Fue del 9 al 15 de abril; veinticinco años se cumplen de la Semana Santa de 1995. Las casas de hermandad de los Gitanos y Viñeros, así como el futuro complejo de iglesia y casa hermandad de la Cofradía de la Paloma estaban en plena construcción. El Cristo de los Milagros se alzó protagonista en el cartel pintado por el ya fallecido José Robles Muñoz y el madrileño Gustavo Villapalos, que acababa de dejar su cargo de Rector de la Complutense para ocupar el puesto de Consejero de Educación y Cultura de la Comunidad de Madrid, fue encargado de pregonar la Semana Santa. Un nombramiento polémico. ¿Recuerdan los menos jóvenes la pintada en el pavimento de una calle del centro de la ciudad? «Villapalos no; queremos pregonero malagueño».

¿Recuerdan los menos jóvenes la pintada en el pavimento de una calle del centro de la ciudad? «Villapalos no; queremos pregonero malagueño»

La Semana Santa del 95 contó con tres grandes novedades. De una parte, la primera salida del Cristo de la Crucifixión. Esta cofradía cumplía su segundo año agrupada, tras pasar por Tribuna a modo de prueba en 1993. La incorporación de este titular en tan pocos años resultó llamativo; recuérdese que cofradías de más bagaje como la Salutación, el Ecce Homo o la Salud aún procesionaban un único trono.

La otra primera salida aconteció el Domingo de Pascua: la Virgen Reina de los Cielos, titular mariana de la Agrupación de Cofradías, acompañaba durante el recorrido por primera vez a Cristo Resucitado. Bendecida el Día de la Inmaculada de 1993, la Reina de los Cielos fue sacada en andas al Domingo de Resurrección siguiente, para recibir al Señor en el encierro en San Julián. En 1995 sí sería la primera salida procesional con dos secciones, saliendo la Virgen aún sin palio y con la carpintería del trono en madera a falta de aplicarle la orfebrería, presentando un aspecto excesivamente provisional que no agradó a todos los sectores cofrades.

 

Además, otra gran novedad patrimonial llegó el Viernes Santo de la mano de la Hermandad del Monte Calvario. Esta corporación experimentó un notable giro en su puesta en escena, pasando a salir con dos tronos. La Virgen del Monte Calvario y San Juan Evangelista, que hasta entonces cerraban el grupo escultórico de la Mortaja, pasaron a un trono con palio; el hueco dejado por estas tallas en el primero de los tronos fue ocupado por la nueva Virgen de Fe y Consuelo, una talla dieciochesca que ya había cumplido la función de María Salomé en este mismo misterio. Además, el escultor Juan Manuel García Palomo tallaría los Santos Varones que escoltarían a la Dolorosa en este remodelado grupo escultórico, que iba rematado por una cruz vacía con sudario.

Patrimonio e itinerarios

Además, otras hermandades iban incrementando su patrimonio con piezas que hoy están totalmente asentadas y parecen de siempre. La Archicofradía de la Sangre fue protagonista de la Semana Santa de 1995 por el sonado estreno del actual trono del Señor que estaba ejecutando Rafael Ruiz Liébana, autor de las nuevas figuras de Longinos y el sayón que sostiene las bridas del caballo. Aunque salió sin dorar, la novedad marcó en el ambiente cofrade del momento por sus espectaculares dimensiones y porque en esa coyuntura no era nada habitual sustituir tronos clásicos de los Adrián Risueño, Prados López, Pérez Hidalgo o Palma Burgos ya que, aunque algunos estaban muy maltrechos, les afianzaba su valor simbólico.

Entretanto, otros proyectos iban avanzando. 1995 fue el segundo año en que la Virgen del Amor Doloroso salió bajo palio: lució el frontal y la trasera bordados. Guzmán Bejarano continuaba con el nuevo trono del Cristo de la Humildad y el de la Virgen de la Caridad seguía dando pasos en firme en el taller de Caballero Farfán tras el intento fallido, sobrepasado de medidas, por parte de Ruiz Liébana. Fallida también, la incorporación de una no muy afortunada imagen de San Juan al trono de la Virgen del Rosario que, tras ir cambiando su posición en el trono en los tres años que salió, en 1995 al fin se quedó en casa. Nadie lo lloró.

Además, los dos emblemáticos lienzos de Revello de Toro para Mena se estrenaban en los estandartes y en lo musical, dos marchas de un joven Miguel Pérez, ‘Santo Traslado’ y ‘Soledad de San Pablo’ cayeron verdaderamente de pie en una ciudad que aún echaba poca cuenta a este asunto del patrimonio musical. Excepto para algunos jóvenes, cofrades y compositores, que sí parecían empujar algo en ese sentido; lo que explica también el estreno de ‘Pax Malacitana’, de otro joven músico, Francisco Javier Moreno, regalada a la Dolorosa de la Sagrada Cena en su 25º aniversario.

La Virgen del Rosario volvió a salir en 1995 sin la compañía de una imagen de San Juan incorporada el Martes Santo de 1992

En cuestiones de itinerarios, fue los Dolores de San Juan la que el Viernes Santo siguió los pasos de la Cofradía de los Gitanos en 1993, y se adelantó a todas las de su nómina, si bien por motivos distintos. En el caso de esta Archicofradía de silencio, en 1994 estuvo hasta ocho horas en la calle, recogiéndose en torno a las tres de la madrugada, a causa de la enorme cantidad de rodeos que tenía que efectuar para alcanzar su céntrica sede de San Juan. ¿Se la imaginan por la plaza de la Aduana y la Cortina del Muelle haciendo tiempo para poder cruzar con la Alameda una vez despejada?

En la Semana Santa de 1995, los Dolores fue la primera del Viernes Santo, reduciendo en tres horas su estancia en las calles: salió a las seis de la tarde y a las once y cuarto efectuó su encierro. Crucifixión también volvía a abrir el Lunes Santo tras el regalo envenenado de bienvenida de su primera salida agrupada en 1994, cerrando la jornada tras el Cautivo, y que estuvo aderezado por un significativo retraso a causa de un altercado público en la plaza de Uncibay al paso del Señor de Málaga que, quien lo vivió, seguro que no lo olvida.

Cambios de una Semana Santa, la de 1995, que se hallaba en medio de una vorágine de crecimiento que la perspectiva del tiempo permite valorar mejor. Y que no tenía visos de parar: en diciembre de ese año, Salesianos ingresaba en la Agrupación de Cofradías para entrar en 1996 en un Miércoles Santo muy necesitado de aires nuevos.