• lunes, 18 octubre 2021
  • Actualizado: 17/10/2021
5 meses y 23 días para el Domingo de Ramos

 

Sentir que siempre escuchas
A las almas que te reclaman.
Luz que a Málaga custodia,
Unción que en oración encarna, sabiendo que
De ti, vienen las almas sanadas

El 22 de mayo de 2020 pisé la calle por primera vez. Era el día 1 d.c. Es decir: después del confinamiento. Reconozco que hasta me mareé recorriendo los escasos metros que separan el portal de la escalera del garaje, pero salía a la calle. Volvía a ponerme ropa de salir y ya el pijama pasaba de segunda piel a segundo plano. Ya por esos días el grupo de fieles devotos del Santo Cristo de la Salud ideaba cómo serían los cultos del Señor. Cultos que consistieron, entre otros, en la misa de la festividad del 31 de mayo, retransmitida por la cadena pública local (Canal Málaga TV) gracias a la buena voluntad de su director, Santi Souvirón, y a las facilidades del párroco responsable, Felipe Reina. Comenzábamos la desescalada y lo hacíamos de nuevo pidiendo Salud. «El verano llegó (un poco más libre) y el otoño duró lo que tarda en llegar el invierno (y con él la tercera ola)». De nuevo, el anuncio de que no iba a haber procesiones en Semana Santa; pregones que se aplazaban y en el horizonte, una Cuaresma que se presentaba dura. Y seguíamos pidiendo salud.

Llegó también la aplaudida y preciosa idea de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de elegir al Santo Cristo de la Salud para presidir el Vía Crucis. Fue el 19 de febrero pero el pellizco tardó en soltarse, si es que alguna vez se soltó. Tanto, que vuelve a ser mayo y aún golpea el recuerdo de su pureza en el interior del primer templo de la Diócesis. Sí, vuelve a ser mayo y tras el final del Estado de Alarma toca empezar de nuevo. Y seguimos pidiendo salud, por todo lo que hemos pasado y por todo lo que esté por pasar. La salud es la vida: la salud es la esperanza del enfermo, el amor del que cura y cuida, la fe del que la goza. Y puesto que «no tiene ciudad alguna médico mejor», con él surcamos una travesía de esperanza que ojalá sea el principio del fin de estos días que en ocasiones ruedan como la piedra de Sísifo. Todo con una gran aliada: la vacunación.  Porque la ciencia y la fe no tienen que estar reñidas.

Puesto que «no tiene ciudad alguna médico mejor», con él surcamos una travesía de esperanza

Salud. Salud desde Málaga para el mundo mediante en una centenaria rogativa que espera desembocar en la normalidad. En la de siempre, en la de los besos y los abrazos, la normalidad de que las principales curvas sean de felicidad, la normalidad, como no, de procesiones en la calle, de salir a la calle a ver capirotes y no de salir a vernos con mascarillas.

En su templo, el corazón de Málaga se postrará a los pies de su Patrón el 31 de mayo para sentir que todo es posible. Quizás sea la luz, no sólo la que recibe sino también, y por encima, la que desprende; quizás sus manos, atadas contra natura; quizás sea la fuerza de su hombros, donde recae el peso del mundo o sus pómulos golpeados por la injusticia. O puede que sea su espalda, descarnada por azotes de cobardía. En el Santo Cristo, todo él es un mensaje: entereza, fortaleza, rectitud…Mensaje para no rendirse, para ser capaz de volver a empezar. Y para empezar, nada como la Salud.