• martes, 19 octubre 2021
  • Actualizado: 17/10/2021
5 meses y 22 días para el Domingo de Ramos

Aunque parezca mentira, hace ya un año que acompañábamos hasta su recogida en la Iglesia del Santo Cristo de la Salud a la imagen del Coronado de Espinas tras presidir el Vía Crucis de la Agrupación de Cofradías del primer viernes de Cuaresma. Ocurrió en el Día de Andalucía, apenas dos semanas antes de que nuestras vidas cambiaran.

Casi un año después y en ese mismo templo, la imagen que le da nombre, el Santo Cristo de la Salud, aguarda ser trasladada de forma privada a la Catedral -tras más de medio siglo sin pisarla- para presidir el ya habitual acto de Cuaresma de la centenaria institución de San Julián.

Aciertan por partida doble en la Agrupación. De una parte, por no suspender el acto; y es que teniendo lugar en el interior de un templo y con las debidas medidas de aforo y seguridad, no hay motivo alguno para que una práctica tan propia de este tiempo se interrumpa. Y es que ya pueden suspenderse todos los carteles y pregones si se precisan; pero el culto ha de ser lo último a lo que renunciar.

Pero, además, cabe reconocer la especial sensibilidad a la hora de elegir la imagen que lo presidirá. Un amplio historial de intercesiones acumula la enigmática talla del Santo Cristo a lo largo de casi cuatro siglos de piedad popular. Piedad popular y también oficial, pues este simulacro manierista tallado por José Micael Alfaro fue nombrado en 1649 patrón del Ayuntamiento de Málaga al reconocérsele como principal mediador para que la epidemia de peste que asoló la ciudad comenzara a remitir.

Desde entonces, la devoción a este Jesús atado a la columna pasó a traspasar las fronteras y a ser invocado por un goteo incesante de fieles que, de manera continuada -siglo a siglo-, han acudido a su amparo desde su capilla en las antiguas Casas Capitulares hasta su actual emplazamiento desde mediados del XIX: la iglesia de San Sebastián de la Compañía de Jesús, junto a la plaza de la Constitución, que tomó desde entonces el nombre del Cristo de la Salud.

Un Cristo de la Salud que hoy se halla en una verdadera mampara de protección -física e institucional- que merece una reflexión en torno a si es un tanto excesiva. De hecho, que la imagen del Santo Cristo presida el Vía Crucis de la Agrupación ha supuesto un acontecimiento sumamente sorpresivo en el mundo cofrade, pues a pocos se les escapa el desmesurado conservadurismo del que ha venido haciendo gala durante las últimas décadas el Ayuntamiento de Málaga -a cuyo patrimonio pertenece la imagen- en torno a, no ya la posibilidad de sacar la talla en procesión, sino a siquiera extraerla de su angosta hornacina para la celebración de sus cultos centrales del 31 de mayo, o para descenderla a la veneración de los fieles en algún momento del año.

No deja de resultar paradójico el inquebrantable y específico celo municipal por no autorizar que la talla pueda ser objeto de puntuales movimientos con finalidad cultual al mismo tiempo que asistimos de manera demasiado frecuente a destrucciones patrimoniales en nuestra ciudad sin que el Consistorio mueva un solo dedo, cuando no las apoya con su silencio.

A esta burbuja de protección física hay que añadir la institucional. En los primeros años del siglo XXI, no debe ocultarse, su hermandad fue usada como salvoconducto para legitimar iniciativas procesionistas paralelas muy alejadas del propio culto al Sagrado Protector. Esta desviación de sus fines, sin duda, fue determinante para que, aún en la actualidad, desde el Obispado sean reacios a permitir que la institución pueda volver a caminar. De hecho, hoy la hermandad se considera inactiva y el grupo de fieles reunidos en torno a la imagen no lo hacen bajo el paraguas institucional de la corporación.

Comoquiera, y salvados estos escollos, el primer viernes de Cuaresma, por la vía física o por las nuevas tecnologías, los cofrades volverán a participar del Vía Crucis de la Agrupación de Cofradías con el horizonte de una Semana Santa sin procesiones. Y será ante el Santo Cristo: una ocasión espléndida para subrayarnos a nosotros mismos que nada: ni la práctica de la fe, ni los negocios, ni los encuentros familiares, ni la relación con nuestros semejantes y hermanos; repítase: nada es posible si nos falta la salud.