a la que mi madre rezó”

(Pregón de la Semana Santa de Sevilla, 2019. Charo Padilla)

 

La hermandad de la Macarena iniciaba El 12 de marzo del presente año un programa de actos muy especial con motivo del primer siglo desde la trágica muerte del diestro José Gómez Ortega ‘Gallito’. Varios eventos y actividades enmarcados bajo el título ‘Joselito. Cien Años de Gloria’ que estaban previstos que duraran hasta noviembre y que se clausuraría con el descubrimiento de un monumento en su honor. Huelga decir que de momento todo está paralizado hasta nuevas decisiones y mejores circunstancias. El primero y único de los actos hasta el momento fue una mesa redonda con un tema muy claro: ‘Las devociones de José: la Macarena’. En ella el historiador Andrés Luque Teruel y el abogado y pregonero de la Semana Santa de Sevilla, Enrique Henares estaban moderados por el periodista Álvaro Rodríguez del Moral. Una iniciativa que, en boca del hermano mayor de la cofradía, José Antonio Fernández Cabrero, también presente en la tertulia, pretendía “ayudar a mantener el fuego del bien ganado culto que merece su nombre”. Teniendo como eje esa mesa redonda y los numerosos datos y curiosidades que allí se vertieron, se inicia con éste una miniserie de cinco capítulos que repasan la indisoluble unión emocional, devocional y social existente entre ‘Gallito’ y la hermandad de la Macarena, siempre teniendo como guía a la Virgen de la Esperanza de San Gil.

José Gómez ‘Gallito’. (Real Academia de la Historia)

La historia comienza a principios del Siglo XX, cuando José, a quien sólo su madre y sus más íntimos llamaban Joselito (jamás se anunció con ese sobrenombre, sólo como ‘Gallito’), contaba con 5 ó 6 años. Así lo explica, Luque Teruel, hijo a su vez del desaparecido y recordado banderillero sevillano Luque Gago, que apunta a esa etapa de su vida cuando la madre de la criatura, la bailaora Doña Gabriela Ortega, se da cuenta de que su hijo iba para matador y quería ponerse delante de un toro. La piedra de toque fue cuando el que sería el ‘Rey de los Toreros’ corrige a su hermano Rafael (‘El Gallo’, ‘Gallito’ o el Divino Calvo para los carteles y/o anales), que ya era conocido. Le dice que se ha equivocado, que no ha citado al toro en el lugar preciso ni con la mano correcta. “La madre se echa a temblar, ve que el niño va a ser torero y le echa una promesa a la Virgen de la Esperanza”. La cuestión es por qué la promesa es a Ella. Para contestar la pregunta es necesario ubicar a la familia geográficamente: aunque de los domicilios de los Gómez Ortega se hablará en el siguiente capítulo en profundidad, apuntar aquí gracias a Luque Teruel, que ellos habían sido vecinos de la calle Relator de Sevilla pero se habían desplazado a Gelves, municipio sevillano en el que nació José, por motivos laborales. Como otros muchos vecinos del barrio de la Macarena que habían tenido que abandonar la capital para afincarse en algún pueblo, era costumbre el Viernes Santo, por la mañana, ir a ver a la hermandad pasar por la puerta de la que había sido su casa. Al paso de la Virgen por la calle, se hizo la promesa: “Cuida de mi niño e iré siempre detrás de ti el Viernes Santo”. “A partir de ahí, Gallito, tremendamente madrero, se hace macareno”.

 

Dado que lo hechos hablan por sí solos, se puede decir que la devoción de José por la Virgen de la Esperanza le acompañó toda su vida. En cuanto a la presencia en los documentos de la hermandad, la corporación sevillana tiene constancia de José en la nómina de hermanos desde 1914, aunque ya desde 1911 había contactos. Esa  pertenencia se concreta el 14 de agosto de 1914, que se celebra su primer festival a beneficio de la Hermandad en la que José actúa junto a José Gárate ‘Limeño’. En 1915 ‘Gallito’ ya costea la renovación de los ropajes de la Centuria junto al mayordomo José Jiménez Molés, que pervivieron hasta la reforma que hace de los mismos el orfebre Jesús Domínguez. Ese mismo año, el 16 de mayo, entra a formar parte de la junta de gobierno de la mano del reputado Rodríguez Ojeda, como fiscal primero. El 10 de diciembre de 1915 financia los ciriales y los candelabros de cola (arbotantes traseros en según qué ciudad) que se perdieron en San Gil en 1936. Dicha iglesia, que fue saqueada y picada en aquellos pesarosos episodios, era todavía la sede de la Hermandad Macarena, lo era desde 1653 y lo siguió siendo hasta el año 1949 que se construyó la Basílica donde reciben culto hoy los Sagrados Titulares.

La Centuria Macarena. (Serrano)

Esto último lo explica José Antonio Fernández Cabrero. Y añade algo que no es baladí: “Joselito desde el punto de vista de la Hermandad fue un ferviente devoto de la Virgen y un benefactor”. “Se escribió de él -prosigue- que fue ‘enciclopedia viva’ o ‘catedrático que lo enseñaba todo porque lo sabía todo’. Eso es poco comparado con el hermano y oficial de junta y nada, comparado con el benefactor, porque contribuyó como un príncipe a todo lo grande de esta hermandad”.

Para el actual hermano mayor macareno, José “era un adelantado a la asistencia social” y les “abruma” su ingente obra siendo “tan joven”. La lista de sus ideas humanitarias materializadas no es corta, y por ejemplo se puede por empezar por la creación de un premio para ayudas en los estudios. Esto se demuestra por la constancia en los registros de estudiantes de Magisterio que pudieron afrontar sus estudios financiados por él, lo que desembocó en que actualmente la hermandad cuente con un área de becas de ayudas universitarias. “Fijaros si era una adelantado”.

José Antonio Fernández Cabrero, hermano mayor de la Macarena afirma que ‘Gallito’ era un adelantado a la asistencia social

La asistencia social de la hermandad de la Macarena tiene actualmente un listado de colaboradores que en la cofradía se denominan  suscriptores, es decir, personas que mensualmente hacen una donación para la asistencia social. Ya él inició tareas de suscripciones, como se recogen en las actas para la caridad, como también hay registradas grandes aportaciones para el culto. “Es como si él fuera una asistencia social andante o viviente”, hace hincapié Fernández Cabrero en que esto es mucho más que los bienes para la hermandad que también facilitó. Explica que esta filantropía se constata en los anales: “Ahí están las viudas y los huérfanos por cuyos beneficios expuso su pellejo; y las madres y las hermanas de tantos a quienes socorrió con mano pródiga”. Considera que “Joselito era más querido que admirado». “Hay un dato curioso donde podemos constatar que José era un poco como El Cid Campeador,  que ganó batallas de muerto, ya que el 14 de mayo de 1926, la junta de gobierno de entonces donó limosnas consistentes en hogazas de pan en su memoria, en vísperas del aniversario de su muerte.

La Esperanza Macarena. (@hdad_macarena)

En definitiva: “el hermano José prefiguró la asistencia social actual nuestra por eso tiene la hermandad permanentemente una deuda con él. No son las mariquillas de José lo que le caracteriza, lo de José fue su compromiso social. José sigue estando, porque si no, nosotros no estaríamos aquí”, Fernández  Cabrero dixit.

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