• lunes, 18 octubre 2021
  • Actualizado: 17/10/2021
5 meses y 23 días para el Domingo de Ramos

Ante la adversidad, esperanza. Después de más un año de pandemia la esperanza de salir de ésta, lo más pronto y mejor posible, marca nuestras vidas. Siendo Jueves Santo en un año de nuevo sin procesiones y sin pregón oficial de la Semana Santa (aunque sigue el nombramiento de González de Lara como pregonero para 2022), se recopilan a continuación fragmentos dedicados a la Virgen de la Esperanza extraídos de los pregones oficiales de años anteriores.

Pregones a partir de 2003

Bernardo María Pinazo Osuna (2003)

«Hace bien poco, la columna que sostiene el alma de este aprendiz de pregonero, recubierta estaba de negra túnica nazarena, hoy puedo decir que al final del Jueves Santo vino hacia mí con anticipo y esa librea de Hijo de Dios que es la túnica nazarena, ha tornado deviniendo en este instante Verde Esperanza.

Gracias Majestad, Señora de Málaga, gracias por darme a mis hermanos, gracias porque nunca me dejaron y por nosotros se desvivieron, gracias porque nos pusieron en las mejores manos, Ignacio, Alberto, paloma, Francis, Familia rubio, Doctor Peláez, Don Victoriano. Gracias por devolverme la vida de mi vida. Gracias,  María Santísima de la Esperanza, no sé expresarte más mi gratitud y si de mí dependiera, tus lágrimas secaría, para que esos ojos, iluminasen a la Tierra entera y las enfermedades no hicieran naufragar a nadie por siempre jamás.

Y seguro estoy que también el alma que habita en nuestras calles, te quemadas por el sol y tamizadas por las sombras de la tarde, dejando caer en la noche la mejor de sus galas ante la Reina que del color del caramelo tiene su cara, volverá a dar testimonio de los más vivos sentimientos, fervores y tradiciones, recogiéndolos en un largo y entallado cíngulo de seda,  como el de Antonio Garrido, para ceñírsela a la cintura de la Málaga nazarena.

Fe, Caridad y María Santísima de la Esperanza, todas las virtudes encerradas en un mismo, inmenso y maravilloso espacio, que entre el crepitar de la candelería y alas tulipas de color ámbar, la vida humana se afana en ver y descorrer el velo que separa el presente de su mañana. No nos importa el antojo de tu palio, ni las morilleras que te abanican y rematan las bambalinas, ni los bordados de tu manto, si es Madre en tu Rostro sereno el más armonioso, grande y bello adagio, que sirve de pañuelo donde recoger tu llanto.

Nuestros ojos quedaron sumidos en el fulgor de tú mirada abrasadora y nuestros labios humedecidos del frescor de la fuente de tu faz, por eso digo a los malagueños que quien desee vivir por siempre en eterna confianza y alegría, deberá con boca llena decir ala perchelera que ton sólo la obtendrá si en ti confía: ¡Esperanza marinera!».

Rodrigo Martín Martín-Estévez (2006)

«Y ahora cómo me expreso yo. Cómo decir y con qué palabras contar lo que siente un corazón que nunca fue rojo porque desde su primer latido fue de color verde.

Han observado alguna vez que con lo difícil que en ocasiones somos los malagueños para mantenernos quietecitos y en nuestro sitio, como esa enorme multitud que ha invadido la plaza, calle Larios y alrededores, para ver y recibir la bendición, sin que nadie le diga nada y prácticamente en segundos y muy pocos, esa muchedumbre vuelve a estar en su sitio y en perfecto estado de revista. ¡Es que es mucho lo que viene detrás! Son muchas las palmas que se oyen y las flores que sobre ese palio que va buscando calle, caen desde los balcones. Se mezcla el entusiasmo de la gente con repentinos y profundos silencios de esas mismas personas que estaban enardecidas y tan pronto como colectivamente se quedan como extasiadas, viendo pasar la Esperanza.

Todos quieren ver la cara de esta Virgen, porque a pesar de la monumentalidad de su trono,  de ese palio, de ese manto y de todo lo que lleva, nada es comparable a su cara, a la se parece a la profundidad de su mirada, que ni siquiera en el infinito tiene límites.

