• domingo, 05 diciembre 2021
  • Actualizado: 30/11/2021
4 meses y 5 días para el Domingo de Ramos

Ay, Teresa, vida mía. Teresa, vida nuestra. La vida, como el año, anda y anda como tú, andariega y escritora, contemplativa y activa, la mística y la terrena, la desierta y la repleta, la que cambió el giro del sol (si no me creen, consúltenlo: el 15 de octubre en que nos dejó para no perderse, cambió el calendario, nada menos que nuestra forma de relacionarnos con las horas: qué no podrás, Teresa).

¿Qué habrías podido aquí y ahora, en Málaga? ¿Por dónde andarías? ¿En qué te afanarías? ¿A quién te enfrentarías, tú que se lo dejaste claro a la princesa de Éboli (lo sé por vía de Concha Velasco): “Señora, el único lujo que nos queda a los pobres es no vendernos”?

Tú, especialista en llevar cuentas (y a veces dobles contabilidades, sólo para que algunos no te la dieran con queso), ¿de qué llevarías la cuenta hoy en Málaga? ¿De cada banco ausente para los ancianos que tiran de sus carritos de la compra y sus bolsas de plástico (pucheros del Señor)? ¿De las casas que ya no son casas y los comercios fantasmas? ¿De camiones de reposición alcohólica? ¿De tránsitos cruzados y bloqueados para el tránsito por el egoísmo?

¿A qué puertas podrías llamar para encontrar cómplices? ¿Quién te las abriría? ¿Quién te escucharía, si quizá todo a tu alrededor te parecería acaso una algarabía del descuido, la desatención y el desarreglo? De hecho, sólo la destreza, la osadía y lo intrépido de tus sandalias te iría abriendo camino por el caos de una vía pública que hace mucho dejó de serlo, entre los ritos de una ceremonia de la confusión a mayor gloria del becerro de oro.

Me pregunto, Teresa, si aquí podrías fundar hoy, como de hecho aquí te fundó tu medio fraile, tu Juan de la Cruz, a tus carmelitas de San José de la calle don Rodrigo, que perseveran en medio de tanto oído sin desplegar, que también ellas intentan (como todos) orientarse en el barullo de quien no halla hueco entre terraza, coche, carretilla de reponedor, patinete a todo gas y (en general) todo, todo a todo gas, todo sin pensar en carmelita, todo turbado, todo espantado, todo sin paciencia y, por tanto, sin alcanzar nada, en la permanente frustración de buscar sin encontrar.

¿Habrías fundado en Málaga, Teresa? Porque lo que me inquieta es conocerte algo, sólo un poco, pero lo suficiente. Lo que me inquieta es saberte −como dice nuestro pueblo− tan leía y escribía, desde que tus libros de caballerías te enseñaron que (en efecto) en la vida y en la historia existen inocentes atrapados en torreones y calabozos, ciudadelas sitiadas y fortalezas que asaltar al rescate. Tan leía y escribía como para saberte de pe a pa el evangelio y tener cierta advertencia muy presente.

Somos sólo humanos. Con San Pablo, al que tanto amaste, “siervos inútiles somos”, y llega un momento −te pasó con Ávila− en que ciertos lugares han de confiarse a Dios y uno pasarse simplemente a otros, sin que quede de ellos ni el polvo en las sandalias.

Dime, Teresa, que no harías eso con Málaga, si por aquí anduvieras hoy. Dime que aquí habrías fundado, Teresa mía.

Ay, Teresa…