• miércoles, 22 septiembre 2021
  • Actualizado: 18/09/2021
6 meses y 19 días para el Domingo de Ramos

1 de enero, 2 de febrero, 3 de marzo, 4 de abril, 5 de mayo, 6 de junio, 7 de julio… ¡San Fermín! Dice la canción popular que llegada esta fecha “a Pamplona hemos de ir”, así que en medio de la vorágine de los ‘sanfermines’, vamos a hacer un recorrido por una fiesta en la que se alterna lo folclórico, lo taurino y lo religioso. Todo comienza con el chupinazo en la plaza del ayuntamiento a las 12 del mediodía del 6 de julio. Desde ese momento, la ciudad se envuelve en su ‘pañuelico’ rojo hasta la medianoche de 14 de julio, cuando se entona el ‘Pobre de mí’, cántico que pone el broche oro a estos días.

San Fermín, co-patrón de Pamplona

Entre los momentos más característicos de estas fiestas están los encierros. Es decir el traslado de los toros, y cabestros, que se van a lidiar por la tarde, hasta la plaza de toros. Antes de correr el encierro, los valientes mozos que participan en ellos, se encomiendan al que, según la tradición, fue el primer obispo de Pamplona. Lo hacen con una pequeña oración que se eleva cuando quedan 5, 3 y 1 minuto para el encierro y que dice así: A San Fermín pedimos por ser nuestro patrón, nos guíe en este encierro dándonos su bendición”.  Desde 2009 se canta dos veces seguidas, la segunda en euskera.

Gigantes y cabezudos. (@pamplona_ayto)

En estos días, también hay lugar para que San Fermín, co-patrón de la Comunidad de Navarra junto a San Francisco Javier, salga el día de su festividad por las calles del centro histórico. Pasadas las diez de la mañana la imagen sale de la iglesia de San Lorenzo tras la llegada del cabildo catedralicio y de la corporación municipal. El cortejo está formado por una representación histórica, social, política y eclesiástica de la ciudad encarnada en instituciones como la Hermandad de la Pasión y Congregación marina, las hermandades de labradores y carpinteros, danzaris y txistularis o los llamativos gigantes, cabezudos y kilinkis, estos últimos, personajes encargados de asustar y divertir a la gente. A su paso, el Santo recibe diversos cantos como jotas o como el Agur Jaunak, una canción popular vasca de bienvenida o despedida, según corresponda. Todo un paréntesis de devoción entre horas de fiesta, fiesta y fiesta.

 

Artículo publicado en elcabildo.org en 2015