“Porque tú eres el norte, el faro, la estrella que guía el rumbo de lo inexplicable.
Cada vez que me pierdo, levanto la vista y busco tu luz.
“Es por ahí”, me dices. Entonces siempre llego.”

(Exaltación del Centenario de la Coronación del Rocío de Almonte. Rafael González Serna)

En la primavera de 1919, mientras se confirmaba la teoría de la relatividad de Einstein o en París se trabajaba para la firma del Tratado de Versalles, que pondría el fin definitivo a la Primera Guerra Mundial, en Doñana llegaba una corona para la Reina de las Marismas. El 8 de junio del citado año tuvo lugar la coronación canónica de Nuestra Señora del Rocío de Almonte.  Quizás no sea muy conocida la conexión entre ‘Gallito’ y este acontecimiento histórico y religioso, pero la hubo. Haciendo de puente de unión, cómo no, Muñoz y Pabón.

En el capítulo anterior se hacía referencia a la coronación popular de la Esperanza Macarena, que tuvo lugar en 1913. Esa primera coronación macarena, explica el periodista Álvaro Rodríguez del Moral, pudo servirle a Muñoz y Pabón de ensayo para la coronación del Rocío, que a la postre también estuvo presidida por el cardenal Almansa. Muñoz y Pabón ya había participado además en la coronación canónica de la Virgen de los Reyes, patrona de Sevilla, junto al cardenal Spínola, pero él tenía en la cabeza coronar a la Virgen del Rocío canónicamente y para ello se sirvió una vez más de José.

Llegados a este punto, es necesario abrir un pequeño paréntesis para explicar qué fue aquello de la Monumental de Sevilla. Este coso se ubicaba en la que hoy en día es la avenida Eduardo Dato, conocida en aquellos días como calle Monte Rey, situada en la Huerta del Rey, junto al barrio de San Bernardo. Se inauguró el 6 de junio de 1918, justo un año antes de la coronación del Rocío, y ‘Gallito’ fue uno de sus grandes mentores. Nos movemos en un contexto histórico en el que ya se había inaugurado, por ejemplo, la Monumental de Barcelona (1916), en la que se celebraron corridas hasta 2011. José tenía en mente afrontar un proyecto similar para Sevilla. Para entender mejor la razón de ser de este segundo coso en la ciudad hispalense, hacemos referencia a lo que cuenta Lourdes Ramos-Kuethe en su libro ‘La Monumental de Sevilla. Voces y Silencios’: «La pareja Gómez Ortega-Belmonte había incrementado la afición taurina y, no queriendo subir el precio de las entradas en medio de las dificultades económicas que el pueblo sufría, José pensó que la solución era aumentar los aforos de las plazas. En Sevilla, sus planes fueron respaldados por uno de sus aficionados, don José Julio Lissén Hidalgo, y culminó en la construcción de la bella Plaza de Toros Monumental de San Bernardo. Ya para el año de 1918, cuando ésta por fin abrió sus puertas, los nuevos cosos monumentales estaban de moda habiéndose construido uno en Logroño en 1915 y otro en Albacete en 1917».

Restos de la plaza de Toros Monumental de Sevilla

El apoyo de José a esta plaza, para muchos en clara competencia con la plaza de toros de la Real Maestranza hispalense, creó cierto resquemor en según qué se sectores de la sociedad sevillana de la época. Resquemor que se hizo notar sobre todo en los días que rodearon al fallecimiento del diestro, pero sobre eso se profundizará en el siguiente y último capítulo.

Volvemos a los prolegómenos esa gran cita de Almonte y su vinculación con ‘Gallito’ y Muñoz y Pabón. Como explica el periodista Rodríguez del Moral, «es poco sabido que se llegó a organizar un festival taurino a beneficio de la coronación del Rocío en aquella monumental, no exento de anecdotario». Participó estrechamente en la organización la familia de Rufino Moreno Santamaría con el ganado pero ‘Gallito’, que formaba parte de la comisión de caballeros que había formado Muñoz y Pabón, montó un cartel en el que también estaban Curro Posadas, José Flores ‘Camará’ (futuro apoderado de ‘Manolete’), ‘Barrilito’ e Ignacio Sánchez Mejías, su cuñado. El caso es que también figuraba el nombre de Rafael ‘El Gallo’, pero como exmatador de toros. El cartel rezaba así: «En atención al fin benéfico de esta fiesta se ha ofrecido su valioso concurso y figurará como espada el exmatador Rafael Gómez ‘El Gallo’». El 24 de octubre, Rafael se había cortado la coleta en la casa de la Alameda de Hércules. «El tijeretazo se lo pegó su madre y le dio la trenza a José. José le pidió un favor: que no se volviera a vestir de torero, pero Rafael dejó esa promesa a un lado y volvió a anunciarse en los carteles. Cuando llegó la tragedia de Talavera los hermanos no se hablaban», narra Rodríguez del Moral. Aquel festival se celebró el 8 de diciembre de 1918. Ese mismo día se inauguró el monumento a la Inmaculada Concepción de la plaza del Triunfo de Sevilla.