[…] Llegó el gran momento, muy despacio, con ese paso que le dan sus hombres de tronos, guiados por el que llevan los componentes de ese famoso y pionero submarino de la Virgen morena, la perchelera de toda Málaga, y de pronto una mujer, ya entrada en años que casi que estaba casi a mi lado, con tono de voz cercano a lo coloquial y con los ojos clavados en Ella le dijo: “Esperanza, hija que Dios te bendiga”. Y ahora que vengan los teólogos, los liturgistas, los canonistas y todos los que quieran venir a ver si son capaces de escribirlo decirle a la Virgen algo parecido. Esa es la Virgen de la Esperanza en Málaga, la biznaga muchas veces bendita cuyos jazmines no se marchitan nunca, dama de noche de mis oraciones y el don más grande que Dios le ha dado a esta tierra. Por eso, cuando Santa Ana la trajo al mundo, no tuve más remedio que hacerlo en el barrio de El Perchel. ¡Madre y Señora de todas las ‘madrugás’!, te digo adiós desde aquí, repitiendo desde lo más profundo de mi corazón, casi lo mismo que te dijo aquella sencilla mujer desde una esquina de Carretería: “Virgen de la Esperanza, hija de mi alma que Dios te bendiga».

«¡Madre y Señora de todas las madrugás!» (Rodrigo Martín Martín-Estévez). (@pasoyesperanza)

Pedro Fernando Merino Mata (2007)

«Mírala bien, se llama Esperanza, en la Esperanza nuestra, la de todos nosotros porque malagueña; es la más grácil y la más noble, la más guapa y la más buena. Se llama Esperanza y ha salido a la calle para buscarte a ti y llorar contigo tus penas.

Mira que esta Esperanza en la nuestra. Es la Esperanza en nuestro trabajo, la Esperanza en nuestro descanso, la Esperanza en nuestras tribulaciones, la Esperanza en nuestra alegría, la Esperanza en el más allá, la Esperanza en el perdón, la Esperanza en la paz,  la Esperanza última e inasequible al desaliento que todo lo comprende con sus ojos profundos y con sus brazos abiertos. Es la Esperanza en cuyo regazo anhelan todos los malagueños reposar su sueño eterno, la Esperanza única, la Esperanza Coronada, la Esperanza Madre de todos, la Esperanza nuestra, que es tuya también porque, para ti, seas quién seas, allí donde estés, para que no desesperes, para que te conviertas y te consueles, para ti, del mismísimo trono del Cielo la bajaron los ángeles y, para que creas y te salves, te la regaló Dios».

José Antonio Domínguez Bandera (2011)

«Desde que murió su madre, a Gregorio solo le queda una y la noche de Jueves Santo se va a recogerla ya sacas de paseo por las calles de Málaga.[…] Con zancada amplia y urgente se abre paso entre la muchedumbre que hoy ocupa cada rincón de la ciudad. Parece un albañil que viene o que va la obra. Acelera el paso a medida que se va acercando al NH. Cuando llega, el portero del Hotel lo detiene y le pregunta: “¿Dónde va usted?”.  “Al submarino de la Esperanza” responde Gregorio. Como si se tratara de una contraseña, el portero no pregunta más y deja pasar. Entra al salón donde ya están los portadores de la Virgen del romero y se abraza uno por uno con todos ellos. Se ayudan unos a otros ajustarse las fajas cantan, ríen, rezan, se concentran…pero no hablaré más de los rituales que allí se viven,  porque son íntimos, y no seré yo quien desvele lo secretos de este grupo de hombres que se disponen a echarse a la espalda un gran trozo de la historia de nuestra ciudad, y que ellos pretenden seguir escribiendo esta noche, con letras de oro, bajo el cajillo, los dorados arbotantes, los bordados del manto verde esmeralda, y sobre todo bajo la imagen sagrada, símbolo icono de toda Málaga cofrade. La imagen de María Santísima de la Esperanza. […]Tras los pasos a la derecha para centrar el trono, y ya con los compases de Esperanza Coronada, La Virgen sale por fin de la casa hermandad, y Gregorio explota. Se deja ir y desata todo lo que ha ido guardando durante el año. “Ya está en la calle, ya está la calle la Reina de Málaga, ole, ole, ole. Guapa, guapa, guapa”. Y ya no para. Entre piropos y vivas,  ha ido bordando Gregorio, durante mucho tiempo, su forma de expresar lo que siente por la Virgen del Perchel, ha ido tejiendo un manto en el que se envuelve las noches de Jueves Santo y le protege, llenándolo de alegría y cariño por su tierra, por su gente y por su Virgen».

