Pasa un año del anuncio de aquel estado de alarma que nos tuvo confinados durante semanas. Inicialmente, fue por 15 días pero se fue prorrogando hasta lo insospechado. La vida nos cambió como ninguno podíamos imaginar, hasta el punto de vernos en una pandemia similar a la de siglos pasados, algo que pensábamos imposible de reeditar. Todo un golpe de realidad para hacernos ver lo frágiles que somos como sociedad. Y además del dolor por cada pérdida, quedaba una última esponja de vinagre por paladear: este inédito inicio del tiempo cuaresmal. Lo que está por llegar, ya lo conocemos.

Seguirá avanzando la Cuaresma hacia la Jornada de Palmas, pero difícilmente será peor que el año pasado, sin poder salir de casa. El desconsuelo del Viernes de Dolores será inevitable, aunque vivirlo cerca de la Virgen de los Dolores supondrá un bálsamo en estos tiempos complicados. Mucho más si miramos un año atrás, cada uno en la soledad de su casa. Hasta hace unas semanas, no sabíamos que era un Miércoles de Ceniza sin procesiones en el horizonte, sin la ilusión de volver a reencontrarnos con el ritual de la mañana de Ramos. Nunca supo tan amarga la primera torrija, ni la explosión del azahar tuvo tintes tan melancólicos. Aunque uno intente esquivar su aroma para evitar recordar, nos envuelve en cada esquina incluso con la mascarilla puesta. Ha sido la última primera vez de una pandemia a la que le queda un día menos para ser historia. Antes o después, volveremos.

La propuesta que el mundo cofrade malagueño ofrece como colectivo en estas fechas tan especiales es tan pobre que no puede entenderse

Cada cofrade aguanta su vela como puede. Cuando la base es sólida, los cimientos no tiemblan, aunque los ánimos estén por los suelos. ¿Pero cómo estará viviendo el semanasantero estos días? El ambiente cofrade de la ciudad es mínimo, aunque la mayoría de cofradías han redoblado esfuerzos en los preparos de sus cultos y, no quepa duda, inyectan ilusión a los cofrades. ¿Y el resto de la ciudad? La propuesta que el mundo cofrade malagueño ofrece como colectivo en estas fechas tan especiales es tan pobre que no puede entenderse. Como cortina de humo ante tamaño despropósito, la Agrupación de Cofradías hizo público un programa completamente vacío. La primera de las grandes exposiciones anunciadas por el Centenario no llegará hasta mayo; y ya veremos qué sorpresa nos encontramos en Semana Santa, pero mucho me temo que estamos en manos de Teresa Porras y a buen entendedor…

Muchos esperamos que abran las fronteras para poder visitar exposiciones de otras ciudades. He perdido la cuenta de cuántas ofrece Sevilla, pero hay numerosas por toda Andalucía, una de ellas muy interesante en Antequera (desde el 19 de marzo, en cinco sedes de la localidad). Sorprendentemente, Málaga no ofrece nada extraordinario como reclamo ni para los propios malagueños, más allá de la propia vida cofrade de cada hermandad. Hemos saboreado el último mal trago que nos quedaba por probar de esta terrible pandemia y toca seguir caminando. En este año, si algo hemos aprendido, es que hemos de convivir con el virus durante algún tiempo. Sería bueno hacer partícipe al resto de la ciudad como sea, aunque no tengamos procesiones, y no acordarnos de ellos únicamente para cobrarles el abono de las sillas.