“…Esperanzas, anhelos, pasión,[…]
Sollozad, pues sois flores de amor”.

(Federico García Lorca)

 

El 16 de mayo de 2020 amanecía nuboso en muchos puntos de España, lluvioso incluso en algunos. Ya hacía días que algunas ciudades habían pasado a la Fase 1, otras estaban a punto de hacer lo mismo y contaban esas horas como el niño que espera el timbre del recreo. Otros tenían que seguir haciendo un amplio esfuerzo para salir de esa Fase 0 que ha pesado como a un galeote el remo al que está encadenado. Sevilla, de las primeras localidades en ‘cruzar la primera pasarela’ de lo que llaman desescalada, amanecía encadenada también, pero a los recuerdos. Quizás fueran cadenas hechas con una onza de oro  y diseñadas por Juan Manuel. Quizás fueran cadenas hechas con lágrimas de Aquella que lloró en San Gil. Forjadas en las orillas de ese río que de Gelves venía ‘teñío’ con sangre de los Ortega o hechas con el infinito repique de la garganta de Juana Reina doblando por la muerte de José. O quizás, como así fue, los recuerdos se trenzaron en forma de flor…

Flores blancas con lazo verde Esperanza, cómo no, ofrecía su hermandad de la Macarena a la tumba de su ilustre hermano. «Gracias, Maestro», se leería en el lacito que abrazaba el ramillete que Morante de la Puebla, siempre postrado ante la grandeza de ‘Gallito’, dejaba también sobre su lápida. Como si los populosos fastos fúnebres recobraran vida, en el cementerio de San Fernando, la gitana María, en perpetua marcha fúnebre,  seguía mostrando al mundo, como cada día, que la Esperanza sigue guiando a José.

«Gracias, Maestro», se leería en el lacito que abrazaba el ramillete que Morante de la Puebla, siempre postrado ante la grandeza de ‘Gallito’, dejaba también sobre su lápida

Pésame con flores… Como las que nos contó el periodista Álvaro Rodríguez del Moral que no dejó de levarle a su tumba Guadalupe de Pablo Romero, el amor imposible clavado en el corazón de José. Las depositaban en la lápida del diestro hasta su muerte en 1983. Guadalupe nunca se casó.

En la que fuera la Huerta del Rey, hoy avenida Eduardo Dato se alzaba la Monumental de Sevilla, de la que José fue su gran impulsor. Así, la Asociación Taurina Puerta Carmona organizó una ofrenda floral a la que se unieron varias instituciones, asociaciones o hermandades, como la de San Bernardo, o Pagés, la propia empresa que gestiona la plaza de toros de la Maestranza de Sevilla. En el añejo y torero barrio se sucedían las canastillas y los ramos ante los restos del antiguo coso, que es una puerta a la posteridad.

En las plazas de toros de España, vestidas este año de silencio por la pandemia que nos azota, no sonó ‘Gallito’. Sí sonó en Las Ventas. El Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid quiso mantener esta tradición solamente no cumplida en los años 1987 y 1990  por que la lluvia hizo suspender los festejos. Sonaron en la megafonía de la primera plaza del mundo las melodías que Santiago Lope Gonzalo dedicó en realidad a su hermano Rafael pero que quedaron irremediablemente unidas a Joselito, como le llamaba su madre, por quien se hizo macareno. Como sonó en las redes sociales, que bajo el hashtag #QuesueneGallito llenó de pasodobles los muros de muchos perfiles. Como se llenó de flores  en Talavera de la Reina (Toledo) donde ‘Burlador’ segó la vida del Rey de los Toreros, el busto que en su recuerdo se erigió en la localidad y donde su alcaldesa Tita García Élez recordó que José “colocó a esta ciudad en el centro del mundo del toro y todo su ámbito cultural, etnográfico y tradicional”.

En la Basílica de la Macarena, la Virgen aparecía con la corona de Reyes, sus mariquillas en el pecho y la pluma de Muñoz y Pabón en su fajín. Rodríguez Ojeda, el distinguido canónigo y José de nuevo juntos, como otros tantos días, como durante tantos años, como siempre estarán. Una esquela publicada por la hermandad de La Madrugá en el ABC de Sevilla convocaba a los fieles y devotos a unirse a la misa por su eterno descanso. Durante la misa estaba previsto repartir una estampas recordatorias que reproducía a la originales entregadas el 31 de mayo de 1920 en los funerales de San Gil. Tras la eucaristía, en el templo, quedó pendiente, dentro del ciclo ‘Joselito, Cien Años de Gloria’, un concierto a cargo de la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla, en el que se iba a estrenar una marcha procesional compuesta por Abel Moreno. Lo que también sucedió este 16 de mayo fue la declaración de ‘Gallito’ por parte de hermandad ‘Figura Patrimonio Inmaterial Macareno (PIM)’. El Patrimonio Inmaterial Macareno (PIM), o cultura macarena, es el conjunto de prácticas, usos, costumbres, valores afectivos y simbólicos en torno a la devoción de la Virgen de la Esperanza y su Hermandad. Tal y como explicó la cofradía en un comunicado respecto a la distinción de ‘Gallito’,  “de esta forma se reconoce su aportación decisiva a la cultura macarena y a la construcción de la idiosincrasia de la corporación”. Este nombramiento -prosigue el comunicado- “ayudará a poner en valor a nuestro hermano Joselito el Gallo, elaborando contenidos que difundan su aportación y consolidando el sentimiento patrimonial que hacia él siempre ha sentido el colectivo de los macarenos”.

Una mariquilla. (@hdad_macarena)

Hace 100 años moría José Goméz Ortega ‘Gallito’ para convertirse en un mito. Su vida  y su obra, un siglo después sigue custodiada en el cofre del tiempo como un tesoro de todos. Descanse eternamente en paz, José. Y que nunca nos falte la Esperanza.

Archivado en: Sevilla, Toros.