«Pilatos era un cobarde que no quería problemas ni con el rey Herodes ni con Roma. Tiene delante a Dios y no lo reconoce. Muchas veces es la propia cobardía la que hace que no lo reconozcamos»
(Rafael J. Pérez Pallarés, sacerdote de la Diócesis de Málaga)

 

En la Palestina de Jesús las regiones pasaron a ser provincias romanas, de las que había tres clases: imperiales (o pretorianas),  senatoriales (o consulares) e imperiales, de rango ecuestre. Es una etapa histórico-política en la que se busca encontrar un equilibrio en las relaciones entre la comunidad judía y las autoridades romanas, de por sí tensas. Es aquí donde sale a la palestra la figura de Poncio Pilato, figura que trascendió a la historia de los siglos por el ‘caso Jesús’. Pilato era el prefecto de Judea y los prefectos vivían en la Cesarea Marítima, pero el epicentro de la vida era Jerusalén, ciudad a la que se desplazaban, sobre todo, durante las peregrinaciones para evitar posibles revueltas. El espiritano Claude Tassin, en su libro ‘De los Hijos de Herodes a la Segunda Guerra Judía’, explica que, durante el régimen romano, la comunidad judía mantenía una serie derechos heredados de la costumbres de los padres como eran la exención del servicio armado o del culto imperial, entre otros. Dos de esos derechos tienen mucha importancia a la hora de entender el proceso judicial a Jesús: por un lado Roma concedió al Sanedrín una serie de privilegios en cuestiones de jurisdicción interna así como una cierta independencia económica, mientras que también, Roma nombraba y destituía al sumo sacerdote, un derecho que fue devuelto a Agripa II (en el 49). La costumbre obligaba a Roma a escoger al candidato entre cuatro familias: Fiabi, Boeto, Seti (la familia de Anás) y Kamit. Por otro lado estaba el ‘ius gladiis’, el derecho a espada, que «en un sentido estricto es el poder de ajusticiar a un soldado romano o un ciudadano por delito grave o falta política». Un derecho que los historiadores niegan que el Sanedrín tuviese. A continuación se reproducen los textos evangélicos que narran el proceso de Jesús ante Pilatos y su sentencia a muerte, así como sus apuntes diferenciadores.

 

  • Evangelio según San Mateo

 (Según explica la Pontificia Comisión Bíblica, durante la redacción del Evangelio de San Mateo, la mayor parte del pueblo judío había seguido a sus dirigentes en su negativa a creer en Cristo Jesús, por lo que los judeocristianos eran una minoría. El evangelista preveía pues que las amenazas de Jesús iban a cumplirse. Éstas afectaban a los judíos sólo en tanto que solidarios con sus dirigentes indóciles a Dios. Es el único Evangelio que apunta el gesto de Pilatos de lavarse las manos públicamente desvinculándose del proceso, así como la intercesión de Claudia Prócula, su mujer, para que no condenara a Jesús).

Jesús de la Sentencia, de Málaga. (@lasentencia)

 (Mt, 26, 59-66) Los sumos sacerdotes y el Tribunal Supremo en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarle a muerte. Pero no encontraron, aunque se presentaron muchos testigos falsos. Al fin llegaron los dos que dijeron: «Éste dijo: puedo derribar el templo de Dios y en tres días reedificarlo». El sumo sacerdote se levantó y le dijo: «¿No respondes nada a lo que éstos atestiguan contra ti?». Pero Jesús permaneció callado. El sumo sacerdote le dijo: «¡Te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios!» Jesús contesto: «Tú lo has dicho. Y os declaro que desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Padre y venir sobre las nubes del cielo». Entonces el sumo sacerdote se rasgó las vestiduras y dijo: «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?» Ellos respondieron: «¡Que es reo de muerte!» […](Mt 27, 1-2) Al amanecer, los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo decidieron condenar a muerte a Jesús. Lo ataron y los llevaron al gobernador Pilato.[…](Mt 27, 11-26) Jesús compareció ante el gobernador, quien le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos». Jesús respondió: «Tú lo dices». Pero nada respondió a las acusaciones que le hacían los sumos sacerdotes y los ancianos. Pilato le dijo: «¿No oyes todo lo que dicen contra ti?» Pero él no le respondió nada, hasta el punto de que el gobernador se quedó muy extrañado.