María del Carmen Ledesma Albarracín (2012)

«En aquel mismo lugar, mirando a su madre, quiso despedirse de ella. No podía dar un Paso más para abrazarla y ese abrazo perdido lo convirtió en bendición para cada Jueves Santo.

En un trono barroco con angelitos soportando los faroles que permiten ver a Jesús hecho hombre, sin apenas marcas en su rostro, se desvela el sufrimiento interno. Penas crueles en su alma que sólo se alivian cuando se encuentra con su Madre.

¡Ay, Madre de la Esperanza!

¡Cuántas lágrimas y deseos vertidos en tus manos!

No hay pañuelos que puedan recoger tanto agradecimiento y tanto llanto.

¿Qué escondes, Esperanza, tras esas lágrimas que oscurecen tu tez? ¿Qué has visto, Señora, que tu mirada a todos nos aflige? Derramas ternura y compasión a los que a besar tus manos se acercan.

En ellas se depositan peticiones de salud, de gracias, de amor.

¡Qué hermosa eres, Esperanza!

Eres consuelo del enfermo, cobijo del desamparado, dulzura en la tristeza. Amparo del peregrino en la Vía Dolorosa. Eres Esperanza de un seminarista que cerquita del Calvario sigue custodiando tu altar.

Eres la Madre de Dios, Señora de Jerusalén. Esperanza de Málaga, Reina del Perchel».

«No podía dar un Paso más para abrazarla y ese abrazo perdido lo convirtió en bendición para cada Jueves Santo». (Mª Carmen Ledesma). (@pasoyesperanza)

Rafael Javier Pérez Pallarés (2013)

«María Santísima de la Esperanza sabe que por la muerte de su Hijo, la humanidad es introducida en  la naturaleza misma de Dios. Este es el fruto de su muerte y por eso Jesús promete a Dimas paz y patria feliz».

Félix Gutiérrez Moreno (2014)

«Pero, en mi Semana Santa, y puede que en la tuya también, si la ves paseando por el puente que lleva su nombre es porque el momento de morirte de amor ha llegado. Aquí, siempre de la tuya, pero también siempre de ella. Las piernas te tiemblan y el estómago es espacio de ensayo de cornetas y tambores en forma de nervios que intentan no desafinar. A lo lejos suena un clarín. El rostro sublime y cansado del Nazareno del Paso se vuelve no solo a bendecir a este pueblo. Aquel al que la sangre y el dolor parecen haber abandonado por momentos en el abrazo de su Cruz, para hacer más digno su Dulce Nombre, la busca, la mira y hasta quisiera cantarle bajito. Señora de Málaga, siempre a tus pies divinos.

Porque dicen que en una ciudad del sur, existen dos primaveras;
Una la que llega en marzo, la otra dura una vida entera,
Una olores de jazmines trae, la otra a romero y pena.
Una de ellas, pasajera; la otra, eterna y serena.
De la una me da igual, de la otra de la otra me apasiono hasta la muerte.
Dicen los mayores que ya de niña era bonita.
No pudo ser de otra manera.
Perchelera, marinera; cobijo de Málaga entera, desde siempre y para siempre.
El infinito llega a su límite al tropezar con tu rostro, Señora.
Dicen los que la abrazan que, bajo el varal de su trono, el cansancio se hace piropo y el camino alfombra verde de besos inagotables.
Madre, mi varal son estas letras y mi voz siempre alabanza, cuando pases por mi lado y pueda gritar con acierto, con un nudo en la garganta
Malagueño, tú siempre serás de la tuya y también de la Señora, la Virgen de la Esperanza
«.

Rafael de las Peñas Díaz (2015)

«Estamos inquietos, impacientes, ansiosos porque sabemos que se acerca la hora en que Málaga vuelve a asistir al feliz alumbramiento de la Esperanza.

Nos viene despacio, gustándose en su caminar con toda la gracia y el donaire de la que se sabe guapa. Nos viene despacio como suben las mareas, como se eleva el sol en la mañana, como cuajan los amores verdaderos. Nos viene despacio y en cada uno de los 50 pasos que tienen sus tirones sea acompasa el pulso del pueblo que la quiere en la misma medida que la necesita. Nos viene despacio, y hay en nosotros un querer que no llegue del todo, que no pase, que se detenga el instante en el que nos encontramos con su mirada en lontananza en las que están escritas todas nuestras inquietudes y en la que quisiéramos permanecer embelesados como lo hacemos cuando nos dedicamos a felicitarla en su fiesta.

