En la noche del 20 de mayo de 1869 se recibieron telegramas informando que se había acordado por las Cortes, como forma de gobierno de España, la monarquía constitucional. Se notó gran alarma y emigraron muchas familias. No pocos republicanos, formando grupos, se lanzaron a la calle con fusiles.

Contra lo que se esperaba, salió a la calle la procesión del Corpus, aunque asistieron pocas personas, no faltando los gremios de carpinteros y hortelanos. En la puerta de la Catedral se iniciaron carreras, llegando la alarma al interior del templo; en la plaza se dieron vivas a la libertad de cultos. El año 1869 finalizó con los rumores de que se preparaba un levantamiento contra el Gobierno.

Pocos cultos se celebraron por las cofradías en la Cuaresma y Semana Santa de 1870, refiriéndose la prensa a los celebrados por la Hermandad de Esclavitud Dolorosa. Eso sí, destacó sobremanera el celebrado por la Cofradía de la Soledad de Santo Domingo en la noche del Viernes Santo y en la mañana del Sábado con la misa de privilegio. El Viernes Santo, el sermón de Soledad y se cantó a toda orquesta el Stabat Mater de Rossini. Según cuentan las crónicas, el sermón fue oído con recogimiento por el numeroso público que llenaba las naves del templo. “En el Stabat Mater de Rossini que fue después cantado a toda orquesta, tomaron parte la señora de Palacio, y en los coros las señoritas de Ávila, Utrera, Cruz, Ulloa, Gaertner, Laffore y rubio, devotas todas de dicha imagen. Tanto en dicha noche como en la mañana del sábado la orquesta estuvo dirigida por el inteligente profesor D. Eduardo Ocón.” (El Avisador Malagueño, 17 de abril de 1870).  Segundo año sin procesiones y la inestabilidad política continuaba.

En el verano de 1870 el deán de la Catedral, Antonio Ramón de Vargas, ordenó imprimir una circular solicitando limosnas de los católicos malagueños para poder sostener el culto divino en la Catedral, pues hacía siete meses que no se cobraba la dotación y la situación económica era insostenible. Lo mismo sucedía en la mayor parte de las iglesias. La situación del Ayuntamiento no era mejor y existía una oposición de los contribuyentes al pago de los arbitrios municipales, publicando el ente municipal una extensa hoja en la que declaraba el deplorable estado de abandono y miseria a que le ha conducido la absoluta falta de recursos y toda clase de ingresos para atender los servicios esenciales. Se recuperaron arbitrios que, como el de consumo, se habían ofrecido desterrar por los defensores de la Revolución.

Por si fuera poco, en el mes de septiembre llegó al puerto un buque procedente de Barcelona con dos enfermos de fiebre amarilla a bordo, habiendo fallecido en la travesía el contramaestre. La Junta de Sanidad nombró una comisión de barcos para vigilar y controlar los procedentes de Barcelona, donde la fiebre amarilla se estaba cobrando cada día mayores víctimas. A tal efecto, se mandó desocupar el exconvento de los Ángeles para destinarlo a lazareto y se habilitó una zona de observación delante de la Farola.

La situación política en España seguía sin calma, a pesar de la apuesta por la monarquía parlamentaria y de que la Revolución no era lo que se pensó, sobre todo por la clase obrera. Juan Prim eligió a Amadeo de Saboya como candidato a monarca, siendo refrendado por las Cortes el 16 de noviembre de 1870. Candidato al que no quería nadie, ni los conservadores, que deseaban la vuelta de los Borbones, ni la Iglesia, ni mucho menos los republicanos. Antes de terminar el año, Prim fue asesinado.

