El obispo de Málaga, Jesús Catalá, sigue siendo un gran desconocido para la mayoría de cofrades, aunque llegó a la Diócesis hace más de una década. Sus apariciones públicas prácticamente se circunscriben al ámbito cultual y prefiere esquivar a los medios de comunicación. En la Gala del Centenario aceptó la invitación a hablar y cerró el acto con un discurso de once minutos y medio. Se vivió un momento sin precedentes: el obispo, protagonista en un acto cofrade con todos los medios de comunicación presentes y las televisiones locales en directo. Aprovechó la ocasión para, directamente, abrazar de forma rotunda la labor de las hermandades: «Soy un defensor convicto de las cofradías y un buen conocedor de las mismas, aunque alguien pudo pensar, a mi llegada a Málaga, que este Obispo no entendía nada de ellas».

Lo cierto es que el mundo cofrade no puede tener quejas de Jesús Catalá (Villamarchante, Valencia, 1949), más allá de estar mostrándose especialmente poco cercano desde el inicio de su episcopado en 2008. Con todo, en las distancias cortas Catalá es afable. Aunque quizá algo seco. Desde las tablas del Teatro Cervantes, no sólo felicitó a los cofrades por el Centenario, también ofreció algunas pinceladas históricas para evidenciar su conocimiento sobre el mundillo, del que dijo que «las actividades que podemos ver del mundo cofrade, son simplemente la punta del iceberg de un fondo mucho más rico y fecundo». Pero lejos de quedarse en un halago o en una posible frase para agradar, fue más allá y argumentó cada defensa que hizo del mundo cofrade. «No se pueden calibrar ni sopesar los frutos espirituales de tantas celebraciones, Misas, procesiones, rosarios, vigilias, adoraciones al Santísimo Sacramento, veneración de la Cruz redentora de Cristo, horas de oración, confesiones, penitencias. Todo eso representa un mar sin fondo; es decir, la parte más grande del iceberg, que subyace bajo el agua y que nunca podremos ver». Hasta en dos ocasiones aludió al símil del iceberg para ilustrar lo que trataba de exponer. La mayoría de asistentes no daban crédito y así se podía pulsar en el run run de las butacas.

Fotografía del escenario en la locución del obispo, con los presidentes de la Agrupación. (L. G. Gómez Pozo)

Jesús Catalá valoró especialmente la labor caritativo-social de las cofradías, de la que dijo «es ingente e incalculable», además de «hermosa». En este sentido, habló de «una ingente labor poliédrica: religiosa, cultural, social, artística, económica». Lo consabido pero quizá nunca antes escuchado de forma tan rotunda por un obispo. En el plano cultural, para Catalá «no podemos imaginar nuestra querida Ciudad sin la referencia cultural de las cofradías, que han modelado un estilo de vida, un comportamiento, una manera de pensar y de expresarse». «Lo mejor del arte en Málaga y en toda Andalucía es fruto de la fe en Dios y de la actividad cofrade», sentenció.

El obispo de Málaga asegura que «el mundo cofrade transforma y enriquece la sociedad»

Por último, el obispo habló de las cofradías como potenciadoras de la economía «a través de múltiples actividades laborales, industriales, comerciales y turísticas». Sin ser un fin en sí mismo del mundo cofrade, sin dudas, es un activo que ofrece a la sociedad. Y así lo puso en valor el propio obispo de la Diócesis. «De todos es conocido y valorado lo que aporta el mundo cofrade a la economía en Andalucía y, concretamente, en nuestra ciudad; la importancia del quehacer cofrade en este aspecto es de inestimable valor», subrayó.

Si alguno podía tener dudas de qué piensa el obispo de Málaga sobre las cofradías, lo ha dejado bien claro en estos días de cuenta atrás para la Semana Santa 2021: «el mundo cofrade transforma y enriquece la sociedad».