La coronación de la Patrona de Almonte. (@hdadmatrizrocio)

Volviendo a lo estrictamente devocional, un artículo firmado por el propio Muñoz y Pabón en El Correo de Andalucía con el título ‘La pelota está en el tejado’ se consideró la chispa que encendió la mecha hasta la coronación. En él, el canónigo argumentó la fortaleza de la devoción a la Viren del Rocío y la comparaba con otras imágenes también veneradas en España y que ya estaban coronadas. Uno de los párrafos del artículo decía así: «La imagen de Nuestra Señora del Rocío, Virgen la más Popular de toda esta Andalucía baja; con culto el más ferviente y la más acendrada devoción en las dos vastas provincias de Sevilla y Huelva, no está canónicamente coronada, y lo debiera estar. ¿No lo están la del Pilar, de Zaragoza; la de los Reyes, de Sevilla; la de las Angustias, de Granada; la de Begoña, allá por tierras vascongadas; la de los Milagros, del Puerto de Santa María; la de la Cabeza, de Andújar; la de los Remedios, de Fregenal de la Sierra…? Pues bien: aparte la del Pilar pues quien dice el Pilar dice toda España, ninguna de las anteriormente citadas, cuenta con una devoción más extendida. Ninguna tiene «una hermandad» en sin número de pueblos de la región; ninguna encarna una fe más grande ni un amor más ardiente en partidos y partidos. […] La pelota está en el tejado. La Santísima Virgen se encargará de decir si es cosa de ella o de mí pecador». Este artículo de Muñoz y Pabón tuvo muchísima acogida y poco a poco se empezó a materializar la idea.

Los presbíteros Muñoz y Pabón y Cristóbal Jurado Carrillo, los primeros en imaginar una Virgen del Rocío coronada

Pero años antes, otra obra literaria de distinto género ya imaginaba a una Virgen del Rocío coronada canónicamente. Se trata de un cuento, publicado en Lérida en 1916 con un leitmotiv muy taurino, precisamente. ‘El traje de luces’, escrito por el presbítero de Niebla Cristóbal Jurado Carillo, narraba la historia de Manolillo ‘El Choquero’, un humilde onubense que soñaba con ser torero y así sacar de las fatigas de la vida y la pobreza a su madre y hermanos. «Marecita, cuando yo sea torero, que lo seré pronto, no pasarás tú tantas penas, y a la Virgen del Rocío y a la de la Cinta, mis protectoras, he de hacerles dos iglesias, las más grandes de Europa. Como tú me has recomendado llevo siempre pendientes sus medallas de mi cuello», confesaba Manolillo  a su madre. Llegó un día, en el que empeñado en seguir su camino hacia los ruedos, brindó a la patrona almonteña su toreo en señal de ofrenda y un suceso prodigioso tuvo lugar en la ermita: «La divina Señora encargó por último al torerillo que fuse a decir de su parte al Sr. Arzobispo de Sevilla, que quería que fuese coronada solemnemente su imagen del Rocío en recuerdo de su Asunción gloriosa a los cielos. Y, al efecto, para hacerse creer en su misión, el león y el toro (San Marcos y San Lucas), que le acompañaban se reducirían a un tamaño tan pequeño que podría llevarlos por la capital de Andalucía en una jaula de canarios; haciendo uso de ellos cuando le creyera oportuno». Este trabajo fue premiado con el diploma de honor en el Certamen Público Literario y Artístico celebrado por la Academia Bibliográfico-mariana de Lérida en honor a Ntra. Sra. del Rocío.

Recordatorio de la coronación del Rocío. (@hdadmatrizrocio)

Tal y como se explica en el documental ‘Doce estrellas para un Reina’ de Javier Coronel, días después de la publicación de Muñoz y Pabón, Jurado Carrillo “defendió con orgullo” ser el promotor de la idea de coronar a la Virgen. De hecho estuvo muy vinculado a este acontecimiento ya que fue él el redactor de la exposición dirigida al Papa solicitando la coronación en nombre del pueblo de Almonte, así como también fue el representante oficial de los más altos estamentos de Huelva en los actos de la coronación. De esta manera, Jurado Carrillo ha pasado a la posteridad como el primero en plantear la idea de una coronación y Muñoz y Pabón como la persona que la llevó a cabo.

Para la hermandad almonteña, 1920 fue un año también muy señalado, afortunadamente por motivos muy distintos y distantes a los recuerdos que tienen que ver con José. Ese año, S. M. Alfonso XIII le concede a la corporación el título de Real, así como el Papa Benedicto XV le otorga el de Pontificia.

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