«Celestial Madre mía
de la gracia y la pena.
Dios te salve María,
Esperanza y Macarena.
Amapola en el trigo.
azucena morena,
el Señor es contigo,
Esperanza y Macarena”

(‘Esperanza y Macarena’. Quintero, León y Quiroga)

 

De niña, le pedía a su Virgen de la Esperanza Macarena que le ayudara a ser una artista importante para sacar a su familia de la pobreza. Las apreturas de vida estaban muy presentes en su domicilio de la calle Parras sevillana, donde ella había nacido en 1925. Era la hija mayor de un vendedor de pescado que junto a su mujer había engendrado a una numerosa prole. A escondidas de su progenitor, que luego se convirtió en su representante y en ‘sus manos y sus pies’, comenzó a actuar, desarrollando así la vocación de artista que había nacido en su interior viendo las películas de Greta Garbo e Imperio Argentina, cuando se encerraba en el cuarto de baño a reproducir los diálogos que acaba de escuchar a través de la pantalla. Con el tiempo, su magistral voz y su elegancia sobre el escenario la convirtieron en única y en los carteles lucía, como la número 1, su nombre: Juanita Reina. Coplas inolvidables como ‘Y en el último minuto’ o ‘Y sin embargo, te quiero’ formaban parte de su grandioso repertorio en el que afloraron, y triunfaron, numerosos temas taurinos como ‘Madrina’, ‘Francisco Alegre’, ‘Capote de grana y oro’ o ‘Silencio por Torero’. Esta última, es el punto de fuga donde convergen los protagonistas este post: El Rey de los toreros, la Reina de la copla y la Reina de San Gil.

En la reciente publicación del Patrimonio Inmaterial Macareno (PIM), aparecen los nombres de ambos artistas: José Ortega ‘Gallito’ y Juanita Reina. No coincidieron en vida ya que la actriz y cantante nació cinco años después de que José perdiera la vida en Talavera de la Reina, pero fue tanto el gran trabajo y tantas las grandes aportaciones de ambos a su gran devoción, que han pasado a formar parte de la historia de la corporación ‘por la puerta grande’. Partiendo de  la citada ‘Silencio por Un Torero’ (Quintero, Léon y Quiroga, 1962), dedicada a la muerte de José, desglosamos aspectos de la vida de estos dos macarenos ilustres.

Aquella tarde Sevilla
se puso toda amarilla
«quebraíta» de color
por el aire caliente
su voz clamó de repente
qué penita y qué dolor

Dadas las tecnologías y comunicaciones de la época podría decirse que la noticia de la muerte de José, el 16 de mayo de 1920, corrió como la pólvora aunque para muchos  aquella información no pudiera ser verdad. Los telegramas empezaron a sucederse y uno de los más representativos del estupor del momento fue el enviado por Guerrita (II Califa del Toreo) a Rafael ‘El Gallo’, el hermano de José: “Impresionadísimo y con verdadero sentimiento te envío mi más sentido pésame. ¡Se acabaron los toros!”.

En el libro ‘Juan Belmonte, matador de toros’ de Chaves Nogales, cuenta en primera persona El Pasmo de Triana que hasta tres veces, y por tres personas distintas, hubo que decirle que su amigo José había muerto en Talavera para que se lo creyera. La primera de ellas fue cuando sonó el teléfono en su casa donde estaba echando una partida de póker y al otro lado comunican la triste noticia. No quiso hacer caso. La segunda vez, ahora en persona, llegó a través de Antoñito, el mozo de estoques vuelve a escucharlo. La tercera y definitiva vino en la voz de un conocido ganadero. Una frase martilleaba la cabeza y el ánimo del diestro sevillano: “¡A Joselito le ha matado un toro!”.  “Creo que yo mismo sentí un poco mi propia muerte aquel día”.

Silencio en Andalucía,
Rezadle un Ave María
Y quitarse los sombreros.
Silencio el patio y la fuente,
Que está de cuerpo presente
El mejor de los toreros.

El luto por el fallecimiento de José inundó el país. Era la figura del momento y aquello se vivió como un cataclismo. Muestra de ello son las cuantiosas referencias que en prensa encontramos sobre aquel suceso. Por ejemplo, en su edición del 17 de mayo de 1920, el periódico ‘La Correspondencia de España’ publicó este pequeño obituario bajo la firma de ‘P. Álvarez’: “La muerte de José ha sido sentidísima. Gallito, además de gran artista, era muy afable y cariñoso, y en todas las poblaciones donde iba a torear dejaba siempre una verdadera legión de amigos. Sirvan estas líneas como homenaje póstumo al diestro fallecido, que para dejar un recuerdo más íntimo de su paso por el arte, ha fallecido en el pleno apogeo de su arte. Lo mismo que al gran Julián Gayarre, la muerte le ha sorprendido en el momento más culminante de su fama. Hoy los aficionados no se darán perfecta cuenta de la pérdida de Joselito, sino más adelante, cuando vean la fiesta taurina en el período de decadencia que se inició en el momento que en Talavera de la Reina a un toro quitó la vida al más grande que han visto los nacidos. Decadencia que va con velocidad inusitada. Al tiempo”. Este mismo periódico contaba que en Barcelona “a las nueve de la noche, en el Círculo Taurino y por algunos periodistas se recibieron telegramas dando noticia de la muerte desgraciada de Joselito en Talavera de la Reina. […] En la Rambla del Centro y en la calle del Conde del Asalto, grupos de taurófilos comentaban el suceso. El Club taurino ha cerrado su puerta en señal de duelo”.

‘El Adelanto’ publica en portada la muerte de ‘Gallito’.