Por la fiesta, el gobernador solía conceder al pueblo la libertad de un preso, el que ellos quisieran. Había entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Pilato pregunto a todos los que estaban allí: «¿A quién queréis que os deje en libertad? ¿A Barrabás o a Jesús, a quién llaman el mesías?» Pues sabía que lo habían entregado por envidia.

Estando en el tribunal, su mujer mandó a decirle: «No resuelvas nada contra ese justo, porque he sufrido mucho hoy en sueños por causa de él».

Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente de que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Y al decirles el gobernador: «¿A quién de los dos queréis que os suelte?», ellos respondieron: «A Barrabás». Pilato les dijo: «¿Qué haré entonces con Jesús, al que llaman el Mesías?» Todos dijeron: «¡Que lo crucifiquen!» Él replicó: «Pues, ¿qué mal ha hecho?» Ellos gritaron más fuerte: «¡Que lo crucifiquen!» Viendo Pilato que nada conseguía, sino que aumentaba el alboroto, mandó que le trajeran agua y se lavó las manos ante el pueblo, diciendo: «Soy inocente de esta sangre. ¡Vosotros veréis!» Y todo el pueblo respondió: «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos». Entonces puso en libertad a Barrabás y les entregó a Jesús, después de azotarlo, para que fuera crucificado.

 

  • Evangelio según Marcos

(Según los estudios se estima que el Evangelio según San Marcos fue escrito en torno a los años 65-70. En este contexto; Pedro y Pablo ya habían sido martirizados bajo la Roma de Nerón y los cristianos eran perseguidos. Jesús es presentado a la comunidad en el texto como si fuera un anticipo de la propia vida que les esperaba. Marcos narra que la condena viene por parte del Sanedrín, no de Pilato, aunque la entrega de Jesús al suplicio por parte del prefecto, sin haberle encontrado culpa, lo hace aún más culpable). 

Jesús de la Sentencia, de la Hdad. de la Macarena de Sevilla. (@hdad_macarena)

 (Mc 15,1-15) Al amanecer, celebraron consejo los sumos sacerdotes, los ancianos, y los maestros de la ley el tribunal supremo en pleno. Ataron a Jesús, lo llevaron y se lo entregaron a Pilato. Pilato le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Y él respondió: «Tú lo dices». Y los sumos sacerdotes le acusaban de muchas cosas. Pilato le pregunto de nuevo: «¿No respondes a nada? Mira de cuántas cosas te acusan». Pero Jesús no respondió nada, hasta el punto de que Pilato quedó muy extrañado.

Por la fiesta concedía la libertad un preso, el que ellos quisieran. Había entonces un preso llamado Barrabás, junto con los sediciosos en un motín habían cometido un homicidio; llegó la gente y se puso a pedirle la gracia que solía concederles. Pilatos les dijo: «¿Queréis que os ponga en libertad al Rey de los judíos?» Pilatos sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes azuzaron al pueblo para que les pusieran en libertad a Barrabás. Pilato les dijo: «¿Qué queréis que haga con el que llamáis Rey de los judíos?» Ellos gritaron: «¡Crucifícalo!» Pilato replicó: «Pero, ¿qué mal ha hecho?» Y ellos gritaban más alto: «¡Crucifícalo!» Pilato, entonces, queriendo satisfacer a la gente, les puso en libertad a Barrabás y les entregó a Jesús, para que lo azotaran y lo crucificaran.

