Si un colectivo ha sido especialmente responsable durante esta pandemia para evitar contagios, ese ha sido el cofrade: la Iglesia en general y las cofradías en particular. El primer estado de alarma sorprendió a todos la pasada Cuaresma con los repartos iniciados, las albacerías a pleno funcionamiento y la mitad de los cultos por desarrollar. Obviamente, todo se detuvo ipso facto​​ y se regresó a recoger lo que había quedado por medio cuando fue posible, bien entrado el verano. Desde entonces, cualquier iniciativa cofrade, desde la vida diaria de hermandad hasta la agenda de cultos y actos programada, se ha realizado con el mayor de los celos, incluso cuando uno miraba lo que ocurría alrededor y parecía que el virus ya no seguía entre nosotros. Tras vivir un verano de excesos y unas fiestas navideñas de forma con todos los ingredientes para adultos y sin cabalgata, llegan las restricciones de cara la Semana Santa 2021, para evitar una cuarta ola que nadie quiere. Ni habrá procesiones, ni se podrá salir de la provincia. Si todas las medidas aprobadas contribuyen a pasar página, los esfuerzos habrán merecido la pena. Desde luego, el mundo cofrade como colectivo volverá a estar a la altura de las circunstancias.

Con todo, el sentimiento de frustración de tantos cofrades es inevitable porque hay motivos. Para empezar, la suma de mensajes contradictorios no ayuda a dar credibilidad a la situación y que la gente sea responsable. En pocos días, se ha pasado de «descartar una cuarta ola tan dura como la tercera» a decir que «la cuarta ola puede ser virulenta». En cualquier caso, la visita a un templo se puede realizar sin poner en riesgo la salud de nadie. Sea en la ciudad propia o con desplazamiento incluido a una provincia vecina. Pero con las fronteras abiertas no serían controlables los movimientos de tantas personas, ni las formas y motivos que les lleva a cada uno a viajar. Así, hasta nueva orden, cada uno deberá conformarse con lo que tiene en su provincia. Todos menos los turistas que se siguen viendo por nuestras calles. ¿De dónde vienen? ¿Todos los que aterrizan en Málaga se quedan en la provincia? Dudas razonables que cualquier cofrade puede realizarse sin que ello pueda justificar incumplir las nuevas restricciones aprobadas hasta el primer viernes del tiempo de Pascua. Puedan o no ser compartidas las decisiones, hay que ser especialmente celosos en su cumplimiento.

Un hilo musical por las calles tiene el mismo regusto cofrade que engalanar un edificio con plóter y lonas de plásticos

Y a falta de nueve días para el Domingo de Ramos, tras una Cuaresma completamente vacía de contenido (más allá de los cultos de cada cofradía), el Ayuntamiento de Málaga presenta con la Agrupación de Cofradías el programa de actividades oficial de la Semana Santa de 2021, acompañados de representantes de los hosteleros, hoteleros y comerciantes. La foto habla por sí sola del peso cofrade de las iniciativas. Pero por encima de todo se pulsa la improvisación, pues incluso anuncian una página web por hacer: malagadondemejor.com (el 25 de marzo puede leerse que estará). Tiempo habrá de valorar cada propuesta, aunque de inicio un hilo musical por las calles tenga el mismo regusto cofrade que engalanar un edificio con plóter y lonas de plásticos. Aunque no se pueda salir de Málaga, la provincia ofrece interesantes realidades cofrades y esta Semana Santa sin procesiones puede ser una oportunidad para acercarse a conocerlas. Desde luego, como está la cosa a día de hoy, parece que Antequera será el centro de todas las miradas.