También en su edición de ese mismo día pero ‘El Correo de Cádiz’ publicaba que en Córdoba, “anoche se recibieron en esta capital, por un despacho particular, noticias de la cogida y muerte del Gallito. Al conocerse la triste noticia cerraron sus puertas en señal de duelo El Club Guerrita y el Círculo de Labradores. La Sra. marquesa del Mérito dispuso que se celebraran misas por el eterno descanso del alma del finado” (SIC). Por su parte, en ‘El Adelanto’ de Salamanca contaba que “inmediatamente de recibidos los anteriores telefonemas, hicimos de ellos varias copias, que distribuimos en los casinos, cafés y teatros, causando el suceso una tremenda y desconsolada impresión”.

¡Parece que está dormío, Dios mío,
En su capote de brega!
Y por Gelves viene el río, teñío
Con sangre de los Ortega.

A pesar del paso de los años, sigue impresionando la estampa del diestro Ignacio Sánchez Mejías, cuñado de José, velando el cadáver del torero nacido en Gelves pero afincado en Sevilla capital desde pequeño. También ‘El Eco de Toledo’ hacía referencia a este velatorio contando como “la bella y graciosísima tiple cómica del reina Victoria de Madrid, Consuelito Hidalgo, al recibir el telefonema nefasto que la remitió ‘Parrita’, salió con el doctor Devis en automóvil para Talavera. En laca pilla ardiente de la enfermería, donde estaba el cadáver del famoso espada, se desarrolló una escena conmovedora. La artista sufrió varios síncopes”.

Suspira bajo su velo
La Virgen de la Esperanza
Y arría en señal de duelo
Banderas la Maestranza.

Y Sevilla, enloquecía,
Repetía a voz en grito:
¡Pa qué quiero mi alegría!
¡Pa qué quiero mi alegría
Si se ha muerto Joselito!

Archiconocido es el momento en que en San Gil Aquella apareció la Macarena vistiendo luto riguroso por la muerte de ‘Gallito’. Se convirtió en una fotografía icónica que hoy sigue dando la vuelta al mundo. A su manera, y era una manera muy particular y efectiva, Juanita Reina favoreció a través de la imagen una campaña de ‘evangelización macarena’ durante sus giras. Su padre siempre se encargaba de llevar, amén del resto del equipaje, dos maletas más: una con fotos de la artista y otra con fotos de la Virgen de la Esperanza. Cuando los seguidores y admiradores pedían una foto de su hija también se les daba una de la Macarena.

La Macarena, con la mantilla de Juanita Reina y las mariquillas de ‘Gallito’.
(@hdad_macarena)

Era la dolorosa de San Gil su luz en la vida. “Cuando se iba de Sevilla su última vista era a ella y cuando venía, antes de llegar a casa, iba a verla”, contaba su familia. Tanto era la devoción y el sentimiento de agradecimiento que Juanita sentía hacia la Virgen que no dejaron de sucederse sus donaciones económicas y patrimoniales, hasta el punto de donarle su pelo. Tanto era así que en la nómina de los espectáculos de los que su citado su padre también era el empresario,  había una tal ‘Esperanza’ que figuraba pero sin apellidos: era la Macarena. Y el empresario mandaba todos los meses su montante para la Virgen. Madre abnegada y artista entregada al púbico, reconocía volver a hacer lo mismo si volviera a nacer. Cuatro años antes de su marcha, en la Gala de Andalucía de 1995 decía Juanita: “Le pido a la Macarena la perfección en mi arte para poder pagar con buena moneda el cariño de vosotros”.

Silencio por un minuto,
Pintad el campo de luto,
El ciprés y el olivar.
De luto las amapolas,
De luto Carmen y Lola,
Concha, Pepa y Soledad.

Silencio guarde el romero,
Silencio el torito fiero
Y los bravos mayorales.
Crespones en sus divisas,
Silencio pide la brisa
Al pasar por los trigales.

Era un Día de los Difuntos y Juanita Reina y su marido, Federico Casado ‘Caracolillo’, con quien se había casado en 1964, días después de la coronación de la Macarena, fueron a visitar la tumba del hermano de éste, bailarín de la artista. Ella le dijo al que fue el gran amor de su vida: “Federico, cuando yo me muera no me entierres aquí en Madrid, no porque no quiera a Madrid, pero quiero me entierren en (el cementerio de) San Fernando, que aquello es muy alegre y muy bonito”. Tal y como contaba la cantante en el programa ‘Adivina quién viene esta noche’, de Canal Sur Televisión, el matrimonio no quiso esperar a un fatal desenlace para trasladarse a la capital hispalense sino que decidieron empezar una nueva etapa en la Sevilla natal de Juanita.

Por desgracia, a la artista le vino la muerte el 19 de marzo de 1999. Al igual que su boda, donde se calcularon 4000 personas congregadas alrededor de la basílica de la Macarena, su despedida también fue multitudinaria. Precisamente, en otro programa de la cadena pública andaluza, ‘El Legado’, sus hermanas Lola y Teresa contaban que el diestro Ortega Cano alzó una idea en el sepelio: “A la que más le ha cantado a los toreros hay que llevarla a hombros hasta el cementerio”. Y así fue.

Casualidades o no, una vez cumplida la voluntad de Juanita de descansar eternamente en tan insigne camposanto sevillano, la historia tenía reservada otra coincidencia entre ella y ‘Gallito’, ya que sendos mausoleos se encuentran en el mismo espacio, donde también, otro guiño taurino, se encuentra enterrado ‘Paquirri’. En la calle de la Fe descansa eternamente la que una ocasión el Cardenal Amigo Vallejo dijo de ella que “rezaba con sus canciones”.

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