Este domingo pasé junto a la iglesia de Santiago, pero aún permanecía cerrada. Llevaba una pregunta para las Ánimas Benditas del Purgatorio: «¿Qué se siente cuando otras almas pasan a la Fase 1 y tú te quedas colgada?».

Necesitaba una respuesta reconfortante después de la cara de tonto que se me quedó tras el reparto de premios que han hecho las autoridades sanitarias. Porque del Limbo acabamos de salir. Me enseñaron de pequeño que al Limbo iban los niños que morían sin bautizar y los tontos. Tonto me he sentido entre tanta mentira que nos han venido lanzando desde uno y otro lado.

Dicho esto y a la espera de la respuesta de las Ánimas, me quedo con el consejo de que es más práctico entregarse en cuerpo y alma a la gran labor social que estamos llevando a cabo las hermandades y cofradías en alivio de los más necesitados. Ignoro si con esta entrega estamos ganando puntos para alcanzar el Cielo, ya que lo que hacemos es un trabajo desinteresado. No tenemos prisa por alcanzar el Cielo porque el Cielo, señor virus, puede esperar.

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