Si eres para los cristianos
Dulzura, Esperanza y Guía
permite que en este día
sueñe que beso a tu mano.
Todo el sol de la bahía
te corona. Y un tributo
del verdor más absoluto
de romeros y Esmeraldas
se va tejiendo en guirnalda
la noche del Jueves Santo
para abordarse en el manto
que te abriga las espaldas.

No se va la Esperanza aunque se aleje, en volandas de aplausos, para llevar a todos lo que todos necesitamos y a todos pertenece. No se va la Esperanza porque llena nuestras calles y se queda enroscada en la doble curva de nuestras entretelas. No se va la Esperanza mientras nos quede las manos el romero que Ella perfumó con su pisada, y por eso pido, suplico, a los malagueños y foráneos, tengan un poco de paciencia y no le quiten a aquel el privilegio de alfombrar su camino.

Un camino, el nuestro, que sin esperanza sería un viaje a ninguna parte, un errar constante, un horizonte inalcanzable, y para el que encontramos la fuerza necesaria en la colectividad, en compartir, en la comprensión y en la tolerancia».

«No se va la Esperanza porque llena nuestras calles y se queda enroscada en la doble curva de nuestras entretelas». (Rafael de las Peñas). (Domingo Mérida – @malaga)

Fco. Javier Jurado Carmona ‘Coco’ (2017)

«La avenida de los tronos alcanza su máxima expresión de avenida y tronos, sembrada por romero de acólitos que tendrá que bendecir el Dulce Nazareno y pisar las plantas de la Virgen de la Esperanza bajo palio de pórtico catedralicio, para así llegar a ser aroma de futuro, pañuelo sanador de fe, hilos de sueños de salud.

En los 25 años de coronada, quisiste que estuviera bajo tus plantas en la claridad devocional de tu submarino Carretería, Puente, empapando mi alma cofrade de solidaridad y sensaciones fraternales, gracias por vuestra doble curva de Esperanza os llevo en mi corazón.

Eres nuestra Esperanza, cuantas peticiones ancladas a tu imagen, cuantos suspiros de Amor, Tú, eres la miel y la luz que del dolor son freno, a tus pies la luna brilla, el pueblo emocionado se arrodilla y el Dulce Nazareno nos bendice.

¡Bendita Tú, Madre de la Esperanza!
Que hablar de Ti no precisa
más que un corazón cristiano,
y buscar en nuestras manos
el sentido de hermandad,
dejando muy bien pintadas
en las fachadas del aire,
con el morao penitente
y el verde de tu Esperanza
que Málaga te proclama
sin pecado concebida.
Eres madre perchelera
corona de Dios en el cielo,
para Málaga su gloria,
que no pudo haber modelo
para hacerte más hermosa,
perfil de seda, labios de anhelo
hasta la luna se llena
para verte desde el cielo.
Esperanza perchelera
si a mi gente un piropo se le escapa
y se oye en las aceras
gritos de ¡Esperanza guapa!
Es pa que quede mu claro
¡Qué esto, señores, es Málaga!»

Santiago Souvirón Gross (2018)

«Y ahí te acuerdas del tiempo. Ése que desfila y no te espera. El tiempo es lo que pasa hasta que reparas en lo mucho que significa la Esperanza. Porque eres de todos y nunca te alejas. Porque eres el cielo verde de la historia de nuestra tierra. Porque eres de un barrio que se fue, pero tú siempre nos esperas. Porque eres la Esperanza. La de todos. La centinela. Porque aquí somos de Ella. Aunque no quieras. Porque eres el infinito. Eres la vida entera. Por mi pueblo. Por mi gente. Por mi fe. A ti, seremos siempre fiel, Esperanza Perchelera».

Paloma Saborido Sánchez (2019)

«Esperanza, Reina y Madre que logras que la madera abandone su aspereza para rendirse y hacer del relieve el desmedido e inalcanzable trono que te proclama como Soberana nuestra. Esperanza, que vas apareciendo entre una calle de cera para llegar a aflorar al final como consumación última y certera. […]¿Quién pudiera arrancar tu desgarrado lamento, Adorada y ensalzada Virgen de la Esperanza?».

Archivado en: Esperanza.