• miércoles, 22 septiembre 2021
  • Actualizado: 18/09/2021
6 meses y 19 días para el Domingo de Ramos

Ante la adversidad, esperanza. Después de más un año de pandemia la esperanza de salir de ésta, lo más pronto y mejor posible, marca nuestras vidas. Siendo Jueves Santo en un año de nuevo sin procesiones y sin pregón oficial de la Semana Santa (aunque sigue el nombramiento de González de Lara como pregonero para 2022), se recopilan a continuación fragmentos dedicados a la Virgen de la Esperanza extraídos de los pregones oficiales de años anteriores.

Pregones hasta 2002

Jesús Saborido Sánchez (1978)

«Málaga llama al mundo, grita al mundo que María subió la cuesta con el Salvador, que ella fue corredentora. Y Málaga enseña todos, en la noche del Jueves Santo, que no hay lugar a desesperación, abatimiento o abandono porque en esa noche se procesiona a María Santísima de la Esperanza… ¡Virgen de la Esperanza!… ¡Cuántas cosas quisiera decirte este simple y humilde pregonero cuyo sólo título es ser cofrade y enamorado tuyo! Solo sé, que en la cálida noche sales triunfante desde El Perchel, para enseñar tu cara de Virgen Niña que se sonroja con los piropos de los malagueños. Malagueña Esperanza, que te paseas como Señora y Reina en ese barco de luz y policromía que es tu trono, Malagueña Esperanza, que es tu sonrisa la que da gracias al bamboleo de tu palio. Esperanza que das olor al romero que pisas… ¡Virgen Perchelera de la Esperanza!… ¡Cómo quisiera este pregonero conocer a escultor divino que me fundiera en lágrimas de cristal, para estar, por siempre unido a tus mejillas!».

José Luis Hurtado de Mendoza y Bourman (1982)

«La Cofradía de todos los malagueños, la del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso y María Santísima de la Esperanza, de la que no se sabe qué admirar más si su riqueza impresionante o el fervor de sus hermanos, que después de pasear reverentes a sus Imágenes en Tronos que son prodigio de arte y de luz, por las calles malagueñas alfombradas de oloroso romero, después de recibir la bendición impartida por la propia Imagen, se apretujan unidos a Málaga entera en la madrugada de luces inciertas que ya es en realidad Viernes Santo, para dejar en su templo a Jesús y a la Virgen, diciéndole a éste con letras de fuego: Tú eres nuestra Esperanza».

Antonio Pérez de la Cruz Blanco (1983)

«El Jueves Santo culmina con el majestuoso desfile del Nazareno del Paso y de la Virgen de la Esperanza:

Es difícil expresar
ya sea en gestos de palabra
la emoción de contemplar
la Virgen de la Esperanza.
Yo les puedo asegurar
que el escultor que la hizo
debió algún día a ver llorar
a María en el Paraíso.
Pues eso llorar profundo,
ese llorar sin rencor,
ese llorar, sólo amor
no es llorar de aqueste mundo«.

«…el escultor que la hizo / debió algún día a ver llorar / a María en el Paraíso. (…)» (Antonio Pérez de la Cruz). (@pasoyesperanza)

Manuel Alcántara (1984)

«Caminando sobre el mismo romero en el que la Virgen tendía pañales, viene la Esperanza. La Esperanza que es de todos, la celeste esperanza con su manto verde, acostumbrada a encontrarse con su hijo en la Plaza de la Constitución, como cualquier madre malagueña».

María Victoria Atencia (1985)

«Señora nuestra de la Esperanza: una verde alfombra cubre las calles. Es el romero: romero santo/romero hermoso. El romero que llamó de aroma las aguas lustrales de nuestra infancia y que se extiende ahora con alfombra bajo tus pies. Belleza transfigurada que, al calor de los tuyos, en el corazón de la ciudad, anualmente irrumpes. Déjanos la impronta de tu rostro,  condúcenos hasta la misma faz de la Belleza Suma. Jábega verde de los Percheles, navega al puerto de tu coronación y ciñe nuestra frente de esperanza. Esperar un hijo – grávida de gozo y del Espíritu Santo, como mujer plena de feminidad-, esa es tu condición y ese es tu nombre. Esperar su resurrección, esa es tu fe. Y en plena apoteosis de El Perchel,  llenarnos de esperanza en el eterno amor de los nuestros, esa es tu caridad».

Antonio Manuel Garrido Moraga (1987)

«Esperanza de Málaga, Esperanza del mundo, Reina de Málaga, Reina de mi corazón. Mis ojos te ven como un amante nunca satisfecho en la contemplación de la persona amada. Guapa entre las guapas, divina prisionera del romero.

