La provincia de Málaga, junto a la de Granada, irá de la mano del resto de Andalucía en el paso a la fase 3 de la desescalada del confinamiento. Esto supone menos restricciones a partir del lunes 8 de junio, es decir, un nuevo paso hacia la llamada nueva normalidad. En el plano cofrade, la ocupación de los templos pasará del 50% al 75% de su aforo, siempre respetando las medidas de seguridad e higiene establecidas. Pero en las próximas semanas, la principal inquietud será cómo actualizar los estatutos. Las cofradías sin sus normas adaptadas a las directrices del Obispado quedarán en suspenso el 1 de julio. Para evitarlo es necesario convocar al cabildo de hermanos para su aprobación. ¿Cuál es el aforo permitido para la celebración de un cabildo de hermanos?

En las distintas fases de la desescalada se establecen directrices generales que regulan las concentraciones de personas, como es un cabildo de hermanos. En este sentido, en la fase 3 se permite la realización de congresos, encuentros, reuniones de negocio, conferencias y eventos promovidos por entidades de naturaleza pública o privada, sin superar la cifra de 80 asistentes. La normas recogidas en el BOE no admiten más lecturas; con esta realidad, sólo las cofradías que reúnan en una convocatoria de cabildo general a menos de 80 hermanos podrían reunirse para aprobar sus estatutos. Salvo que se establezca un sistema de votación alternativo en el que no sea necesario la presencia de todos los hermanos de forma simultánea, como ocurre en algunos cabildos de elecciones. También es necesario un recinto que pueda acoger a todas estas personas con el distanciamiento estipulado.

Pese al estado de alarma, el Obispado no ha ampliado el plazo inicial que marca este decreto de junio de 2019. Aunque muchos cabildos de hermanos no puedan celebrarse en el contexto actual, sí es posible avanzar en la redacción de la reforma. La realidad es que muchas cofradías quedarán con sus estatutos en suspenso el 1 de julio. Esto significa que deberán regirse por la normativa propuesta por el Obispado, sin la personalización oportuna que cada hermandad puede y debe realizar. Ciertamente, no afecta en gran medida a la vida diaria de las cofradías, pero su actualización debe ser la primera tarea pendiente a realizar en la nueva normalidad.