• lunes, 18 octubre 2021
  • Actualizado: 17/10/2021
5 meses y 23 días para el Domingo de Ramos

La Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga celebra su I Centenario. Desde su fundación en el año 1921, con Antonio Baena Gómez a la cabeza, la advocación de Jesús Resucitado siempre ha sido titular de la institución (en 1994 se incorporaría también María Santísima Reina de los Cielos). Tal y como explica el propio el propio ente agrupacional en su página web, a lo largo de su historia, la Resurrección ha estado representada por dos imágenes: la primera, anónima del siglo XVII, se procesionó  entre 1921 y 1945 y es propiedad del Monasterio Cisterciense de la Asunción de Nuestra Señora, situado en el barrio de El Atabal y la orden cedía anualmente la talla para que saliese cada Domingo de Resurrección. Bajo la presidencia ya de Enrique Navarro Torres, en el año 1943, se encargaron varios bocetos a varios artistas siendo elegido, bajo el consejo del Padre Félix Granda, al levantino José Capuz, que sería el encargado no sólo de hacer la imagen cristífera sino que también tallaría el grupo escultórico que lo acompañaría. Grupo que actualmente no procesiona y que se encuentra depositado en el Museo de la propia Agrupación. La imagen actual salió a la calle por primera vez en el año 1946, coincidiendo con el 25 Aniversario de la fundación de la Agrupación de Cofradías. Su llegada a la ciudad, como había ocurrido años antes con las imágenes del Cristo de la Expiración y del Nazareno del Paso (ambos del también levantino Mariano Benlliure), suponía una ruptura dentro del barroco y neobarroco imperantes. Para explicar la importancia y el valor que esta talla tiene recuperamos aquí el análisis que el Catedrático de Historia del Arte de la UMA, Juan Antonio Sánchez López, realizó para el periódico ‘Málaga hoy’ en su edición del 16 de marzo de 2014, en un reportaje que bajo el título ‘El crisol artístico de la resurrección’ recordaba a la imagen en el L Aniversario del fallecimiento de José Capuz:

Para Sánchez López, el autor levantino «es uno de las grandes nombres propios de la escultura moderna». La imaginería -continúa- no era su campo de trabajo habitual y sus trabajos en este género artístico fueron muy puntuales. La talla del Resucitado es para Capuz un intento de relacionar la escultura policromada con los movimientos contemporáneos de una manera muy personal».

En sí mismo, esta obra bebe de numerosos movimientos artísticos rodeados de un amplio simbolismo iconográfico. A través de su gubia Capuz «conjuga el hieratismo egipcio, la configuración simulando las facetas de la pintura cubista en las telas que recubren el cuerpo, la composición en espiral sugerida del manierismo y simplificación formal propia de la escultura moderna».

El Resucitado de Málaga, de José Capuz (1946). (@cofradiasmalaga)

El torso del Cristo se trata de un desnudo clásico ya que recrea una musculatura en reposo cubierta por una policromía acorde con el misterio que representa. El color de la piel es el intento de representar un cuerpo glorificado. «Es el tema más difícil de representar porque simboliza un cuerpo glorioso y no carnal». La impronta que se presenta tiene cierto carácter «espectral» ya que el cuerpo que vuelve a la vida no es el mismo que murió.

El sudario se interpreta como una tela tosca exteriormente y dorada internamente. Está dorada porque es la parte que ha estado en contacto con el cuerpo de Cristo, matiz que hace referencia a la santidad. El propio ropaje de la imagen «hace como un afecto de crisálida ya que simula la cápsula que rompe en mariposa. Se rompe y sale el cuerpo glorificado». Es más, la escena conforma una secuencia intermedia en su elevación mientras se va despojando de sus vestiduras. Por su parte, la presencia del oro la recoge el autor de la pintura medieval, ya que se consideraba un símbolo de santidad. Otros detalles de este aspecto se pueden encontrar en el pelo del Señor ya que algunos mechones son dorados.

La paloma que sitúa Capuz a los pies del Señor, como símbolo de glorificación, la utiliza también en otras obras de su creación como en el Descendimiento de la ciudad de Cartagena, fechado en el año 1930, donde la sitúa posada en el INRI de la cruz.

Cobra vital protagonismo la cruz que el Señor porta en su mano izquierda y que apoya en su costado. «Ahora, la cruz es considerada como un lábaro, es decir, como un cetro. Es una concepción sobre ella que hace que deje de considerarse como un instrumento de tortura para pasar a ser un atributo de realeza». La cinta que la rodea insinúa la propia composición elíptica de la figura del Señor Resucitado. En cuanto al aire que inspira la figura, el contrapunto al hieratismo se lo aportan el movimiento creado mediante la composición de la figura y la postura de la talla. […] La imagen actual  se restauró en 2007 por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico.

Archivado en: José Capuz, Resucitado.