Aunque ya contábamos en la Semana Santa de Málaga con varias imágenes del taller de Castillo Lastrucci y con la de Francisco Buiza de la Virgen de la Caridad (regalo de Leopoldo Padilla en 1947 a la cofradía del Amor), será a partir de mediados de los sesenta cuando comiencen a arribar a la ciudad diversas tallas de la escuela neobarroca sevillana que supondrán el arranque de la posterior renovación del panorama cofrade malagueño.

Así, de éstas, la primera en llegar fue la Virgen de las Penas, bendecida en octubre de 1964 en la iglesia de San José, seguida de, en febrero de 1968, la Virgen de la Trinidad, que Buiza tenía expuesta en su taller cuando atrajo el interés de los cofrades de Jesús Cautivo.

En medio año (de octubre de 1969 a marzo de 1970) se bendicen la Virgen del Traspaso y Soledad de Viñeros, la Virgen de la O y la Virgen de la Paz

Tal y como analiza el cofrade malagueño Alejandro Morante, “en la década de los setenta comenzó a llegar desde Sevilla una imaginería que empleaba rasgos contemporáneos y se ajustaban a los cánones de belleza propios del siglo XX, por lo que la gente se sintió muy identificada desde el primer momento”. Se trata del éxito de una serie de dolorosas que Morante no duda en calificar de “rompedoras” si atendemos al contexto en el que se produjo la llegada de éstas.

En efecto, es entrando la década de los setenta cuando acontece una serie de bendiciones de imágenes que van a acelerar esta revolución del panorama imaginero de la ciudad. El Día del Pilar de 1969 es bendecida la Virgen del Traspaso y Soledad de Viñeros, de Francisco Buiza, y en la recta final de la Cuaresma de 1970 ocurrirá lo propio con las imágenes de la Virgen de la O (también de Buiza, en la víspera del Domingo de Pasión) y la de la Paz (el Miércoles de Pasión).

Bendición de la Virgen de la Paz en la iglesia del Carmen. Miércoles de Pasión de 1970. (@hdadsagradacena)

Con la Virgen de la Paz aparece un nombre hasta la fecha inédito en la lista de imagineros de la Semana Santa de Málaga: Luis Álvarez Duarte, un chico que se enfrentaba, con veinte años de vida, al reto de hacer resurgir de las cenizas la devoción de los cofrades de la Sagrada Cena perdida en el incendio del Día de los Inocentes de 1969. El éxito de la empresa afianzará su vitola de ‘escultor-Ave Fénix’, pues se le encargará también el grupo escultórico de la institución de la Eucaristía y más tarde, en Sevilla, la hechura de la Virgen del Patrocinio de la cofradía del Cachorro, para sustituir al icono desaparecido también en otro incendio en 1973.

Esta oleada hará que la cofradía de la Paloma también recurra a él para la hechura de una nueva imagen de la Dolorosa. Si la Virgen de la Paz ya resultó un impacto, más lo fue, si cabe, la Dolorosa del Miércoles Santo, que fue presentada en octubre de 1970 en la sede de la Caja de Ahorros de Ronda de la plaza del Siglo, aunque no se bendeciría hasta el sábado previo a la Cuaresma de 1971, en la iglesia de San Juan -su sede hasta 1995- “en un altar que rompió moldes por su grandiosidad y gusto”, apostilla Alejandro Morante.

La Virgen de la Paloma, a su llegada a Málaga. (@hdad_lapaloma)

Desde su presentación, la Virgen de la Paloma ya generará verdadera impresión por sus llamativos ojos claros y por resultar, quizá, una vuelta de tuerca más a la propuesta de la Virgen de la Paz, además para una cofradía más mediática y popular. De una tacada, la Semana Santa de Málaga contaba con cuatro de los modelos de las que luego se llamarán dolorosas castizas (Traspaso y Soledad, la O, la Paz y la Paloma), que cambiarán los conceptos de belleza mariana y hasta los gustos en algunas hermandades, acelerando la sustitución o reforma de sus dolorosas, más o menos justificadas y con mayor o menor acierto.

Para Morante, Luis Álvarez Duarte tira en estas primeras dolorosas, la Paz y la Paloma, de “una belleza sensual y profana, eso sí, sin llegar al hiperrealismo de muchos imagineros actuales. Pero con todo, Álvarez Duarte será el iniciador de esa corriente conservando cierta unción”.

Y es que las vírgenes de la Paz y la Paloma incidirán en un concepto de belleza casi en las antípodas de la dolorosa malagueña dieciochesca o las de la escuela granadina de posguerra. Citando a Juan Antonio Sánchez López en su obra ‘El alma de la madera’ sobre la Virgen de la Paloma, afirma que es de “una belleza turbadora, sensual y, desde luego, más profana que sagrada”. Ambas tallas proponen prácticamente lo mismo; de hecho, antes de la intervención efectuada por el propio autor en la Virgen de la Paz, en 2012, ambas imágenes compartían muchas similitudes, especialmente al contemplar sus perfiles.

 

Un escultor bien rodeado

Más allá del indiscutible éxito de su obra, la reputación de Álvarez Duarte crecerá sobremanera en el seno de la Málaga cofrade especialmente gracias patrocinio de cofrades como Lola Carrera y Carlos Gómez Raggio -quienes le confiaron la restauración de la Virgen de la Esperanza en 1969-, Juan Casielles, Francisco Hermoso o el padre Manuel Gámez, entre otros.

Pero la relación de Álvarez Duarte con algunos de ellos contó con idas y venidas, también en lo tocante al terreno profesional y de comisiones. Tal y como reseña Alejandro Morante, “a raíz de la bendición de las imágenes de la Sagrada Cena hubo un distanciamiento por desavenencias profesionales entre Casielles y Duarte; pero el escultor pronto tendió relación con el cofrade de la Paloma Francisco Hermoso y el padre Manuel Gámez, no perdiendo así vínculos con Málaga. De ahí los encargos de la Virgen de la Paloma, el Cristo del Gran Amor (no en vano, Hermoso era caballero la Orden del Císter), el Niño Jesús de la Divina Pastora o la Virgen del Monte Calvario”.

Autorretrato de Luis Álvarez Duarte en el Apostolado de la Sagrada Cena. (A. C.)

En ese sentido, a modo de anécdota, el desencuentro entre Casielles y Álvarez Duarte se saldó a la muerte de aquél. Morante subraya que “cuando se hace entrega de la Virgen de la Merced, con Casielles ya fallecido, Álvarez Duarte decide cobrar menos de lo pactado, para compensar así lo mucho que le ayudó el desaparecido impulsor de la hermandad victoriana a la hora de lanzar su carrera en Málaga”. Y voló la paloma de la paz.