Pasó la celebración de la Exaltación de la Santa Cruz y de la festividad de la Virgen de los Dolores, el 14 y 15 de septiembre, respectivamente. En torno a estas fechas, desde Roma habilitaron a las distintas diócesis a realizar cultos externos en desagravio por la Semana Santa sin procesiones que tuvimos. Había carta blanca para organizar extraordinarias y algunas incluso empezaron a tomar forma, caso de las de Granada y Huelva, principalmente. Trabajar con previsión es necesario, tanto como tener los pies en la tierra. Ahora, parece que inmersos en una segunda ola de la pandemia, el debate que tenemos sobre la mesa es la Semana Santa 2021. Antes de profundizar, cabe incidir en que en este caso sí habrá celebración, más allá de que las procesiones puedan llevarse a cabo. La situación no parece que pueda ser más cruda que la vivida este año, con toda la población confinada, aunque la antigua normalidad aún parece quedar bastante lejos.

Así las cosas, las entidades cofrades andaluzas encargadas de su organización ya están manos a la obra y hacen bien en trabajar conjuntamente, aunque el escenario sea incierto. Parece que tendremos que convivir bastante tiempo con el coronavirus Covid-19, por lo que no está de más empezar a dibujar alternativas. Aunque las decisiones no se tomen de forma coral, es positivo que las cofradías de las distintas provincias sean conocedoras de los movimientos y sensibilidades del vecino. Ahora mismo pensar en una estación de penitencia al uso quizá sea ser demasiado optimista. Todo va a depender mucho de lo que ocurra la próxima Navidad: las miradas están puestas en qué ocurre con las cabalgatas de Reyes, un evento de características organizativas y sociales parecidas a una procesión y que, por cierto, en algunas poblaciones ya ha sido suspendida.

La respuesta del público es impredecible ante posibles estaciones de penitencia sin imágenes siquiera. ¿Quién sabe si también obtendría respuesta masiva?

Cualquier cofrade con responsabilidad en la organización de un cortejo sabe que las devociones quedan en manos del pueblo en el momento en que pisan las calles. En un culto interno, la cofradía puede controlarlo casi todo. En la calle, no; dado que todo puede estar más que organizado, pero las masas son incontrolables. Incluso se puede aforar media ciudad y hacer de la Semana Santa un espectáculo privado, si alguno visualiza que este despropósito sería la solución a algo; pero nunca sería posible aforar una ciudad entera. Y la primera norma en esta pandemia es evitar las aglomeraciones. Una compleja disyuntiva.

Aunque vestir el hábito nazareno no supone problema alguno en esta crisis sanitaria. Aunque las imágenes sagradas puedan ser procesionadas en pequeñas andas, para evitar contagios en los varales, o incluso salir a ruedas; la variable del público es incontrolable. Por ello, plantear una desescalada cofrade suena utópico. Porque incluso es impredecible la respuesta del público ante unas posibles estaciones de penitencia sin imágenes siquiera. ¿Quién sabe si también obtendría respuesta masiva? Pero Semana Santa habrá y muy mal tiene que darse la cosa para que volvamos a vivirla encerrados en casa. Como sea, la celebración tendrá lugar en los templos y, salvo que el escenario actual cambie mucho, estaríamos ante otro año sin procesiones. En el escenario que sea, las cofradías y los cofrades deberán estar. Ahí está el reto, en estar a la altura aunque no se pueda salir a la calle.