“Oy, las siete menos veinte. Me voy ya». «No veas, la plaza está hasta la bandera”. “Coge una silla, Mari, que aquí hay muchas». «Shhhh, habla bajito». «Mira, Carmen, mira la Virgen». «El que está dando la misa es el párroco, ¿no?». «Sí, y al lado el concejal». «¿Tú has visto como la traían?”. “Claro. A las 5 y media ya estaba yo arreglándome». «Felicidades y a tu niña también, si la ves». «¿Otra vez abuela?». «Sí, de mi chica». «¿Y cómo se llama?». «Carmen. En mi casa, ya se sabe». «Cómo me acuerdo de tu padre, Lola». «Y yo también. Que no le tocara nadie a su Virgen del Carmen”. “Es que no faltaba nunca». «¿Y ahora otra vez para la iglesia, no?». «Claro, ya le ponen la flores para esta tarde». «Ya está la diana sonando». «Me voy que hoy viene mi gente a almorzar para luego ir a ver la procesión». «Yo igual y como es el santo de mi cuñada también, pues imagínate». «Ya sale, ya sale». «Este año el centro es de flores rosas». «¡Qué de marengos!». «¿Qué pasa la Virgen por tu balcón?¡Qué suerte!». «¿Qué banda lleva?». «Mira el Alcalde, ya ha llegado». «Y vestido de marengo». ¡Paco!¡Que grande eres!». «En cuanto se meta en Echevarría abren el tráfico». «Venga, algo fresquito pa’ esos portadores”. “Ahora tira para la playa y sale por La Milagrosa». «¿A qué hora se cruza en el mar con la de Pedregalejo?». «Lo mejor es ir andando por el paseo marítimo aunque esté petao». «¿Has reservado mesa? Porque si no, es imposible». «Bueno, si no hay sitio, campero del Maruchi y a comer al espigón». «¡Ay, que llevo la biznaga de olor!». «¿Te has montado ya en los cacharritos?». «El otro día llevamos a los niños». «Mira, mira, ya la están embarcando». «¿Hasta dónde la llevan?». «Hasta El Deo». «¿Llegamos a tiempo?». «Si andas rápido, sí». «Es que voy con chanclas y no puedo correr». «¡Fuegos artificiales!». «Sí, eso es que la están sacando ya”. “¡Viva la Virgen del Carmen!». «Ya recto todo el paseo». «¡Guapa!». «Pues ya están bendecidas las aguas». «Ya te puedes bañar». «Ahora se meten las mujeres a llevarla». «¡Ya le han iluminado la corona!». «¡Uy, ya se escuchan tambores». «Eso es que viene por las 4 Esquinas». «Ya sabía que te vería aquí». «Hombre, el encierro es nuestro punto de encuentro». «¡Y que no falte!». «Ay, Carmela, tú sabes lo que yo necesito». «Qué pechá de gente y eso que mañana se trabaja». «¿Qué más da? Una buena siesta luego y ya está». «Ya te digo». «¿Tus padres cómo andan?». «Bien. Gracias a Dios. Se han ido a esperarla andando hasta El Tintero, así que estupendamente». «Me alegro verte, niña. Cuídate que el año que viene te pongo falta si no te veo». «Taaaan, tan-tan, tan-tantantantantan». «Uy, la Salve ya». «Salve, estrella de los mares». «De los mares iris de eterna ventura». «Salve, oh fénix de hermosura». «Madre del Divino Amor». «De tu pueblo, a los pesares tu clemencia de consuelo». «Fervoroso llegue al cielo hasta ti nuestro clamor». «Salve, salve». «Estrella de los Mares». «Hala, otro añito más». «En el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo». “Amén”.

Después, el portal cerrando; el ascensor subiendo y la arena en el felpudo. El silencio de vuelta a casa es la mar en calma que espera su regreso.

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