• domingo, 05 diciembre 2021
  • Actualizado: 30/11/2021
4 meses y 5 días para el Domingo de Ramos

Pasa. La vida pasa. Todo pasa y todo queda, como pasan y se quedan las cuentas del rosario, y el dedo se posa en el intersticio entre una y otra, y allí queda, y allí palpa un vacío de pregunta, de sueño, de ansia, de queja, de alabanza. Un vacío que al final también pasa porque el graffiti que uno ha visto esta semana en el Soho tiene que cumplirse: sal a buscarlo.

Sal. De ti mismo. Cruza. Cruza el umbral.

Atraviesa los diminutos dinteles con que a cada momento te desafía el tiempo, como a cada momento desafía cada nueva cuenta del rosario, en este octubre que pasa y queda en los atardeceres lentos grabados en la retina.

Rosario. Decimos rosario, decimos octubre y es otra vez vida lo que decimos, lo que pasa y nos traspasa.

Rosario. Círculo que aparenta condena que hay proseguir, cuando es el proseguir lo que rompe la condena. Palabra lenta musitada, paladeada, deglutida para (como María) redondearla en el corazón y que allí se efectúe la cuadratura del círculo.

Octubre. Amaneceres de campana convocante. Dedos lentos acariciando la cuenta que es la palabra, que es la súplica y el llanto, que es la vida que pasa tras la mascarilla, tras la compunción, el dolor, la vergüenza, el recuerdo, la emoción entera del ser y del estar apenas reconocida y, sin embargo, envolviéndonos al completo.

Octubre que pasa. Lento deletreo de las horas, lento paso de pies tercos tras las andas a la aurora, andas apenas andadas, andas en apariencia de siempre detenidas sobre las baldosas.

Regreso. Avance. Pausa. Continuar. Musitar. Detenerse. Percibir que -de pronto- la palabra puja en la boca para florecer, para imponerse al aire y, de palabra, convertirse en rosa y de rosa en rosario, en corona del gozo y del dolor (todo a Jesús por María, todo Jesús en María, toda María en Jesús).

Ayer, una Pastora bajaba de sus altos riscos para juntar ovejas dispersas, para hilvanar cuentas perdidas, pues ésa es la lógica de María y del otoño, que ganen las pérdidas, que los días vayan pasando y ganándose en lo pequeño (Sal, sal a buscarlo) y así la sombra sobrevenida del atardecer no nos engañe con el crespón de su luto.

Lo repetimos: de lo único que se encargan las sombras de octubre es de hacer acopio de soles por dentro para el solsticio, para el Niño y el Año Nuevo, para que pase, pase el rosario y en el último amén todo termine y empiece de nuevo para recordarnos que nada, nada detiene a la vida.

Pasa. Pasa octubre, pasa el otoño, pasa el rosario, pasan sus cuentas, pasa María, así que cuéntalo, sigue contándolo, para que el milagro que siempre regresa no sea estéril, para que se abra para ti y tus hermanos. Para llevarle cabales las cuentas a la estación y que no sean otros los que te cuenten a ti lo que tú sabes, lo que tú vives, lo que vivir te regala.

Pasa, sí, pasa y traspasa, y es un milagro aquí y ahora, arriba y abajo, a izquierda y derecha (lo ejercita San Ignacio, lo rezas en el rosario), así que sal, sal a buscarlo.

No te lo pierdas.