El éxito o fracaso de muchos proyectos puede radicar, simplemente, en su política de comunicación y en este aspecto, de forma preocupante, la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga suele patinar sistemáticamente. Cuando no es una filtración, son unas formas y tiempos más que cuestionables. Todo con el agravante de que históricamente nunca fue así en San Julián. La entidad genera descrédito, proyecta improvisación y, en definitiva, mala imagen cada vez que ocurre; algo inadmisible -más si cabe- en puertas de la celebración de su centenario, que multiplica la repercusión de todo.

La comunicación hay que mimarla y controlarla, especialmente, ante mensajes que pueden generar visiones enfrentadas. El que golpea primero, golpea dos veces, también en comunicación. Así, ante una posible situación de crisis, es fundamental adelantarse a los demás o anticiparse a los acontecimientos; aplicado a la comunicación significa, ser el primero en exponer el argumentario. A bote pronto, no se me ocurre nada más impopular que plantear una Semana Santa en exclusiva para los abonados de las sillas, por mucha justificación y legítima que pueda ser la media. Pero sin una comunicación efectiva, la crisis está servida. Y ya lo está.

De ser uno de los organismos más valorados en Málaga, algo ha cambiado en la última década en la Agrupación y diría que a día de hoy se pulsa una crispación social que antes era inexistente

Esta vez fue otra filtración. Pero incluso así debe existir capacidad de respuesta. Ya se vivieron otras crisis cuando se excluyó a los cofrades de base de la presentación del cartel. También con el nuevo Recorrido oficial, con la reorganización de las sillas o con la reciente devolución de los abonos, tras la suspensión de la pasada Semana Santa. Son demasiados episodios recientes con la Agrupación en el disparadero. Antaño, el ente agrupacional era uno de los organismos más valorados por los malagueños, según algunas encuestas. Algo ha cambiado en la última década, diría que a día de hoy se pulsa una crispación social que antes era inexistente. Pero es sólo una percepción.

La realidad es que existe otro problema sobre la mesa. Una buena comunicación institucional no se mide por el número de comunicación que puedan emitirse, ni por el barroquismo de sus formas. Y dicho sea, la Agrupación está haciendo lo que cabe esperar de ella, plantear alternativas para la próxima Semana Santa. Criticable sería si esperase con los brazos cruzados a verlas venir. Pero no, parecen dibujar opciones para todos los escenarios posibles. Y uno de ellos es que en un contexto similar al actual, llegue el Domingo de Ramos. Una estación de penitencia al uso ahora mismo sería inviable, más que por los participantes, por los espectadores. Para controlar la propagación del virus, hay que evitar las aglomeraciones. Por ello, cabe preguntarse: si todo sigue como hasta la presente, ¿organizamos una Semana Santa privada o suspendemos todo?

Particularmente, podría entender casi cualquier escenario. Todos menos una posible limitación en el número de participantes de una hermandad llegado el momento de salir

La respuesta no debe ser sencilla para ningún cofrade. Pues, cómo renunciar a vestir la túnica nazarena y poder hacer estación de penitencia con mi hermandad. Al precio que sea. Aunque sea en un contexto desnaturalizado, poder cumplir con el ritual de cada año es una justificación en sí misma. Del mismo modo, habrá quien vea que un traslado a una sede provisional y una salida en estas circunstancias no merecen el esfuerzo y mejor esperar a que vuelva la normalidad de siempre. También entenderá alguno que el espacio público está por encima de lo demás y no cabe aforar una ciudad para uso de unos cuantos. Por muchos que seamos. De fondo, la necesidad de la Agrupación de ofrecer algún tipo de espectáculo para cobrar abonos por las sillas y poder repartir dividendos. Un año sin subvención podría ser letal para algunas cofradías; y este año se salvó por el crédito millonario pedido por la Agrupación, que en algún momento deberá de pagar al banco.

Es innegable que existen distintas lecturas y puede que muchas de ellas sean válidas. La Agrupación debe de dar respuesta a su incapacidad de controlar los tiempos y de hacer llegar su mensaje antes de que nos enteremos por terceros. Sobre la Semana Santa 2021 queda aún mucha tela que cortar y el final del dilema quizá sea, qué dedo me corto que menos me duela. Particularmente, podría entender casi cualquier escenario. Todos menos una posible limitación en el número de participantes de una hermandad. Es decir, si una cofradía se pone en la calle, todos los hermanos debieran tener derecho a participar si así lo desean. Dicho sea por si alguno visualiza, además de una Semana Santa privada, cortejos reducidos a una mera representación corporativa. Entonces ya no sería una estación de penitencia sino una pantomima y estaríamos hablando de otra cosa. Pero será otro debate, aquí venía a hablar de la enésima filtración en la Agrupación de Cofradías.