• martes, 19 octubre 2021
  • Actualizado: 17/10/2021
5 meses y 22 días para el Domingo de Ramos

¿Sabes qué pasa? Que jamás pensé que saldría de nazareno un Jueves Santo y, mira por dónde, ayer ocurrió. Comí como los pavos para intentar aprovechar las horas del mediodía y también conciliar las visitas con los Oficios, que vuelven a las parroquias céntricas… ¿para siempre o será flor de un año?

Esto último lo pensaba cuando veía con total tranquilidad, en las Catalinas, los bien avenidos titulares de Viñeros escoltando el monumento eucarístico. Siempre es Jueves Santo en esta casa y Viñeros, se pongan como se pongan los pregoneros con otras hermandades, es el verdadero y principal calendario ambulante que nos recuerda en esta jornada de procesiones que hoy es el día que es: el del Amor Fraterno.

Después, una fuerza explicable me movió a hacer cola, por tercera vez, en la iglesia de Santo Domingo. Explicable porque se llama Cristo de la Buena Muerte y Ánimas. El Cristo de Mena. El Cristo de La Legión. Ningún nombre es inapropiado si se invoca enfocando su silueta necesaria, perfecta, armónica. Y aquí, sin esperarlo, salí de nazareno este año. En esta cola de Santo Domingo al mediodía, tan lejos del bullicio y la trompetita; y la música enlatada; y los gritos correctores de los padres a sus hijos con amenazas pasadas de rosca…

Me vi envuelto en una calma, al sol, sin apenas ruido, que me recordó mucho a cuando me enfundo el ruán

Un silencio desconocido, con gente de todos los colores guardando la distancia interpersonal de una forma rigurosa, como hasta ahora no he experimentado, se extendía por el pasillo de Santo Domingo para entrar a ver a los titulares de Mena y de la Sagrada Cena, que había sacado acertadamente de su capilla a la Virgen de la Paz para su mejor contemplación en este día. Me vi envuelto en una calma, al sol, sin apenas ruido, que me recordó mucho a cuando me enfundo el ruán y bajo por la tarde la calle Sebastián Souvirón. ¿Seguro que era Jueves Santo?

Me dio tiempo a pensar muchas cosas; la práctica totalidad no se pueden escribir. Como las que pienso cuando soy nazareno. Pero además de estas inconfesables notas, también tuve tiempo para pensar en lo que se pierde el que no es nazareno. De aislamiento, de prueba personal interna, de sesión cuasi gratuita de meditación, de parada y fonda en el alma. Sí; aquí y ahora estaba siendo un nazareno de cola. De cola de las de esperar.

Y, también, a la par y menos poético, también caí en lo que pierden las cofradías que no diseñan su procesión para los nazarenos. Que los someten a carrerones innecesarios para luego perder veinte minutos en el siguiente entramado de curvas; que los tratan como ganado sin cara ni nombre y, a veces, sin lugar digno en su procesión. ¡Cuántos hermanos mayores deberían asir un cirio y experimentar en sus cofradías cómo es, hoy y ahora, la experiencia nazarena de su hermandad! Respondo a la gallega con una pregunta: ¿cómo pretendemos que esta ciudad sea más nazarena tal y como tenemos configurados nuestros ritmos de procesión?

Cuántos hermanos mayores deberían asir un cirio y experimentar en sus cofradías cómo es, hoy y ahora, la experiencia nazarena de su hermandad

La cola finalizó y llegó el momento de la entrada al templo, y ya tuve ojos para depositar mi brevísima estación de penitencia a los pies del Cristo de la Buena Muerte, y unirme al calvario con la Magdalena y la Virgen de la Soledad, concluyendo, como reza el poema, que tú me mueves, Señor.

Me queda un ratico antes de meterme en San Juan (instalaré un tipi a este paso en su sacristía). Aunque el Viernes de Dolores acudí como siempre a la vera de la Virgen de Servitas para comprobar que, efectivamente, no hay dolor como el suyo, tenía pendiente acudir a San Felipe en Semana Santa. Una cola aletargada, respetuosa, tranquila… diría que hasta alternativa, como si fuese -fiel y puntual con la memoria- el mismo tipo de público que asiste a su salida cada Jueves Santo, esperaba en calle Parras para visitar a la Hermandad de Santa Cruz y a las demás devociones del templo, que comienza a parir cofradías el mismo Domingo de Ramos con el ejemplar cortejo de la Salutación.

Lo decíamos el Domingo de Ramos y hoy repetimos el mantra: cómo ganan algunas imágenes cuando están separadas. Es el caso de los titulares de la Sangre. Tanto la Virgen de Consolación y Lágrimas como, muy especialmente, el Cristo de la Sangre ¡y hasta el San Juan! lucen mejor sus virtudes plásticas cuando no están juntas. Son imágenes buenas las tres: sí, también el San Juan, de una corrección absoluta propia de un escultor académico como Amadeo Ruiz Olmos. Por su parte, la Virgen de Consolación vuelve paulatinamente a la finura de la Dolorosa malagueña que nunca debió perder y el Crucificado es una talla de mucho valor plástico y expresivo y al que es urgente buscarle un espacio propio para reivindicarse. Porque, al ser las tres piezas de un lenguaje artístico muy distinto -incluso opuesto-, se acaban restando cuando coinciden en un espacio estrecho como su capilla.

El Cristo de la Sangre, de Palma Burgos: una talla que merece un espacio propio para reivindicarse. (A. C.)

La última hora de la tarde, casi anochecida, quedó para dos encuentros pendientes en la feligresía de los Mártires: la Paloma y las Penas. Resulta extraño poder contemplar al Señor de la Puente al nivel de las personas, pues su camarín y las altas peanas de culto no permiten ese encuentro. A lo mejor por eso se multiplica esa docilidad que le distingue, porque cuesta localizar la mirada en su rostro cabizbajo. Pensaba mientras le rezaba que posiblemente estuviera contemplando ese pasaje en el momento del Jueves Santo en que hubiera ocurrido. Y me conmovió esa idea.

La muy bellísima Virgen de las Penas era la otra cita pendiente. Una Virgen -y una música, la de Pantión- que rebobina mis sentimientos cofrades a tiempos muy bonitos también, en que esta cofradía traía a la ciudad buenas iniciativas que veíamos como suvenires traídos de lejanos países. Enfrente, la contemplación del Cristo de la Agonía me hizo recuperar, con ojos de niño, esa mirada incolora que sobrecogía al caer la tarde por la Alameda, mientras el cuerpo se descolgaba a cada mecida a los sones de Abel Moreno. Parecía cuestión de segundos que ese Cristo iba a vencerse. Y, en verdad, queda bien poco para ello, porque ya es Viernes Santo.

Archivado en: Jueves Santo.