• lunes, 18 octubre 2021
  • Actualizado: 17/10/2021
5 meses y 23 días para el Domingo de Ramos

“Si queríais un halcón, ¿por qué llamasteis a una paloma?”. Ésta es la réplica que Rafael León dio a cierto cofrade a la salida del pregón de la Semana Santa de 1985 a cargo de su esposa, María Victoria Atencia. Seamos indulgentes: es de suponer que el disconforme, respecto a la pregonera, mantenía alguna que otra ignorancia separadora como la de desconocer que dicho pregón no es sino el correlato en prosa, el genuino hermano cofrade de un libro trascendental de la poesía española, a saber, Trances de Nuestra Señora, publicado al año siguiente, en 1986, y que mereció prólogo de la mismísima María Zambrano.

En dicho prólogo, a propósito de la genuina protagonista tanto del pregón del 85 como del poemario, Nuestra Señora, la filósofa veleña y discípula aventajada de Ortega se despacha a gusto. Tomándole las riendas a Nietzsche, afirma: “la Virgen ―la Virgen María, se entiende ―, libra del retorno porque es la única criatura perfecta, salvada desde el origen de la creación. Por tanto no tiene que evolucionar ni ser más ni menos, ni tiene porque retornar, porque siempre está presente”.

Por el hilo de María, Zambrano sigue tejiendo (la tejedora, llamaban a la Virgen las primitivas iglesias siríacas, por haber zurcido, como todas las madres, la urdimbre de Cristo): “a veces, es preciso que estalle el corazón del mundo para alcanzar una vida más alta”, en cita de Hegel y, de la mano del padre de la síntesis dialéctica, de la negación superadora, el prólogo a la paloma a la que alguno habría querido halcón continúa y sentencia: “el fuego no tiene más que dos extremos: arrasar o glorificar”.

Recientemente, junto a poemas de juventud y bajo el título aglutinador Semilla del Antiguo Testamento, María Victoria ha vuelto a dar a la imprenta sus trances de la Virgen. Esta vez, el prólogo corre de su propia mano. En él, evoca sus conversaciones telefónicas con María Zambrano en el crepúsculo de la vida de ésta (ése en el que se nos examinará del amor) y cómo solían girar acerca de las advocaciones andaluzas de María. Termina con un ruego: que la nueva vida de sus Trances sirva como oración del lector por las víctimas ―en el más amplio sentido― de la pandemia.

Estrella de los caminos que conducen a la Gloria, oh, Virgen de la Victoria, Gozo de Nuestro Dolor. Pasados los Dolores Gloriosos, es conocida la devoción de nuestra poeta a nuestra patrona, que fue el motivo central de la portada de la edición príncipe de su pregón. Pues bien: en Instagram, ha corrido una storie que anuncia que hoy domingo, a las nueve de la noche, sale el sol desde San Juan y fue también a través del móvil que un buen amigo me remitía una fotografía de la Virgen de la Victoria arribando, al amanecer, a la gracia de la capilla del Agua y me hacía una sugerencia: “escucha el aria All´allba vinceró del Turandot de Puccini”.

Estos, los nuestros, han sido y siguen siendo sus trances. Los humanos tejemos y destejemos, para lograr y deslograr (la pleura, la dichosa pleura, la estructura enredante del mal que estudia la teología) pero María Victoria, pero mi amigo, pero María Zambrano saben que existe un orden, una perfección, un presente perpetuo más santo y bueno que resuelve y nos sostiene: que, frente a la de los halcones, acaba aplicando la lógica de las palomas.

Por eso, por favor, no lo duden. No teman vallas, policías ni contagios. Soporten con alegría calores y mascarillas (llévense agua y abanicos, no estará de más). Vayan a las nueve de la noche a San Juan y cumplan lo que el alba anunció el sábado pasado, día de la Virgen: asistan, tras sus trances, de nuevo a su Victoria.

Y cuando contemplen cara a cara el rostro de los Remedios a tanto dolor, a tanto sufrimiento, no harán mal en susurrar para adentro, allí donde los ojos en las entrañas dibujados, los últimos versos de Trances de Nuestra Señora, dedicados por la paloma, por la pregonera, por María Victoria Atencia a nuestra patrona: “Y estábamos pendientes, yo y tu hijo, de Ti”.

¡Feliz domingo!