 

  • Evangelio según San Lucas

(Es en el Evangelio de Lucas donde se plasma la comparecencia de Jesús ante Herodes, ante el cuál guardó silencio. El Herodes que aquí se menciona es Herodes Antipas, hijo de Herodes ‘El Grande’, recordado entre otros la reconstrucción del Templo de Jerusalén. En el libro de Hechos de los Apóstoles, aparece un tercer Herodes, en este caso Agripa, nieto de ‘El Grande’. Otro apunte al texto tiene que ver con las jurisdicciones, ya que aunque Jesús nació en Belén (de Judea), la familia se estableció en Nazareth, ciudad de la región de Galilea).

Jesús del Silencio en el Desprecio de Herodes, de la Hdad. de la Amargura de Sevilla. (@3caidas_triana)

 (Lc 23, 1-25) Se levantó la Asamblea, lo condujeron a Pilato y comenzaron a acusarle, diciendo: «Nosotros lo hemos encontrado alborotando a nuestra nación, prohibiendo pagar el tributo al césar y diciendo que él es Cristo Rey.» Pilato le preguntó: «¿Tú eres el rey de los judíos?» Y él respondió: «Tú lo dices». Pilato dijo a los sumos sacerdotes y la gente: «No encuentro ninguna culpa en este hombre». Pero ellos insistían con más energía: «Alborota al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea, donde empezó, hasta aquí» Pilato al oír esto, preguntó si era galileo; al asegurarse de que era de la jurisdicción de Herodes, se lo envió, porque Herodes estaba también en Jerusalén por aquellos días.

Herodes se alegró mucho de ver a Jesús, porque hace bastante tiempo que quería verlo, pues había oído hablar de él y esperaba haberle hacer algún milagro. Le hizo muchas preguntas pero no respondía nada. Por su parte, los sumos sacerdotes y los maestros de la de la ley estaban allí y le acusaban duramente. Herodes, con sus soldados, trató con desprecio a Jesús, se burló de él, le puso un vestido blanco y lo envió a Pilato. Aquel día Herodes y Pilatos se hicieron amigos, pues antes eran enemigos.

Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, y les dijo: «Me habéis traído a este hombre como alborotador del pueblo; yo le he interrogado delante de vosotros y no lo he encontrado culpable de las cosas de que lo acusáis. Herodes tampoco, puesto que nos lo ha devuelto. Nada ha hecho, pues, que merezca la muerte. Por tanto, lo pondré en libertad después de haberlo castigado».

Ellos gritaban todos a una: «Quita de en medio a ése y deja en libertad a Barrabás». Éste  había sido encarcelado por una revuelta ocurrida en la ciudad y por un homicidio. De nuevo Pilato les habló, pues quería dejar en libertad a Jesús. Pero ellos gritaron: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!» Y Pilato, por tercera vez, les dijo: «¿Pero qué mal ha hecho? No he encontrado en él causa de alguna de muerte; por tanto lo dejaré en libertad después de haberlo castigado». Pero ellos insistían a grandes voces pidiendo que fuera crucificado y sus gritos cada vez eran más fuertes. Pilato decidió que se hiciera como pedían. Dejó en libertad al que pedían (el que había sido encarcelado por una revuelta y un homicidio), y les entregó a Jesús para que hicieran con él lo que quisieran.

 

  • Evangelio según San Juan

(El Evangelio según San Juan, siempre analizado de forma independiente a los sinópticos, demuestra un gran conocimiento del judaísmo y de la antropología judía. Es clave para entender los textos joánicos los distintos matices  a la hora de usar el término ‘judíos’, ya que también hace referencia a los seguidores de Jesús. Lo que ocurre es que muchos judíos eran contrarios a Jesús. Cuando el texto parece que denota ciertos ‘ataques’ a los judíos, se hace con la intención que diferenciar claramente a las comunidades cristianas de las judías, pero nunca como  un episodio de ‘antijudaísmo’. De esta  manera también se usa ‘judíos’ para representar el mundo que debe cambiar. Es posible que esa separación entre los seguidores de Jesús y ‘judíos’ venga influida por la expulsión de la sinagoga  de los cristianos en la época en la fue escrito el texto. En la narración de la Pasión vemos como en Juan aparece en momento de la presentación al pueblo de Jesús, lo que en la religiosidad popular se conoce  como el ‘ecce homo’).