Señores, ¡qué Dios reparta suerte! Y me pongo el capirote. Una tarde con el sol muy alto, mi amigo Juan Ignacio y yo íbamos hacia Santo Domingo y una voz cualquiera nos dijo: ¡míralos que orgullosos van porque van verde Esperanza! La Esperanza no es nuestra, es de Málaga entera, de El Perchel,  de ese Perchel que Alfonso Canales ha cantado:

Las he visto morir. Manos de cales
mostraban la cebolla de los años,
las cáscaras, los paños
del tiempo, hasta la arena y los metales
mohosos, hasta el hueso del ladrillo,
ventana sin cristal y maderas
volcaban hacia fuera
largas sombras pasadas a cuchillo

Ese Perchel de las niñas bonitas, de los hombres valientes, del geranio en la reja para pelar la pava.

Yo no puedo decir, nadie puede decir más de Ti: habría que inventar un idioma que tuviera la luz de las estrellas, la sal de la marisma y el olor del naranjo. ¡Virgen de la Esperanza!, ya coronada en todos los corazones, galeón de Indias que ilumina la noche: Aquí estoy, miradme, soy una niña que sufre; tendré los encajes descompuestos cuando otra vez baje por Carretería y cruce por delante la Tribuna de los Pobres, mientras el día anuncia y mi manto os recoge a todos. Yo quiero ser la última vela que se apaga en tu trono, la lágrima de cera que caiga en tu peana, una flor marchita por amor cansada. Yo quiero retenerte en mi pupila mientras mi corazón, vendaval de pasiones, te grita un viva muy grande que no cabe en el pecho. Yo no entiendo de teologías, sólo te quiero más que a mujer cualquiera».

Salvador Villalobos Gámez (1992)

«Y la noche se hace madrugada, y la madrugada amanecer, porque la esperanza de un nuevo día, de una nueva vida en Cristo, sale a la calle con su mensaje exultante de júbilo.

Sí, exultante de júbilo aunque su rostro moreno se vea empañado por las lágrimas de sus bellos ojos negros, exultante de júbilo porque Ella es plenitud de gloria, plenitud de gracia. Aquel que se arrime a Ella, mediadora universal, quedará impregnado de su gracia y gozará con Ella de la Esperanza de la vida en Cristo.

La primavera, preñada de fertilidad, pone a los pies de la Señora el fruto de sus entrañas.

¡Romero para sus pies!, que ella  se lo merece por ser la primera que procesionó a  Cristo, ya en su virginal seno materno. Ella fue la primera albacea de la humanidad, pues tuvo como misión desde el anuncio del ángel la custodia de Jesús.

Y así, pasearemos a la Señora de la Esperanza bajo palio y manto verdes como nos la imaginamos en el mismísimo cielo. Y yo, un humilde siervo tuyo entre la multitud, te rezaré cómo puedo:

Pues tienes eternas mieles
en tu maternal mirada,
mi dulce faro tú eres,
y tus ojos mi barada.
Eres: eres mástil de mi vela
De los perfumes, la esencia
De dulzura, ¡MAJESTAD!
De mi turbulencia, calma
De mí inquietud, ¡ESPERANZA!

Por eso, cuando tú, Señora de la Esperanza, llenes las calles de Málaga bajo el plenilunio; miles de almas con el corazón prendido en tus encajes:

No tendrán mayor desvelo,
ni esperar mejor anhelo,
que arroparse en tu manto
 de Esperanza«.

Carlos Ismael Álvarez García (1997)

«¿Se ha dicho todo de ti, niña nazarena, madre bendita de verdes y morados? ¿Seré acaso incapaz, precisamente yo, de cantar tu gloria y tu dulzura? Déjame hoy al menos que lo intente, que pruebe a dar con la palabra aproximada, con el vocablo que transmita un ápice siquiera de lo que siento siempre que en ti pienso. Déjame balbucir la eterna canción dorada y verde del ancla y del romero que aprendí casi niño. Permíteme, reina de los cofrades coronada, reina por reyes ceñida, que entone aquí todo El Cantar de los Cantares en tu alabanza, que proclame la infinita gracia de tu imagen, Perchelera Esperanza, ahora que es medianoche y voltean campanas y tu nave contigo en el puente pisando azahares larga ya las amarras para la travesía del clamor, porque hoy es (o ha sido) Jueves Santo y te esperamos todos, Esperanza.

Y cuando, como siempre, como toda la vida, como mientras tengamos vida, se nos haga muy tarde allí delante de ti, agarrada del brazo, avanzando de espaldas, cara a cara contigo Esperanza de la madrugada,  y nuestros corazones, pendientes de ti Esperanza nuestra, sean todos uno latiendo como late tu palio al mismo paso breve de tu trono y en un mismo suspiro que te quiera por madre y se te rece por guapa, entonces malagueña Esperanza, felices te diremos que si en el cielo tan solo te aman mejor es porque el Cielo es esto, estar ahora aquí delante tuya».

