Como hombre que soy, no puedo describir lo que se siente después de haber dado a luz a un bebé. Por lo que he oído y leído, la madre puede pasar de la alegría inicial a la depresión tras el gran esfuerzo realizado y las reacciones que se producen en el organismo. De eso no entiendo, pero sí puedo hablar de lo que puede sentir un cofrade después de Semana Santa.

He vivido el Domingo de Resurrección como espectador de procesiones, como cofrade de base, como periodista en prensa, radio o televisión y como cofrade con cargo de responsabilidad.

Al periodista le puede llegar el agotamiento por la cantidad de horas dedicadas a describir lo que ha estado ocurriendo y la depresión si siente la responsabilidad de haber narrado una enorme obra teatral sin haber profundizado en la solidez del argumento. Sería más que una depresión una procesión post parto.

Al cofrade con cargo de responsabilidad le quedará la duda de si ha hecho todo lo que ha estado en su mano para hacer real y atractiva una Semana Santa sin procesiones. Y no digo nada si además eres cura, párroco y director espiritual. El mismo obispo ha trabajado más que nunca en estos pasados días. Pienso que más que agotamiento tendrá la sensación de un pastor después de haber recogido a todas sus ovejas.

Si el periodismo es contar aquello que los demás no quieren que cuentes, el haber hablado bien durante unos días de la Agrupación de Cofradías y el haberte pasado en elogios hacia tu Cristo y tu Virgen son pecados perdonables a un malagueño. Por eso no tienes que deprimirte.

Archivado en: Semana Santa 2021.