«Son muchas las hermandades que se proponen adornar con profusión de luces y flores sus altares y capillas para la visita de insignias la noche del Miércoles Santo, y sabemos que algunos han de llamar extraordinariamente la atención.» Esta noticia bien podría ser de hace una semana, de este año 2021, sin embargo, se trata de una noticia publicada el Lunes Santo de 1894.

La visita a los altares en  Semana Santa, especialmente el Miércoles Santo, era algo muy arraigado para los malagueños del siglo XIX, siendo sustitutivo de la salida procesional para determinadas cofradías. Por ejemplo, en los Estatutos de la Cofradía de Jesús ‘El Rico’ de 1831 se indicaba expresamente: «Art.20. (…) en el caso de que por lluvias u otro cualquier motivo, no haya de hacerse la procesión, se habrá de colocar a N.P. Jesús Nazareno fuera del camarín y en el pavimento de su Capilla con la posible magnificencia, usando para ello de los fondos que haya, pues para Jesús, ningún fondo hay reservado.”  En otros, como en los de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno de la iglesia de San Juan de 1865, se señalaba: “Art.9. La Hermandad expondrá a la veneración pública en los días de Semana Santa a la soberana efigie de Nuestro Padre Jesús con la devoción y decoro que requiere.”

“Pasado mañana (Miércoles Santo) empezará a las oraciones, según antigua costumbre en Málaga, la visita de altares, a cuyo efecto la mayor parte de las Hermandades, Cofradías y Archicofradías, se proponen adornar los altares y presentar sus imágenes titulares fuera de Capilla, y con el esmero consabido.” (1890). Vayamos pues a visitar estos altares, aunque también haya que esperar colas. “Numerosa concurrencia  hubo anoche en las iglesias de San Juan, los Santos Mártires, Santiago, San Agustín y la Merced, con motivo de la tradicional visita a las Santas Insignias. A primera hora la aglomeración resultó excesiva en las puertas de algunos templos, donde hubo apabullos y codazos.” (1889). Para evitar esas situaciones, se disponían guardias municipales y parejas del cuerpo de Seguridad y Vigilancia en los accesos a los templos.

Para planificar la ruta y saber las imágenes que estaban expuestas, nos puede servir la socorrida guía publicada en La Unión Mercantil el mismo Miércoles Santo (1897):

-San Juan: El Señor de la Puente, el de la Exaltación, la Vera Cruz, el Cristo de la Columna, la Virgen de los Dolores y Jesús Nazareno.
-Mártires: Concepción Dolorosa, Nazareno, Virgen de los Dolores (y Angustias) y Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto.
-Santiago: Señor de Llagas y Columna, Jesús El Rico, Cristo de la Humildad, Jesús el Chiquito [a investigar] y Dolores.
-Merced: Jesús de Viñeros, Soledad de Viñeros, Columna y Sangre.
-Santo Domingo: Los Pasos, Virgen de los Dolores, Humildad y Cristo de la Buena Muerte.
-San Pablo: Cristo, Dolores.
-Carmen: Señor de la Misericordia y Virgen de los Dolores.
-San Lázaro: Nazareno de los Pasos.
-Victoria: Santo Sepulcro, Cristo de la Epidemia y Dolorosa.
-Cristo de la Salud: Esclavitud Dolorosa.
-San Felipe: Jesús El Pobre y la Virgen de los Servitas.
-Zamarrilla: Nuestra Señora de los Dolores.

En ese mismo año, podríamos aprovechar e ir a la Catedral: “Catedral.- Ahora con motivo de las funciones de rogativa, se encuentran en la basílica las imágenes de la Virgen de la Victoria y el Santo Cristo de la Salud.”

Bueno, respiremos, mucho que ver y procesiones pocas, ya que ese año solo salieron cinco y este Miércoles Santo solo el Huerto. En cualquier caso, el tiempo era limitado. “Tanto porque hay procesión el Miércoles Santo, cuanto porque es práctica cerrar los templos temprano, después de las ocho u ocho y media es probable que se cierren la mayor parte de las iglesias, por lo que la visita de insignias debe hacerse a primera hora.”

Siguiendo esta recomendación, seguro que nos llama la atención en la Victoria el altar del Santo Sepulcro; así como el del Cristo de la Epidemia, con el lujoso dosel de terciopelo y oro, y el estandarte que estrenaron años atrás. En San Juan, siempre una de las que mayor animación ofrecen, la Exaltación adornada con buen gusto, originalidad y profusión de luces. En los Mártires, que desde su restauración entra más luz y hasta parece mayor, los altares de la Virgen de los Dolores y de Concepción Dolorosa; este último, estaba lo que se llama hecho un ascua de oro, ostentando la imagen su rico resplandor de plata. En Santiago, con severo gusto, la imagen de Jesús ‘El Rico’ sobre unas andas, rodeado de flores. En la Merced, la capilla de la Soledad de Viñeros cubierta con crespones negros; nada de adornos profanos y, sin embargo, qué impresión más hermosa se siente al contemplarla, de verdadera humildad y recogimiento, se decía. “Es digna de elogio la manera como algunas hermandades han preparado sus capillas y efigies para lucir en esta Semana Santa. El temor de incurrir en algunas pretericiones nos hace dejar de citar las cofradía que se hallan en este caso, pero sí hemos de hacer constar que todas han rivalizado en buen gusto y elegancia por aquel arreglo.”(1893).

Esta costumbre, sustitutiva en su origen de la salida procesional, fue derivando en algo complementario en los años del auge del procesionismo, ya en los inicios del siglo XX, pero esa será historia para otra ocasión. Termino volviendo al año 2021, enseñanza de las cofradías del pasado para el futuro: No hay que abandonar los templos en Semana Santa, al contrario.

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