El culto público está en la naturaleza propia de las cofradías y hermandades; de hecho, es en la práctica totalidad de ellas hasta un mandato estatutario clave para que éstas alcancen su identidad completa. Por ello, unas de las prioridades para los cofrades debe ser, en esta situación sanitaria que vivimos, idear cómo recuperar estas expresiones -algunas son más posibles que otras-, con las adaptaciones que sean necesarias.

Hablar de las estaciones de penitencia en Semana Santa son, desde luego, palabras mayores tal y como éstas vienen celebrándose: complejidad logística, número de participantes reunidos en un templo o casa hermandad a la hora de salir… Y lo más delicado: la respuesta de la ciudadanía a estas citas, casi siempre masiva gracias a la suma de los propios vecinos de la ciudad y los visitantes que atrae una celebración como la malagueña.

Tras la enésima filtración de San Julián, ha trascendido el que todavía es un embrionario proyecto que la Agrupación de Cofradías baraja para la Semana Santa de 2021, fruto de una comisión creada ex profeso, y que sólo le ha dado tiempo a reunirse un par de veces. Con independencia de la opinión que cada uno tenga de las ideas que se están barajando, hay que agradecer al ente agrupacionista que ya esté trabajando en la búsqueda de opciones para la recuperación del culto público. Porque sólo desde San Julián puede nacer una solución con recorrido; la que sea.

Con independencia de criterios, hay que agradecer a la Agrupación de Cofradías que ya esté trabajando en la búsqueda de opciones para la recuperación del culto público

Y son precisas estas reuniones porque parece claro que, salvo milagro o giro improbable de los acontecimientos, no llegaremos a Semana Santa libres al cien por cien del Covid-19. Las aglomeraciones seguirán estando contraindicadas y todos los acontecimientos que generen masas con acceso libre no parece que vayan a poder llevarse a cabo.

Ante este panorama, es evidente que quedan dos opciones. Una: elaborar alternativas que, si bien no van a poder suplir el contenido social, antropológico, estético y festivo de las procesiones de Semana Santa, podrían cubrir otras necesidades paralelas que, nadie se engañen, son claves para que el motor de las cofradías funcione. La otra: renunciar a la calle y limitarse a celebraciones internas en los templos.

Pero en ambos casos parece clara una premisa: deberá ser privada, es decir, con aforo limitado -no necesariamente pagando-, tanto si se opta por celebrarse en las calles como si las hermandades decidieran al final quedarse en los templos.

Y es que hay cuestiones más allá del ingreso por sillas, cuya importancia es innegable, pero para muchos parece el único. Cabe recordar que la obligación estatutaria de una cofradía es salir a la calle. En ese sentido, cada participante de cualquiera de las hermandades, a poco que haga un pequeño viaje introspectivo, va a encontrar un sincero deseo de vestir cuanto antes la túnica nazarena y ejercer la estación de penitencia.

El participante de cualquiera de las hermandades, a poco que haga un pequeño viaje introspectivo, va a encontrar un sincero deseo de vestir cuanto antes la túnica nazarena y hacer su estación de penitencia

Queda claro que la propuesta de una Semana Santa privada descafeinaría la celebración, ya que el pueblo que asiste en masa no podría participar más que regulando su presencia mediante adquisición de sillas. No deja de ser uno más, acaso el más importante, de los aspectos de los que habría que despojarse para que, eso sí, los verdaderos actores que hacen posible la Semana Santa –no hay Semana Santa sin cofradías, ni cofradías sin cofrades– puedan ejercer su ritual que les vincula con su hermandad: la estación de penitencia.

Por otra parte, optar renunciar a las procesiones nos llevaría a un escenario radicalmente distinto a la edición de 2020. Entonces, la Semana Santa transcurrió con la población confinada; presumiblemente en 2021 no será así. La posible celebración de actos alternativos en el templo, de igual forma, ¿no serían también limitados para la población y, aún peor, para los propios hermanos de esa cofradía que por cuestión de espacio no podrían participar?

En Sevilla, la celebración del 400 aniversario de la imagen de Jesús del Gran Poder ha generado un aplauso generalizado por las formas en las que se ha desarrollado. Pero no se ha subrayado lo suficiente que, de sus diez mil hermanos de cuota, realmente fueron un muy reducido número de éstos los que pudieron disfrutar de la presencia de su Titular en la cita del pasado 1 de octubre. Como sea, son tiempos de sacrificio y toca elegir cuáles hacemos en una situación absolutamente inédita para todos. Por eso, seguro que se decide mejor bajando el tono.