Llegó la Semana Santa de 1871 y, tras dos años sin procesiones en las calles, salió para realizar estación en la Catedral la única cofradía que tenía poder, medios y suficiente respaldo para hacerlo: la Cofradía de la Soledad de Santo Domingo. Aunque se discutió mucho si era oportuna o no su salida procesional, se verificó finalmente. Abría marcha la sección de la Guardia Civil, a la que seguía la de música del Regimiento de Infantería de Valencia, el guion de la cofradía y unas seiscientas personas vestidas de negro con cirios. Presidía el Ayuntamiento con su alcalde al frente y cerraban la procesión la banda de música del Regimiento de Zamora. Realizó estación de penitencia en la Catedral en la que la esperaba una comisión del cabildo catedralicio.

En la Cuaresma de 1872 destacan los septenarios celebrados en honor a Nuestra Señora de los Dolores por su archicofradía en la iglesia de San Juan, a Nuestra Señora de los Dolores en la iglesia de San Pedro y a Nuestra Señora de la Soledad en la iglesia de Santo Domingo. Respecto a este último, que dio comienzo el Viernes de Dolores, la sección lírica del Liceo participó contribuyendo “a que se puedan llevar a cabo estos actos religiosos la piedad y devoción de las Sras. hermanas y la iniciativa de la actual camarera de dicha efigie, Doña Carlota Hernández de Cendra, secundada por la Sra. doña Josefa Genestroni de Rabanal” (El Avisador Malagueño , 23 de marzo de 1872).  Por supuesto, se interpretó el Stabat Mater de Rossini, concretamente el Jueves Santo, pero no se hizo únicamente en las naves dominicas. El día de la estación de penitencia, Viernes Santo, el cortejo de la Soledad, compuesto por unas seiscientas personas y bajo una fuerte lluvia, hizo su entrada en la Catedral por la puerta principal. Al llegar la imagen, a la que había acompañado durante el recorrido una capilla musical, la sección lírica del Círculo Mercantil comenzó a cantar la introducción de la obra de Rossini, Stabat Mater Dolorosa.

El reinado de Amadeo I estuvo acompañado por seis breves gobiernos y hasta tres elecciones a Cortes Generales en poco más de dos años. El 11 de febrero de 1873 abdicó y el Congreso y el Senado, reunidos en Asamblea Nacional, asumieron todos los poderes, declarando como forma de gobierno la República. En nuestra ciudad, el acto oficial de proclamación se llevó a efecto el 23 de marzo, dos semanas antes de la Semana Santa. Justo tres días antes del Domingo de Ramos, el nuevo alcalde convocó a los mayores contribuyentes al objeto de acordar el medio de obtener recursos para la compra de fusiles con destino a los voluntarios de la República.

En la Semana Santa no hubo procesión alguna, ni siquiera la Soledad. En cualquier caso, los actos religiosos se celebraron en todas las iglesias con gran solemnidad y numerosa asistencia de fieles, sin incidente alguno. Como el celebrado el Domingo de Ramos, a las cinco de la tarde, y con el que concluían en la iglesia de Santiago los solemnes ejercicios de Cuaresma,  a cuyo efecto colocaron a la imagen de Nuestro Padre Jesús titulado ‘El Rico’ en el altar mayor. Al finalizar el sermón, Jesús ‘El Rico’ dio la bendición al pueblo. No faltó la misa de privilegio: “El sábado próximo se oficiará con la solemnidad de todos los años la misa de privilegio que en dicho día se reza en el altar de Nuestra Señora de la Soledad, que se venera en la iglesia parroquial de San Carlos y Santo Domingo de nuestra ciudad”. (El Avisador Malagueño, 10 de abril de 1873).

Ese año 1873 dejaría un hecho para la historia de nuestra ciudad, como fue la proclamación de la ciudad de Málaga como cantón independiente en el mes de julio. Ente federal que solo duró dos meses al ser disuelto por el general Pavía.

La Soledad volvería a procesionar en la Semana Santa de 1874, volviendo a ser la única en ese año anterior a la Restauración con la que se pondría fin al Sexenio Revolucionario. Poco a poco volvería a aumentar el número de cofradías que procesionarían por las calles de Málaga no llegando al hito alcanzado en 1867 hasta el año 1892, cuando ya estaba en ciernes otra forma de entender la Semana Santa.