Nos trasladamos a los inicios del siglo XX, a la ciudad de Sevilla. Concretamente, a la iglesia de Santa Catalina. El 19 de mayo de 1901, el Arzobispo de la capital andaluza, a la sazón D. Jerónimo Álvarez Troya, se personó en la sesión del cabildo de la hermandad de la Exaltación para comunicar a la corporación que en el día anterior se había declarado disuelta la Hermandad por decreto gubernativo debido a que habían transcurrido 16 años sin celebrar ningún culto. De la misma manera, se instauraba una junta de gobierno interina destinada a recuperar la actividad encabezada por D. Luis María Ybarra González. Hasta el año 1920, en la que según los hechos acaecidos se podría considerar que comienza una etapa de ‘nueva madurez’, las primeras décadas de la centuria están protagonizadas por la rehabilitación patrimonial. Había mucho que recuperar y adquirir tras tantos años de inacción, por esto el nuevo gobierno de la hermandad se puso manos a la obra para la revitalización.

Según los datos que aporta la hermandad, con fecha de 18 de julio de ese año se redactan las bases por las cuales se ha de regir el escultor encargado de la restauración de las figuras que completan el paso del Stmo. Cristo de la Exaltación. En estas bases se contemplan las siguientes indicaciones: “Restaurar por completo el judío pregonero, consistiendo en encarnar y figurar coraza y casco antiguo, afianzando el plantón. Restaurar, en la misma forma, al sargento que figura conduciendo a los ladrones, poniendo además botinas altas como el primero. Restaurar, igualmente, el judío que figura inclinado sujetando el Santo Madero, vestirlo, encarnarlo y figurarle, igualmente, las botas. Restaurar, en la misma forma, a los dos que tienen los brazos levantados, poniéndole a uno de ellos un brazo nuevo, encarnándolo, y botinas. Restaurar, en la misma forma, al que figura sosteniendo la escalera. Restaurar, en la misma forma, a los dos jinetes que llevan los caballos, poniéndole a uno de ellos nueva piel de león y vestirlo, poniéndole al otro, coraza y casco figurado. Restaurar los dos caballos, levantándoles la cabeza y variando las patas a éstos, poniéndoles cola y arreos. Nota: Vestir todas las figuras que no sean de tallas, imitando a éstas. Platear las corazas y cascos sobre los que estos tienen. Ponerles a todos plantones nuevos, dedos, y casquetes, imitando a talla, procurando sean éstos algo más verídicos que los que en la actualidad tienen puestos».

Una de las iniciativas que se llevó a cabo con la finalidad de sanear las arcas de la Hermandad de la Exaltación fue la organización de diversos festejos taurinos

Una de las iniciativas que se llevó a cabo con la finalidad de sanear las arcas de la cofradía fue la organización de diversos festejos taurinos. El primero de ellos, según las actas de cabildo fue una novillada celebrada el 1 de septiembre 1901, muy pocos meses después del inicio del nuevo mandato. En ella se obtuvo un beneficio de 1307,26 pesetas.

En la edición del 23 de junio de 1902, ‘La Correspondencia de España’, periódico de corte conservador fundado a mediados del s. XIX, recoge la reseña de una corrida, “a beneficio de la hermandad de Santa Catalina”. La ficha decía lo siguiente: “La entrada ha sido mediana. Los toros lidiados pertenecían a distintas ganaderías. Ha sobresalido el último que pertenecía a una nueva ganadería de Taviel. Dicho toro mató cuatro caballos. Machio ha estado mal. ‘Cocherito de Bilbao’, bien, y Aguilerrillo, superior. ‘Cocherito de Bilbao’ ha sufrido un varetazo sin importancia” (sic). Firmaba SEDANO. En ese mismo año, tras estar diecinueve sin actividad, se había organizado de nuevo su estación de penitencia en la tarde de este Jueves Santo (27 Marzo), estrenando sus nazarenos túnicas de cola morada, confeccionadas en alpaca; la restauración del grupo escultórico y las ropas de todas las figuras fueron de tela encolada, que sustituían a las antiguas talladas. La Virgen de las Lágrimas, titular de la cofradía, figuraba sobre un paso de palio en metal plateado y techo con bordados de Juan Manuel Rodríguez Ojeda.

Periódico ‘La Correspondencia de España’ del 23 de junio de 1902.

Ya en 1904, las actas de la hermandad vuelven a dejar constancia de otra novillada. Según las actas del cabildo de hermanos firmadas el 28 de mayo del año siguiente, aquel festejo supuso unos gastos de 11.860, 90 pesetas y unos ingresos de 10.563, 30 pesetas, porque lo que fue deficitaria. En aquella Semana Santa se había recuperado una estampa de 1800, al acompañar a la Virgen las imágenes de San Juan y de María Magdalena. Según investigaciones de la corporación, se estrenó en el desfile procesional “una insignia, que quizás, podría ser el Senatus de la Corporación, bordado en oro sobre terciopelo azul por el bordador Juan Manuel Rodríguez Ojeda”.

Ya casi con el final de estas dos décadas de impulso y renacimiento llegó el estreno del ya centenario manto de procesión, una obra en terciopelo de Lyón de color azul oscuro, de estilo orientalista, realizado por los talleres de Hijo de Miguel Olmo siguiendo un dibujo de Herminia Alvarez Udell. El trazado está basado en los bordados de la Virgen de Voto, de la Hermandad Sacramental del Salvador.

Además de los festejos detallados en los comienzos del siglo XX, la Hermandad de Los Caballos (conocida así popularmente debido a las dos figuras equinas que forman parte del grupo escultórico) cuentan con dos hitos más que aumentan la tradición taurina de la institución, aunque ciertamente no es esta hermandad del Jueves Santo la que más se relacione con el mundo del toro en el contexto de la Semana Santa sevillana. Por un lado en la segunda mitad del siglo XX entró a formar parte de la nómina de hermanos el diestro Manolo González. Por su parte, ya más cercano a nuestros días, el novillero sevillano Fernando del Toro también se unió a la hermandad.

Nacido en la Puerta del Osario, Del Toro protagonizó una imagen muy entrañable para la cofradía captada por las cámaras en su presentación en Madrid y es que pudo verse cómo en el interior de su montera llevaba sendas estampas de los titulares de la hermandad. Del Toro fue este año el protagonista del spot publicitario que la empresa Pagés (que gestiona el coso de la Maestranza de Sevilla), realizó para anunciar la temporada, que por desgracia no se ha llevado a cabo en la capital hispalense.

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