La revolución iniciada en el mes de septiembre del año 1868, conocida como la Gloriosa, supuso el derrocamiento de la reina Isabel II y el inicio de un periodo de inestabilidad política conocido como el Sexenio Democrático o Revolucionario, con momentos ciertamente convulsos. Una revolución que se inició con una sublevación militar con apoyo popular y que pretendía instaurar un régimen democrático, fracasando estrepitosamente en las diferentes formas en las que se intentó llevar a efecto: monarquía parlamentaria y Primera República. Además, en Málaga hay que añadir la proclamación como cantón independiente en el mes de julio de 1873.

Poco glorioso fue este periodo para las cofradías malagueñas ya que causó un acentuado paréntesis en las manifestaciones de culto externo después de una etapa de cierto esplendor. Desde el año 1860 se había producido un incremento en el número de cofradías que procesionaban, muchas de ellas haciéndolo de forma conjunta, llegando a diez; hay que considerar que en la década anterior no salían más de tres. Se da la circunstancia de que la mayor parte de las cofradías entraban en la Catedral para realizar estación de penitencia, siendo la excepción no hacerlo, como fue el caso del año 1867 cuando las nueve que salieron aquel año (Huerto; Exaltación, Puente y Nazareno de San Juan; Misericordia; Servitas; Soledad de Santo Domingo; El Rico y Sangre) entraron en la Catedral. Apogeo procesional que se frenó ya en la Semana Santa de 1868, cuando solo salieron cinco cofradías debido más a circunstancias económicas que políticas, acaeciendo estas últimas desde el 18 de septiembre. El movimiento revolucionario generó en las cofradías un miedo a salir que, como vamos a comprobar, estaba plenamente fundado.

Durante el Sexenio Revolucionario, se declaró ilegal toda corporación de carácter religioso que en un determinado plazo no presentara sus libros y un listado de hermanos

Llegaron noticias a Málaga del pronunciamiento militar iniciado en Cádiz y en la misma noche del día 18 ya había corrillos en la plaza de la Constitución, se cerraron los comercios y no faltaron carreras y gritos subversivos. El domingo 20 de septiembre, con el pretexto de la lluvia, se suspendió la procesión de la Virgen de la Victoria que estaba anunciada. Al día siguiente, fue autoproclamada una Junta Provisional para el gobierno de la ciudad, afirmando que el pueblo malagueño, secundado por el Regimiento Aragón con su coronel a la cabeza, «había sacudido el yugo que por tan dilatados años sufrían, impuesto por los corrompidos bandos que han venido gobernando el país desde el último eclipse de la libertad». En la noche del día 22 asaltaron las oficinas del Ayuntamiento, causando múltiples destrozos y la pérdida de mucha documentación. Las turbas asaltaron una armería de calle Carretería; también fue asaltada la Aduana, quemándose los papeles de los archivos en una hoguera en el patio. Subieron pelotones a la torre de la Catedral, a la de Santiago y a otras iglesias repicando las campanas para celebrar el éxito de la revolución. El 25 de septiembre llegó a Málaga su principal precursor, Juan Prim, recorriendo  la ciudad en coche descubierto. Prim afirmó que el pueblo de Torrijos había respondido al pueblo de Riego: «¡Malagueños! Hemos conquistado la libertad». Al día siguiente, fue ocupado por la milicia el Palacio del Obispo, colocándose vigías en balcones y azoteas; la iglesia de la Aurora María se convirtió en cuartel del grupo revolucionario de la Trinidad. Se repartió por la ciudad una hoja instando a la violencia contra el clero.

Determinadas decisiones adoptadas por la Junta Revolucionaria afectaban frontalmente a las hermandades y cofradías: se declaró ilegal toda corporación de carácter religioso que en un determinado plazo no presentara sus libros y un listado de hermanos, estimándose como conspiradores y traidores a los que no lo hicieran; igualmente, a propuesta de los señores Pérez y Azuaga, se dispuso que fuesen suprimidas la VOT Servitas y determinadas hermandades como la de San Vicente de Paul. Por otro lado, se mandó oficiar al vicario capitular para que en 24 horas se desalojasen por las monjas los conventos de Santa Clara y San Bernardo, sitos en la calle Granada, ya que se iba a proceder a su inmediato derribo. No fueron los únicos conventos señalados, ya que también se ordenó desocupar los conventos del Ángel, Capuchinos y Carmelitas, refugiándose las monjas en casas particulares.

Como muestras de normalidad en los primeros meses de 1869, fue bendecida la capilla de la Aurora María, escenario de sangrientos enfrentamientos

La Junta Revolucionaria intentaba que no se produjeran hechos violentos, pero no podía controlar todas las acciones de las milicias que se sucedían en cualquier lugar de la ciudad y en cualquier momento. Por ejemplo, el que sucedió en el Compás de la Victoria cuando se encontraban varias compañías de la Milicia Popular realizando ejercicios y pasó por allí el anciano capellán de la ermita del Calvario, Juan Silva. Algunos milicianos comenzaron a insultarle y uno de ellos le disparó, rozándole la bala.

Llegado el año 1869 se consiguió cierta normalidad, no sin antes haberse producido una insurrección, dentro de la propia revolución, provocada por los republicanos federales, con numerosas barricadas en las calles y que fue duramente reprimida por el ejército entre el 31 de diciembre de 1868 y el 1 de enero de 1869.

Como muestras de normalidad en los primeros meses de 1869, sobre todo para los católicos, fue bendecida la capilla de la Aurora María que había estado sirviendo de cuerpo de guardia y fue escenario de sangrientos enfrentamientos en la lucha del 1 de enero. El 14 de febrero hubo una manifestación en favor de la libertad de cultos, salieron de la Alameda y más de doscientos ciudadanos, a los que se incorporaron después otros en el barrio del Perchel; seis días más tarde hizo su entrada pública el nuevo obispo, don Esteban Pérez y Martínez, recibido por las autoridades y por el cabildo catedralicio.

La Esclavitud Dolorosa, probablemente a principios del siglo XX.

Durante la Cuaresma de 1869 se tiene constancia de la celebración de sus cultos por la Hermandad de la Esclavitud Dolorosa cuando tenía como sede el Santuario de la Victoria y del septenario a la Virgen de los Dolores en la iglesia de San Pedro. También se destacaba el septenario a Nuestra Señora del Traspaso y Soledad de Viñeros en la iglesia de la Merced, siendo el orador Gregorio Naranjo y todo oficiado por música a cargo de Juan Cansino.

Los hermanos de la Soledad de Santo Domingo, actual Congregación de Mena, aprobaron en cabildo salir aquella Semana Santa que nadie se planteó

En algunos de los cultos celebrados en Cuaresma se produjeron incidentes, como el que sucedió mientras se oficiaba en la ermita de Calvario con numerosa asistencia de fieles, cuando un individuo se subió sobre la mesa del altar mayor y pronunció un discurso anticlerical que dio origen a una gran alarma.

A pesar de la estabilización de la situación, ninguna cofradía se planteó realizar su salida procesional en la Semana Santa de 1869. Bueno, ninguna no, ya que la Cofradía de la Soledad de Santo Domingo celebró en la noche del Martes Santo un cabildo general en el que se acordó  hacer todo lo posible para sacar en procesión a la imagen titular en la noche del Viernes Santo. Lo que finalmente no sucedió.