«Déjame balbucir la eterna canción dorada y verde del ancla y del romero que aprendí casi niño» (Carlos Ismael Álvarez). (@pasoyesperanza)

 

José Jiménez Guerrero (1998)

«Jueves Santo, media noche: que se eleve el ancla y se expanda el romero. ¡El Paso y la Esperanza ya están en la calle!

Virgen de la Esperanza:

Déjanos ser luz encendida en tu nave; de tu campana, golpe sonoro; en varal de banda, hombre de trono; tonelada de amor a tus pies; romero de tu alfombra o terciopelo de tu manto. Déjanos mirarte a los ojos, Reina de las Reinas, para quien todo nos parece poco. Déjanos mezclarnos, por una noche al año, con la brisa marinera y jugar entre bambalinas cuando atraviesas tu puente, y a golpes de llamada de campanario ayudar a mecer tu palio, que esa noche, noche de bullas, noche de Jueves Santo, quiere ser bóveda sagrada que ponernos sobre la imagen de  una Virgen del Perche que es, de una Málaga rendida y enamorada, su Esperanza».

Federico Fernández Basurte (1999)

«Vida, dulzura y alegría de Málaga, Esplendor de nuestra Iglesia, Honor del género cofrade, que tomas la ciudad del Jueves Santo, desafiando siempre a nuestra capacidad de asombro, con el porciento de las curvas impensables, con la fuerza de los hombres de trono a ti consagrados, con la que se mueve la ciudad santa que te cobija, la fortaleza inexpugnable, que bajo la luna rotunda, te deja asaltar y conquistar por el amor desbordado de un pueblo anclado en la miel de tus ojos: pisa el asfalto duro y gris de  nuestros días porque tú lo doras con el roce de tus pies,  porque sólo tú puedes hacer brotar a tu paso el romero verde y oloroso, porque contigo hace la primavera, sea marzo o abril, haga el tiempo que haga, que Jueves Santo y aquí no sabemos de equinoccios,  sabemos y sentimos Esperanza,  y tú haces templado nuestro clima, tú prendes la ciudad con el calor de tu belleza. Qué importan, al fin al cabo, la majestad de tu trono, el bosque ámbar de tus arbotantes,  las piñas de azucenas que proclaman al aire tu pureza y esplendor  glorioso de tu corona. Porque si no hubiera trono, ni joyas, ni flores, con la misma pasión seguiríamos queriendo que cubrieras de verde nuestras vida, pues de una cosa puedes estar segura, que Málaga siempre te espera, porque, no hay duda, Esperanza, Málaga es tuya».

 Jesús Castellanos Guerrero (2000)

«Nuestro pueblo, que es mucho más extenso que los límites que marca una ciudad, te invoca con lágrimas porque necesitó tu luz y tu aliento, como Jesús necesito tu sí y tu sangre, nuestro pueblo que te aclama y que por ti suspira, te reconoce desde siempre como el Puente que nos conduce a Cristo, como su Estrella y su guía, como su refugio y su aurora, como su amable sueño y como su Esperanza».

«… te reconoce desde siempre como el Puente que nos conduce a Cristo, como su Estrella y su guía, como su refugio y su aurora, como su amable sueño y como su Esperanza». (Jesús Castellanos). (@pasoyesperanza)

Enrique Romero Fernández (2001)

«En Málaga, la primavera entra el Jueves Santo. Que se abran las bóvedas verdes de la Alameda, y se arqueen los robustos troncos de los ficus centenarios, que retire el mar y las olas, dejad la arena húmeda, que nazca el verde de los campos, que el perfume invada la ciudad y el romero borde las calles con su verde manto. Dejad que el aire malagueño acaricie su cara templada, ella sola lo llena todo, de banda en banda, todo el año te estamos esperando. Se esconde la luna asustada porque el sol sale en Málaga el Jueves Santo de madrugada, y cuando la vida se nos vaya y no podamos verte en tu trono y perdamos la luz de Málaga todos querremos estar contigo y ver tu cara, Esperanza Coronada».

Celia Villalobos Talero (2002)

“¿Quién no se vuelve loco cuando Málaga se convierte en alfombra de romero y las estrellas hacen corro para ver pasar a la Reina de la Esperanza?[..]Todo es  grande en su historia, en su patrimonio en su arraigo, en la importancia de la labor pastoral de su iglesia, en el entusiasmo de bordados en la calle, en la bendición a la ciudad que es la ceremonia más antigua de esta Semana Santa, en la alfombra de romero, en la belleza indefinible de la Virgen de la Esperanza, que yo quisiera comparar con la espuma de encaje de sus pañuelos”.

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