• lunes, 18 octubre 2021
  • Actualizado: 17/10/2021
5 meses y 23 días para el Domingo de Ramos

Ésta es la lógica de la maravilla. De la liturgia. Del devenir de las horas. Ésta es la arrebatadora, la luminosa, la cegadora bendición de confiar en el tiempo y su decurso.

El lunes, como siempre, salía el sol, sólo que (como anunciábamos) San Francisco volvía para redondearlo, para hacernos loarlo a él, al sol, y a todas las criaturas, a pesar de que mientras tanto (en la plaza de los franciscanos capuchinos) se acumularan desperdicios en la papeleras (esos que lastran la maravilla de la Creación), unos desechos que (compruébenlo) duran hasta la noche, sin ser culpa de los barrenderos, y que son lastre de nuestra ciudad loma abajo, por la Trinidad hasta el Perchel entre solares y derribos, ahora, que ni el Cautivo en San Pablo ofrece su reja como consuelo, pero no se preocupen: a pesar de todo, el lunes el sol brillaba, por mucho que se cayera whatsapp o quizá precisamente por eso. A pesar de todo, había motivos ese lunes para la esperanza, como siempre los hay.

El miércoles, las témporas. El domingo pasado lo decíamos: el sol nos iba invitando a recolectar gavillas. A volver a entonarlo, a cantarlo con toda la Creación: «quienes siembran entre lágrimas, cosechan entre cantares». Nos iban llamando, de la mano, a recuperar normalidad y (al brillo franciscano del sol) introducir en nuestros hogares el oro del verano para guardarlo bien durante el otoño, en espera del triunfo del Adviento, en vigilia de la Nochebuena.

Y finalmente llegó el jueves y el círculo solar acabó de cerrarse, para abrirse en la lógica de los abrazos. Del eterno retorno de esos abrazos que no son ahogo, sino apertura de liberación. El de Francisco y Domingo. El de cruceros y predicadores. El de inmaculistas y rosarianos.

La Virgen del Rosario volvía para recordarnos que Lepanto, en su 450 aniversario y en la evocación, no debe ser nunca celebrada como victoria contra el Islam (ellos que, como nosotros, repasan en sus rosarios los 99 nombres de Dios), sino (eso sí) contra todo tipo de imposición, de fanatismo, de avasallamiento del otro.

Francisco y Domingo. La lógica de los abrazos. Nos llamaban en estos días, de su mano, no a nueva normalidad, sino sencillamente a la normalidad. A volver a respirar. A volver a mirar al sol. A volver a ser felices. A volver a tocarnos, a volver a sentirnos, a volver a encontrarnos en las plazas.

En nuestra Catedral, un cuadro ha llamado siempre poderosamente nuestra atención, por mérito de Alonso Cano (Juan Antonio Sánchez López me ayudó a comprenderlo): se trata no de la Virgen del Rosario, sino de la Virgen del Patrocinio (aquélla que Felipe IV soñó como protectora de España) pero lo cierto es que, bajo Ella y por Ella, un angelito utiliza el tintineo de un rosario sobre las cabezas de Francisco y Domingo para abrazarlos, y así repetirnos siempre a nosotros la imitación de su gesto.

Bendita seas por tanto, Tú, María, sol y luna, maravilla de la Creación, Inmaculada por Francisco y Rosario por Domingo. Bendita seas, que por ti vuelve siempre la lógica de los abrazos.

Cuánta sabiduría, Señora. Cuánta memoria. Cuánta belleza. Sólo queda poner de nuestra parte. Sólo queda imitarte. Sólo queda aplicar tu lógica.

Que así sea.