Cristo de la Humildad en su Presentación al Pueblo (Ecce-Homo), de Málaga. (@hdadhumildad)

 (Jn 18, 28 – 40) De casa de Caifás llevaron a Jesús al palacio del gobernador. Era de madrugada. Los judíos no entraron en el palacio para no contaminarse y poder comer la cena de la pascua. Pilato salió fuera Dios fuera y les dijo: «¿Qué acusación traéis contra este hombre?» Y respondieron: «Si no fuera un criminal no te lo hubiéramos entregado». Pilato les dijo: «Pues tomadlo vosotros y juzgarlo según vuestra ley». Los judíos replicaron: «A nosotros no se nos permite condenar a muerte a nadie» Para que se cumpliera la palabra que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir, Pilato volvió a entrar en el palacio llamó a Jesús y le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» Jesús respondió: «¿Dices esto por ti mismo o te lo han dicho otros sobre mí?» Pilato respondió: «¿Soy yo acaso judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?» Jesús respondió: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo mis súbditos lucharían para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi reino no es de aquí». Pilato le dijo: «¿Luego tú eres rey?» Jesús respondió: «Tú lo dices: yo soy rey. Para eso nací y para eso he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz». Pilato le dijo: «¿Y qué es la verdad?» Dicho esto, salió fuera otra vez y dijo a los judíos: «Yo no encuentro en él culpa alguna. Vosotros acostumbráis a que os suelte un preso con la Pascua; ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos?» Entonces gritaron nuevamente: «¡A ese no! ¡A Barrabás!» Barrabás era un bandido. (Jn 19, 1- 16) Entonces Pilato mandó a azotar a Jesús. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le vistieron un manto de púrpura; se acercaban a él y le decían: «¡Viva el Rey de los judíos!» Y le daban bofetadas. Pilatos salió otra vez fuera y le dijo: «Ved que os lo saco para que sepáis que no encuentro en él culpa alguna». Jesús salió fuera,  llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Pilato les dijo: «¡Aquí tenéis al hombre!».

Los sumos sacerdotes y sus los criados, al verlo, gritaron: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!» Pilato les dijo: «Tomadlo vosotros y crucificadlo, pues yo no encuentro culpa en él». Los judíos respondieron: «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley debe morir, porque se hace Hijo de Dios». Pilato al oír estas palabras, tuvo aún más miedo. Entró de nuevo en el palacio y preguntó a Jesús: «¿De dónde eres tú?» Pero Jesús no le contestó. Pilato le dijo: «¿Por qué no me contestas? ¿No sabes que puedo darte la libertad o crucificarte?» Jesús le respondió: «No tendrías ningún poder sobre mí si no te lo hubiera dado Dios; por eso, el que me ha entregado a ti es más culpable que tú». Entonces Pilato buscaba la manera de dejarlo en la libertad. Pero los judíos gritaban: «Si lo dejas en libertad, no eres amigo del César; todo el que se hace rey va contra el César».  Pilato al oír estas palabras, sacó fuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el sitio que llamaban ‘enlosado’, en hebreo ‘Gábbata’. Era la víspera de la Pascua, hacia el mediodía. Pilato dijo los judíos: «Aquí tenéis a vuestro Rey». Ellos gritaron: «¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!». Dijo Pilato: «¿Voy a crucificar a vuestro rey?». Los sumos sacerdotes respondieron: «No tenemos más rey que el César». Y se lo entregó para que lo crucificaran.

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